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Encuentran huesos de un cuerpo centenario debajo de un árbol caído

New Haven.- En la víspera de Halloween, una mujer desamparada hizo un espeluznante descubrimiento en el Upper Green: los huesos de un cuerpo centenario quedaron al descubierto al venirse abajo un gigantesco roble por la súper tormenta Sandy.

La mujer, Katie Carbo, hizo el descubrimiento alrededor de las 3:15 p.m., cercano a la esquina de las calles College y Chapel. Visible por entre las raíces del árbol se ve la parte posterior de la calavera, volteada, con su boca abierta. Sigue conectada al espinazo y la caja torácica.

Carbo llamó a la policía, quien confirmó el descubrimiento.  Detectives se dirigieron hacia la escena para investigar.

El Sgto. Anthony Zona dijo que la policía no sospecha juego sucio. El señaló que esa parte de Green fue utilizada hace mucho como cementerio.

“Es probable que ese cuerpo haya estado allí por mucho, mucho tiempo”, dijo Zona.

“Veinte y cuatro años en el trabajo”, agrego el, “y pasan cosas todo el tiempo”.

A las 6:55 p.m., Alfredo Camargo llegó a la escena desde la oficina del médico forense. Su título” “Investigador de la muerte”. (En serio).

Cerró la cremallera de su traje Tyvek, se puso sus blancos guantes de goma, y se dirigió hacia el hueco del árbol a chequear el esqueleto.

Entonces vino y pronunció: “Nos va a tomar algún tiempo”.

Trajo su juego de herramientas con rastrillos de mano, cedazos y cepillos. Pronosticó que el trabajo tomará por lo menos un par de horas—si es que no llueve.

El sargento Sam Brown agarró una lona donde poner los huesos.

Camargo le pasó huesos a Gary Aronsen, un asociado investigador en el departamento de antropología de Yale, quien los colocó en bolsas plásticas individuales etiquetadas.

Cómo se produjo el descubrimiento

Puede ser que Carbo sea la segunda persona en encontrar los restos, pero la primera en reportarlo a las autoridades.

El árbol cayó el lunes aproximadamente a las 6 p.m., poco antes del punto álgido de la súper tormenta Sandy. Una lápida cercana al pie del árbol (en la foto) le señala como el “Lincoln Oak, sembrado en 1909 en el 100mo aniversario del nacimiento del presidente Abraham Lincoln.

Silas Finch, un artista local, lo vio caer. Él estuvo rondando—durante horas—por la raíz volcada junto con el árbol buscando monedas viejas. Inclusive regresó el martes en la mañana para hurgar un poco más.

Hubo un momento en que encontró lo que creyó era un hueso humano. Tenía como un pie de largo. Dijo Finch. Llamó a su amigo, el artista e historiador de New Haven Robert Greenberg.

“No hay forma de que puedan ser huesos humanos. Es un hueso de animal”. Finch recordó que Greenberg le dijo. “Dicho y hecho, definitivamente no lo es”.

Entonces Carbo, un visitante habitual del Green quien participo en las protestas de Occupy New Haven a principio de este año, observó los huesos en el árbol mientras miraba el martes en la tarde.

Ella recordó haber pensado, “Un minuto, eso no parece ser una roca normal”. Resultó ser un cráneo. Ella lo tocó, una pieza se soltó y ella pudo ver que era hueso, dijo.

“Tomé una vara y lo desenterraré más”, dijo Carbo. “Era una locura. No podía creerlo. Sabía que había un cementerio aquí”.

Muy pronto se hicieron visibles una espina dorsal, un cráneo, completo con la boca abierta y una dentadura completa.

“Estos son los restos de un familiar de alguien. Debería dársele un enterramiento apropiado”, dijo Carbo.

Silas Finch estaba de regreso en la escena, recordando su descubrimiento inicial.

“Fue realmente espeluznante”, dijo ella con un escalofrío. “Yo estuve literalmente abajo en ese hueco directamente enfrente de ese cráneo”.

Curtis T pasó camino a un albergue de desamparados. ¿Usted piensa que es el huracán? preguntó sobre la caída del árbol. “Yo creo que es un muerto tratando de hacer un cuento”.

La policía se presentó a las 6:30 p.m. con un gran reflector utilizado para iluminar escenas de crimen. Inundaron de luz la raíz, atrayendo a una creciente multitud. Los policías establecieron un perímetro con cinta “escena de crimen---no pase”.

Greenberg abrió la carpeta de documentos históricos y anunció una hipótesis: El esqueleto pudiese pertenecer a una víctima de viruelas, enterrada en lo que terminó siendo “un lugar de entierro masivo”.

Como evidencia, citó un pasaje en el libro New Haven Green Chapter, “Bosquejos Históricos de New Haven”, El libro describe como algunos notables, comenzando con Martha Townsend, fueron enterrados en el amurallado cementerio detrás de Center Church en el Green. Otros fueron enterrados en el resto del Upper Green, aparentemente con gran densidad.

“En algunas ocasiones, al filo de la noche, separadas de los demás, las victimas de viruela eran escondidos aquí”, lee el libro. “El terreno fue llenado con tumbas entre la iglesia y Church Street; dieciséis  cuerpos habiendo sido encontrados dentro de dieciséis pies cuadrados”.

Los últimos cuerpos enterrados allí fueron en la década de los 1700, dijo Greenberg. En 1821, las piedras fueron removidas al Grove Street Cemetery, y el terreno fue levantado para nivelar el Green. Los cuerpos quedaron atrás.

La multitud crecía en ansiedad al tiempo que el trabajo progresaba. Estos presionaron contra la cinta de escena del crimen en un intento por ver el cráneo.

¡Denle un hueso al perro”! exclamó un espectador, agarrando a su perro por la correa.

Alrededor de las 10 p.m., el investigador de muerte serruchó la raíz del árbol que estaba en el medio, entonces alcanzó y arrancó el cráneo de la raíz.  Para disgusto de la multitud, no lo levantó para que todos lo vieran. Aronsen, el antropólogo, lo colocó rápidamente en una bolsa de Stop & Shop. El cráneo parecía estar fragmentado.

La exhumación continuará “por lo menos hasta mañana”, conforme al vocero policial, el oficial Dave Hartman.

Hartman dijo que el desenredo sirve al propósito histórico, no al forense. El objetivo es honrar al muerto mediante la preservación.

“No vamos a dejar que restos humanos terminen en la trituradora de obras públicas”, dijo.



¡No es un esqueleto sino dos!

Un antropólogo y un investigador estatal que estaban exhumando restos desenterrados en el Green por la tormenta Sandy hicieron otro alarmante descubrimiento: los huesos corresponden a dos esqueletos con centenares de años, que pueden ser más.
El antropólogo, Gary Aronsen, investigador asociado de Yale dijo el miércoles que él y el “investigador de la muerte” Alfredo Camargo, habían recogido huesos faciales de “dos personas”, cuando excavaban en la noche en las raíces de un árbol caído el martes.
El miércoles Aronsen regresó al lugar a filtrar lodo con los arqueólogos estatales Nick Bellantoni y Dan Forrest, quien es arqueólogo de la oficina de preservación estatal. Bellantoni que habían encontrado un clavo para ataúd de hierro forjado a mano del siglo XVIII, lo que sugiere que los cuerpos fueron enterrados en los años 1700 (una teoría propone que los cuerpos pertenecieron a víctimas de la epidemia de viruela entre los años 1775 a 1882).


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