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Afroperuanos atrapados en el círculo vicioso de la pobreza y el racismo

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AFP.- Los peruanos de origen africano están estancados en el nivel más bajo de la escala social al trabajar de subalternos en empleos de baja categoría casi destinados a ellos, como porteros en los hoteles exclusivos o cargando ataúdes de lujo en los funerales. En los barrios ricos de la capital peruana, se estima que el color de piel de los afroperuanos le da un cierto sello de valor a las familias ricas que los emplean como choferes o trabajadores domésticos.

La lista crece: en los restaurantes más elegantes, las encargadas de ofrecer los postres son mujeres negras, ataviadas con faldones y pañuelos de la época en que Perú era colonia de España entre los siglos XVI y XIX.

"Algunos de nuestros clientes piden específicamente cargadores negros en la creencia de que ello le da prestigio a un entierro", dijo a la AFP Alejandro Cano, propietario de una funeraria en el barrio residencial de San Isidro.

Para las autoridades peruanas, que lanzaron hace dos años -sin éxito- una campaña entre las empresas funerarias con el fin de "buscar borrar del imaginario colectivo la idea estereotipada del afroperuano que lleva el ataúd en un sepelio", se trata de "una manifestación clara de discriminación racial y de un atentado a los derechos humanos".

Las empresas funerarias alegan por su parte que ellas sólo actúan a pedido de su clientela: "En los entierros más caros y elegantes, las familias nos dicen: 'queremos morenitos (negros), bien parejitos'".

"El perfil de quienes contratan este tipo de servicio es el de gente que tiene posibilidades económicas, que busca un servicio pulcro y de excelente calidad", agrega Cano quien asegura que ello "no es discriminatorio".

"Esa representación social que encasilla a los afrodescendientes a determinados empleos de servidumbre tiene sus raíces en la esclavitud y la época colonial", replica Rocío Muñoz, especialista en temas afroperuanos e investigadora asociada al Ministerio de Cultura.

"Aunque vivamos en una sociedad democrática, estos modelos no han cambiado y los muertos siguen siempre siendo cargados por afroperuanos como lo eran en la época de la colonia", agrega Muñoz.

Humberto Guerrero, de 'smoking' y guantes blancos, está orgulloso de su trabajo como cargador: "Siempre la gente quiere cargadores morenos, porque no es por marginarnos sino por una tradición que le gusta a la gente; al moreno siempre se le ve elegante en traje oscuro. Yo no me siento marginado, es mi trabajo y lo respeto".

Los antepasados de los afroperuanos llegaron a Perú como esclavos y durante los casi tres siglos de colonización española miles trabajaron en las minas y en las plantaciones agrícolas.

La relación que tuvieron con las comunidades indígenas siempre fue difícil, pues resultó marcada por la percepción popular que eran parte de una herencia colonial.

Hoy en día, los afroperuanos representan entre 3 y 7% de los 30 millones de peruanos, de los cuales 47% son indígenas y 37% mestizos (cruce de blancos con indios).

Esta comunidad tiene una fuerte presencia en el campo de la música y el deporte: se estima que un tercio de los futbolistas peruanos son negros. Sin embargo los afroperuanos son casi invisibles en la escena política, televisión, los negocios, la diplomacia y la prensa.

En las Fuerzas Armadas es raro ver militares negros, a excepción del ejército, donde son una minoría.

"Más del 34% de los afroperuanos son pobres y no tienen posibilidad de acceder a una carrera que les permita de romper con ese círculo de pobreza que los encierra en determinados empleos", indica Rocío Muñoz.

En Perú, apenas un 6% de afroperuanos va la universidad y sólo 2% de ellos finaliza sus estudios, acota la investigadora.

El gobierno "viene desarollando una serie de acciones a favor de la población afroperuana", afirma Owan Lay, funcionario del ministerio de Cultura, entre las que se encuentran la creación de una banco de datos sobre la población afrodescendiente en rubros como salud, educación y empleo.

En 2009, bajo el gobierno del presidente Alan García, Perú se convirtió en la primera nación de América Latina en pedir perdón a los afrodescendientes por los siglos "de abuso, exclusión y discriminación" y reconoció oficialmente que el racismo sigue siendo un obstáculo a su desarrollo social y profesional.

En 2011, el presidente Ollanta Humala prometió la "integración social para todos" y nombró por primera vez a un ministro negro, designación que recayó en la cantante Susana Baca.


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