viernes, 03 sep 2010

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La Voz de Conneticut

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Lado humano de inmigrantes aborda película «La Americana»

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STAMFORD. «Siempre escucho Dios bendiga América y solamente piensan en los Estados Unidos cuando dicen esta frase, pero nosotros también somos América’, fue el último de los parlamentos que María del Carmen Rojas, protagonista del documental «La Americana», dijo para sintetizar la problemática del movimiento migratorio ante una falta de leyes apropiadas y por consiguiente la separación de familias y la ruptura del sistema social.

La Americana, presentada por la organización CRISOL (Coalición de Residentes e Inmigrantes Solidarios), tuvo como propósito sensibilizar a la audiencia sobre el tema de la inmigración y crear conciencia de buscar organizarse para encontrar mejores oportunidades y garantías para que se cumplan los derechos de equidad.

El largometraje llevado a la pantalla del cine Avon «La Americana», dirigida por Nicholas Bruckman, un joven periodista de 24 años, egresado en Comunicación Social de la Universidad de Purchasse New York, cuenta la triste historia de una joven madre boliviana, que viéndose abocada por la pobreza y con una hija parapléjica, decide cruzar una a una de las fronteras de Sur, Centro y Norte América (México) hasta llegar a New York, en donde por el lapso de seis años trabaja para ahorrar dinero e intentar lograr curar a su hija Karla.

En los seis años que dura la instancia de María del Carmen en New York, sufre no solamente la ausencia familiar sino la falta de oportunidades laborales y de leyes que la amparen como inmigrante; además la nula adaptación al sistema estadounidense; un rasgo típico de millones de extranjeros que por no encontrar un lugar social no emprenden el viaje a la independencia laboral ni tampoco acceden a la educación ni a aprender el nuevo idioma ni a insertarse en un nuevo mundo cultural.

La Americana, vista desde un punto de las ciencias sociales, conforme con su director, es el ejemplo individual de cada inmigrante, que atraído por el Sueño Americano, busca en los Estados Unidos una mejor calidad de vida y se choca con el cruce de culturas, con los rasgos de xenofobia y actualmente con una crisis económica que impide prácticamente cumplir el llamado sueño americano.

«La discriminación racial y la falta de leyes a favor de los inmigrantes, no solamente es un problema de los Estados Unidos», dijo Nicholas Bruckman, refiriéndose a casos concretos de los países latinoamericanos en donde también se discrimana –más o menos- que en la Unión Americana.

«Algunos mexicanos discriminan en su territorio a los guatemaltecos, los peruanos discriminan a los bolivianos, los ecuatorianos a los colombianos; etc», dijo el joven cineasta, para entender al fenómeno inmigratorio no solamente desde el punto de vista de la ley sino desde el lado humano.

Porque eso es La Americana, un documental que intenta reflejar no solamente el fenómeno inmigratorio ante la falta de leyes adecuadas a favor de los extranjeros, sino la falta de tolerancia en el género humano.

De ahí que no existen políticas migratorias a favor de los doce millones de indocumentados ni tampoco la clara conciencia de que no solamente se necesita tener «documentos legales» sino un nivel de educación que ayude a encontrar mejores oportunidades laborales y sociales.

«Muchas veces la gente llega a tener papeles, pero cuando va en busca de un empleo resulta que no tiene la preparación académica ni tampoco ninguna experiencia para desenvolverse en un trabajo», dijo Lucas Romero, un inmigrante de origen peruano, que se identificó con el documental, tanto por el desarraigo que éste produce al abandonar la familia y con ellas las costumbres, tradiciones y el entorno social.

La Americana, un filme realizado en dos años como parte de un ejercicio académico universitario, empezó con el auto-financiamiento de sus creadores, tres jóvenes estudiantes de Comunicación Social, que se llevaron las cámaras de su escuela superior  recorrieron por miles de horas la vida de María del Carmen en New York y viajaron con ellas a Cochabamba, Bolivia para su encuentro final con su hija Karla, que cumplió sus quince años y con ellos el deseo de que su madre regrese a casa.

«Gracias a la exhibición de la película, María del Carmen recibieron algunas donaciones económicas, porque en muchos espectadores el impacto que esta historia produjo fue muy emotivo», respondió Bruckman, de origen hindú e israelita, que por sus raíces se identifica de manera plena con la causa de la inmigración.

«Israel ha sido un pueblo perseguido por siempre y me honré en realizar un pequeño documental de algunos minutos en la que se cuenta un encuentro de fútbol entre niños musulmanes (religión del mundo Islám-árabe) y judíos (religión del pueblo de Israel). De ahí que Bruckman está en el proceso de crear una trilogía de películas que aborden el tema de la inmigración y de hecho al final de la película empieza con una frase sugestiva en donde se presume el inicio de una nueva historia: «...Me llamo... y soy de República Dominicana».