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• “No me siento orgullosa haciendo esto, pero no tengo apoyo de nadie y quiero avanzar rápido en mi carrera,” nos dice Dali agregando que el tipo de prostitución que ejerce debiera ser legalizada como sucede en los países europeos.

Trabajadoras sexuales Connecticut opinan frente a escándalo del ex gobernador de Nueva York


Por William Zamora Arias

La renuncia de Elliot Spitzer como gobernador de Nueva York, ha traído nuevamente a la luz pública el tema de la prostitución en altos niveles de la política de este país, y el comercio sexual es un tema importante y vigente en esta nación en la que de acuerdo a proyecciones estadísticas, 1,000.000 de mujeres (o el 1% de la población femenina de los Estados Unidos) ha trabajado en este oficio, una de las profesiones más antiguas en la humanidad.

De acuerdo al número de arrestos por prostitución, estos llegan a 100,000 al año, y no solamente incluye a mujeres (70%), sino que también a hombres (20%). La mayoría de las prostitutas sentenciadas a penas de cárcel son desafortunadamente mujeres de color.
En el caso de la mujer que vendió sus servicios al gobernador Spitzer, se trataba de un tipo especial de prostitutas que se relacionan solamente con figuras de renombre y cuyos clientes para los efectos de confiden-cialidad reciben un código, en el caso de Spitzer, “Client 9.”
Se habló de que el gobernador pago $1,000 dólares por el furtivo encuentro de una noche que tuvo lugar el 13 de febrero en el hotel Mayflower de Washinton, D.C.
Dali es una muchacha de unos 24 años que ejerce la prostitución en Waterbury. Es una madre soltera vinculada a una organización que le consigue citas solamente con hombres maduros y profesionales, entre ellos políticos, solterones, religiosos, y tipos con complejos de inferioridad.
Aunque en estos encuentros no hay muchas preguntas personales, Dali, reconoce que no son cualquier tipo de personas por su apariencia y modales. “Por lo general son muy corteses, quizás hasta tímidos, y se interesan por la vida de una,” confidenció Dali.
Ejerce la profesión más antigua del mundo desde hace siete años y no se queja, aunque piensa que saldrá de esto en unos dos años más.
“Hasta que cumpla mis metas académicas,” agrega esta dama que se expresa bien en inglés y español, y que no corresponde al tipo de prostituta callejera, llena de tatuajes, desaseada, y usualmente adicta a drogas y alcohol.
Las estadísticas señalan que cerca de la mitad de las mujeres que se prostituyen y terminan en calles y bares de mala muerte, han sido anteriormente drogadictas y alcohólicas, y son usualmente explotadas por traficantes y delincuentes.
“Llegue a Bristol hace cinco años desde Nueva York, y tuve que meterme en este negocio por razones meramente económicas. Mi contacto es serio, hay una comisión razonable, y mis clientes son siempre los mismos y me pagan bien,” dijo por su parte Millie que asegura que trabaja solo viernes y sábados. Por un tiempo hizo modelaje y adquirió una buena reputación como una mujer bonita y sensual.
Millie también estudia y piensa que pronto podrá buscar otra vida.
“Soy una mujer sola, con dos hijas, sin una carrera y esta posibilidad se me presentó a través de un muchacho que conocí en una de las clases,” nos dijo, y debido a esto entendemos que Millie es uno de los tipos de mujeres prostitutas que no sufre de una baja estima o problemas de identidad negativa, hipótesis manejada por expertos hasta hace algunos años.
Según ella, en este mudo del trabajo sexual hay diferentes niveles. La muchacha de la calle está expuesta a caer en manos de chulos que las explotan y golpean constantemente. Sin embargo, hay organizaciones que lidian con muchachas universitarias que tienen que pagar sus estudios.
“No es que toda estudiante deba prostituirse o meterse en drogas, pero la clientela mejora ya que hay muchos tipos serios que tienen problemas con sus esposas y que buscan cuerpos jóvenes y un show,” dice Millie que en su vida en esta profesión ha tenido solo un incidente con un tipo que al parecer era psicópata y que deseaba que ella le golpeara con un rama de membrillo en las partes privadas y que cuando rehusó, trató de agredirla con la lámpara del velador.
Su negocio se desarrolla en moteles del Berlin Turnpike, y su clientela no excede a los siete hombres que son muy constantes.
“Uno que está en los 50 ya me pidió matrimonio, pero yo le dije que lo que hago es solo un show y que no debe hacerse ilusiones,” agregó. “Hay tipos que lo que desean es conversar y a veces hasta te invitan a cenar en restaurantes caros…y allí queda todo,” dijo.
Con respecto al ex gobernador de Nueva York que pagaba $1,000 dólares por encuentro, ambas trabajadoras sexuales coinciden en que estas mujeres pertenecen a círculos muy restringidos pero a la vez peligrosos, pero bien pagados, pero que les extraña que todo se haya sabido ya que la confi-dencialidad es la base del negocio en estos círculos políticos.
“Creo que al tipo le hicieron una trampa ya que según leí, era un buen estadista y ayudaba a los grupos minoritarios,” opinó Dali en nuestra entrevista telefónica.
Millie no recomendó a ninguna mujer involucrarse en este tipo de actividades consideradas aun como ilegales ya que siempre hay riesgos con sujetos obsesivos y adictos al sexo como él que le ofrece matrimonio.
“No me siento orgullosa haciendo esto, pero no tengo apoyo de nadie y quiero avanzar rápido en mi carrera,” nos dice Dali agregando que el tipo de prostitución que ejerce debiera ser legalizada como sucede en los países europeos.
De hecho, solo un 3-5% de las enfermedades sexuales que se transmiten entre personas están relacionadas con la prostitución. Curiosamente las enfermedades sexuales se transmiten más entre adolescentes (30 a 35%).
Dali nos dijo que solo en una oportunidad se encontró con uno de sus clientes en el Departamento de Vehículos de Motor y que éste desapareció rápidamente ya que andaba con su esposa. “Son hombres casados con problemas y para el efecto inofensivos,” nos dijo agregando que la prostitución que ejercen mujeres en bares o clubes donde bailan y se prostituyen por dinero puede ser peligrosa ya que se trata de desconocidos.
“En mi caso a mis clientes los conozco bien ya que conmigo se desahogan hablando y les conozco sus defectos y debilidades, además que pagan bien y no regatean,” dijo Millie que cobra por sus servicios un promedio de $250 dólares.

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