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La Caña de Bambú

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Hace unos días una persona me platicaba acerca de su “cansancio”. No se refería al cansancio físico resultante del trabajo o del ejercicio. Se refería al cansancio emocional producido por la prolongada espera de que las cosas mejoren y que los problemas se resuelvan. Este tipo de cansancio es un poco peligroso. Nos puede hacer pensar que Dios se ha olvidado de nosotros. Llegamos a pensar que ya no le importamos o que está cansado de nosotros.

Al pensar de esta manera, tal vez sin proponérnoslo añadimos mas cansancio a nuestro ser espiritual. Ese cansancio existencial nos hace ver y considerar sólo lo negativo. Nos hace pensar que ya no hay ni puede haber esperanza para nosotros. La pregunta: ¿Está siendo Dios injusto conmigo? La pregunta es inevitable. Pero la respuesta es más sencilla de lo que nosotros pensamos.

Dios tiene un propósito especial con cada uno de nosotros. A unos les da pocas pruebas y a otros los prueba más. A unos les facilita las cosas, a otros les hace pasar mas trabajo. Algunos nacen y viven en familias felices, otros, les toca nacer y vivir en familias altamente disfuncionales. ¿Es Dios injusto por esto? ¡De ninguna manera!

Si estás pasando por diversas pruebas y tribulaciones debe ser por que Dios te está preparando para algo grande. No creo que él te delegaría tantos problemas si él no supiera que tú los puedes manejar. Los problemas llegan, pero tú tienes la inteligencia y el poder para poderlos solucionar. Quiero contarte una hermosa anécdota que alguien me compartió. Creo que el autor de la misma, aunque anónimo, tiene un alto sentido de propósito en todo lo que hace. Estoy plenamente convencido que esta ilustración es producto directo de las experiencias de la vida, cuyo fin es hacernos crecer como personas. A cada cual prepara y capacita para una función y/o un propósito especial. La historia de el Helecho y la Caña de Bambú puede ilustrarnos esta realidad de un modo mas elocuente.

EL Helecho y la Caña de Bambú

Un día decidí darme por vencido. Renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi espiritualidad. Quería renunciar a mi vida. Fui al bosque para tener una última charla con Dios.

»Dios», le dije. «¿Podrías darme una buena razón para no darme por vencido?» Su respuesta me sorprendió.» Mira a tu alrededor», El dijo: «Ves el helecho y el bambú?» «Sí», respondí.

»Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. Les di luz. Les di agua.

El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú. En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante. Y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú.

Pero no renuncié al bambú.» Dijo Él. «En el tercer año, aun nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié.» Me dijo. «En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú.

»No renuncié»

»Luego en el quinto año un pequeño brote salió de la tierra.» En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante. Pero sólo 6 meses después el bambú creció a más de 100 pies de altura. SE LA HABIA PASADO CINCO AÑOS ECHANDO RAICES. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.

»No le daría a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar» Él me dijo. «¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces?» «No renunciaría al bambú. Nunca renunciaría a ti. No te compares con otros» Me dijo. «El bambú tenía un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos eran necesarios y hacían del bosque un lugar hermoso».

«Tu tiempo vendrá» Dios me dijo. «¡Crecerás muy alto!»

«¿Qué tan alto debo crecer?» Pregunté. «¿Qué tan alto crecerá el bambú?» Me preguntó en respuesta. «¿Tan alto como pueda?» Indagué.

Espero que estas palabras puedan ayudarte a entender que Dios nunca renunciará a ti. Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida. Continúa.

La felicidad te mantiene Dulce,
Los intentos te mantienen Fuerte,
Las penas te mantienen Humano,
Las caídas te mantienen Humilde,
El éxito te mantiene Brillante.
Pero sólo Dios te mantiene Caminando...
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