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“Cuando vi un carro policial, me sentí aterrorizado”
Por VJ Vitkowsky
Cuando Abel Sánchez fue a ver lo que pasaba con su cuñado, recibió una multa por interferir el trabajo de un agente policial. De acuerdo con una querella sobre derechos civiles interpuesta el lunes en la corte federal, cuando la policía le dejó ir, Sánchez tuvo que irse a un hospital.
La declaración jurada alega que Sánchez (aquí en la foto en el hospital antes de ser dado de alta) fue lanzado al pavimento, golpeado, pateado, esposado, y entonces rociado con un espray de pimienta en el asiento trasero de un carro de la brigada, por el oficial de patrulla Dennis O’Connell, antes de ser llevado a un almacén y aseado por otros oficiales.
Sánchez, un inmigrante guatemalteco, dijo que pudo llegar al hospital solo porque hizo señas a una mujer pidiendo ayuda, y ella le llevó al guardia de seguridad de los proyectos de vivienda Winslow Calentano en Warren Street. La gente entendió mal; pensaban que había sido golpeado por delincuentes y llamaron a la policía.
“Cuando vi un carro policial me sentí aterrorizado. Le dije a ella, “yo no necesito a la policía, porque la policía me golpea”. Le dije “necesito ir al hospital, así que ella me llevó enseguida al hospital”.
Dice Sánchez que el agente policial que vino al edificio Winslow Celentano preguntó por lo que había sucedido. Él le dijo que había sido atacado por un oficial policial, y Sánchez le enseno la multa.
Según la declaración jurada, “el agente miró el papel, tomó su celular e hizo una llamada. Luego de la conversación, sacudió la cabeza y me lo devolvió (el papel de la multa)”.
Ahora Sánchez, un jardinero de 28 años de edad, adeuda $2,477.38 a Yale New Haven Health, $614.26 de un AMR, y $220 al Yale Medical Group.
La vocero del alcalde, Jessica Mayorga dijo el lunes en la tarde que “debido a que se está llevando a cabo una investigación (interna), es nuestra práctica no comentar sobre estos casos hasta tanto la investigación haya concluido”.
La alcaldía ha tratado de que los inmigrantes tengan confianza a la policía, mediante una política que impide que los oficiales indaguen sobre el estatus migratorio de las personas.
“Excúseme”
El incidente ocurrió el 6 de enero. El cuñado de Sánchez llegó a la casa y pidió ayuda luego de ser detenido en Fair Haven Heights. Dijo que la policía se había llevado las llaves de su auto, dejándolo con las luces encendidas. Conforme a su declaración jurada, Sánchez salió con su hermano y cuñado a apagar las luces del auto. Sánchez y su hermano esperaron en el carro hasta que su cuñado regresara. Al este demorarse, Sánchez se preocupó y salió a ver si este estaba bien.
Cuando llegué allí le dije “excúseme, este es mi cuñado”. Y éste gritó ¿QUÉ? Esa reacción me asustó. El agente me dijo, “¡váyase de aquí, ahora”!. Yo le respondí; “está bien, me voy ahora”, según dice la declaración jurada.
El abogado de Sánchez, Paul Garlinghouse, alega que Sánchez estaba a punto de irse cuando O.Connell supuestamente dio dos pasos hacia él, le agarró la chaqueta, y le tiró al pavimento.
Sánchez afirma en la declaración que “él me levanto del pavimento y me dio varias trompadas en la cara. Me agarró por un brazo y pierna y me pateó en las costillas con sus rodillas. Luego me lanzó al pavimento.
Me pateó en el lado izquierdo de la cara. No recuerdo que sucedió luego. Yo gritaba y pedía ayuda”.
Entonces fue esposado y empujado al carro policial, según Sánchez.
“Me colocó boca abajo en el asiento trasero del carro. El policía se bajó del carro y cerró la puerta. Tres o cuatro minutos después, mientras permanecía boca abajo, el policía regresó y me roció con el espray en mis orejas y ojos. Luego se fue”, dijo Sánchez.
Media hora después, conforme a la declaración, llegó una furgoneta policial y los agentes cargaron a Sánchez hacia la furgoneta porque él no podía ver. Garlinghouse afirma que Sánchez no fue llevado a la estación central, en el número 1 de Union Avenue, sino a un taller cercano. Allí, conforme a la declaración, uno de los agentes llamó a Sánchez “gallina”, le ofreció una cerveza, y puso agua y hielo en su inflamado rostro.
Cuando O’Connell llegó al taller en Union Avenue, alegadamente le dijo a Sánchez que firmara un ticket por interferir en el trabajo de un policía antes de dejarlo en libertad en la calle, sin mayor atención médica.
Este caso interpuesto en la corte federal, constituye la segunda querella formal contra el agente Dennis O’Connell este año. La primera espera aún una audiencia ante la Junta de Comisionados Policiales, luego de demoras impuestas por el sindicato policial.
Sánchez se declaró culpable de una infracción no-criminal en febrero y pagó una multa de $40. Su abogado rápidamente interpuso una querella federal ante la oficina de Valores y Éticas Internas (IVE). Dijo que lo hizo por el historial de IVE, de tomar partido en favor de la policía.
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