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La Revolución Norteamericana

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La Revolución Norteamericana de 1776, tuvo transcendentales consecuencias en Europa y en el Continente Americano. En contraste, la revolución inglesa fue, esencialmente un suceso interno, aunque de gran importancia política, no tuvo influencias profundas fuera de sus fronteras. La revolución norteamericana en cambio, tuvo inmensas consecuencias en el campo internacional. Fue una revolución que modificó el sistema político interno y sus alcances fueron tan radicales que cambió la estructura del mundo antiguo.

Europa, entre el siglo XVI al XVIII, era un imperio mundial, al que pertenecían, como colonias, todos los países del continente Americano, desde el estrecho de Bering hasta la Tierra de Fuego. El inmenso poderío de Inglaterra, España y Francia se basaba en la posición que ocupaban en Europa, así como en sus posesiones y colonias.
La revolución en América tenía, por tanto, fines distintos y más ambiciosos. En Europa, los pueblos tuvieron la tarea única de destruir el absolutismo, implantando en su lugar un gobierno democrático.
En América había una condición previa: la liberación del dominio imperialista, conquistar la independencia y constituirse en naciones soberanas. La revolución en América había de comenzar como guerra de independencia y liberación nacional.

Orígenes de la revolución
Las causas de la revolución norteamericana fueron económicas, políticas, religiosas e intelectuales. Había un conflicto de intereses que con el transcurrir del tiempo se agravaban entre Nueva Inglaterra y Londres, el comercio monopolizado con las Antillas, la asignación de los impuestos fiscales, pues el Parlamento británico fijaba cada vez más onerosos tributos.
El sentimiento favorable a la independencia fue fomentado también por el fuerte individualismo de los puritanos que tomaron parte activa en la fundación y desarrollo de las colonias inglesas en este continente. El 4 de julio de 1776 trece estados, reunidos en Congreso, se constituyen en país independiente y promulgan la primera Constitución democrática de América. Su declaración de principios, Carta de los derechos del hombre, fue redactada por Thomas Jefferson, y dice en sus partes principales:
«Consideramos como evidentes las siguientes verdades:
«Que todos los hombres han sido creados iguales;
«Que han sido provistos por su Creador de ciertos derechos intangibles;
«Que entre ellos se cuentan la vida, la libertad y la aspiración a la felicidad;
«Que para garantía de estos derechos se han establecido entre los hombres gobiernos que derivan su legítimo poder del asentimiento de los gobernados, y que cuando alguna forma de gobierno llega a ser perjudicial para estos fines, es derecho del pueblo modificarla o suprimirla, e instituir un nuevo gobierno, estableciendo sus bases sobre tales principios, y organizando sus poderes en la forma que parezca más adecuada para garantizar su seguridad y felicidad…»

Fuentes ideológicas de la revolución
Las principales fuentes fueron dos: El liberalismo democrático inglés, especialmente de John Locke y David Hume, y los hombres de la ilustración francesa.
El pensamiento político de los revolucionarios norteamericanos se caracterizó especialmente por su practicismo.
En el aspecto teórico usaron lo ya elaborado en Inglaterra y Francia, pero al redactar su Constitución y estructurar los poderes del nuevo Estado, crearon un nuevo tipo de gobierno, que ejercería poderosísima influencia en todas las naciones del viejo continente. En efecto, la Constitución norteamericana, es la primera constitución democrática escrita.
Las principales figuras de esta ideología son Thomas Paine y Thomas Jefferson, quienes serán parte de una futura entrega.