jueves, 18 sep 2014

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La Voz de Conneticut

    
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La Alegría de Servir a los demás

Conversaba con un grupo de amigos acerca de aquellos tiempos en que nos criábamos. Pedro decía; “todavía me acuerdo cuando mi mamá me pegaba con una varita de “pica pica”. Pero al que no puedo olvidar era a mi padrastro que siempre me decía que yo era “tan bruto como canuto”. A la verdad que si nos podemos a recordar vendrán cosas a nuestra mente que tal vez quisiéramos olvidar.

Yo creo firmemente en que todos tenemos el poder para hacer la diferencia. Cuando nos los proponemos, podemos hacer que alguien no se sienta desvalido o aislado por algún problema o por algún impedimento.

La siguiente historia me la contó el padre de un niño que desde su nacimiento había sufrido de grades limitaciones de aprendizaje y de movimiento corporal. Su historia fue tan conmovedora que quise ponerla por escrito tal y como me la contaron. Esta historia es un relato sobre cómo es posible ver la bondad humana en los dolores y dificultades.

La historia se desarrolla en pequeño pueblo de Connecticut, donde existe una escuela para niños que tienen lento aprendizaje. Algunos niños pasan ahí el resto de su vida escolar, mientras otros pueden ser enviados a otras escuelas convencionales. En una cena del personal de la escuela, estaba el padre de uno de estos niños preparando un discurso. Después de la cena todo el personal puso atención en lo que el padre iba a pronunciar.

El padre dijo: - “¿Dónde está la perfección en mi hijo Rubencito? Todo lo que Dios hace está hecho a la perfección. Pero mi niño no puede entender cosas que otros niños entienden. Mi niño no puede recordar hechos y figuras que otros niños recuerdan. ¿Dónde esta la perfección de Dios?” La audiencia quedó sorprendida ante esta pregunta, sobre todo viendo la cara angustiada del padre y murmurando entre ellos. - “Yo creo”, continuó el padre, “que cuando Dios brinda un niño así al mundo, su perfección se muestra en la forma de reaccionar de la gente ante estos niños”. Y procedió a contar la siguiente historia acerca de su hijo Rubencito:

Una tarde Rubencito y su padre caminaban en el parque donde algunos niños estaban jugando béisbol - “¿Crees que ellos me dejarán jugar?”, preguntó Rubencito. El padre de Rubencito sabía que su hijo no era para nada un atleta y que los niños no lo querrían a él en su equipo. Pero el papá de Rubencito entendió que su hijo había escogido jugar béisbol porque le daba una confortable idea de pertenecer a un grupo de niños “normales”. El padre de Rubencito llamó a uno de los niños en el parque y preguntó si su hijo podía jugar. El chico miró a sus compañeros de equipo. No obteniendo respuesta de sus compañeros, el chiquillo tomó la decisión por sí mismo y dijo: - “Estamos perdiendo por 6 carreras y el juego esta en la octava entrada. Yo creo que él puede estar en nuestro equipo y nosotros trataremos de colocarlo en el bate en la novena entrada”.

El padre de Rubencito estaba atónito ante la respuesta del niño y Rubencito sonrió satisfactoriamente. Rubencito sólo quería que lo pusieran en una base y así dejaría de jugar en corto tiempo justo al final de la octava entrada; pero los niños hicieron caso omiso a lo que Rubencito decía, el juego se estaba poniendo bueno, el equipo de Rubencito anotó de nuevo y ahora estaba con dos “outs” y las bases llenas con el mejor jugador de todos corriendo a base, y Rubencito estaba preparado para empezar.

¿Pondría el equipo realmente a Rubencito en el bate y dejar así ir la oportunidad de ganar el juego? Sorpresivamente, Rubencito estaba tomando el bate. Todos pensaron que todo había terminado, porque Rubencito no sabía ni siquiera cómo tomar el bate apropiadamente. De cualquier forma, cuando Rubencito estaba parado en el plato, el “pitcher” se movió algunos pasos para lanzar la pelota suavemente para que Rubencito pudiera al menos hacer contacto con ella. La primera bola venía y Rubencito falló. Uno de sus compañeros de equipo se acercó a Rubencito y juntos tomaron el bate y encararon al “pitcher” esperando por la siguiente bola.

El “pitcher” volvió a dar unos pasos para lanzarle suavemente la pelota. Cuando el “pitcher” lanzó, Rubencito y su compañero tomaron el bate, y juntos dieron un golpe lento a la pelota que regresó inmediatamente a manos del pitcher. El pitcher tomó la pelota y podía fácilmente lanzarla a primera base, “ponchando” a Rubencito para que terminara rápidamente de jugar quedando fuera. Sin embargo, el “pitcher” tomó la pelota y la lanzó lo más lejos que pudo de primera base. Todos empezaron a gritar: - “¡Rubencito corre a primera, Corre a primera!” Nunca en su vida Rubencito había corrido a primera base. Al tiempo que corría a primera base, el oponente tenía la bola en sus manos. El muchacho podía lanzar la bola a la persona de la segunda base y dejar fuera a Rubencito que estaba todavía corriendo, pero el oponente entendió las intenciones del “pitcher” y lanzó la bola lo más alto y lejos de la segunda base. Todos gritaron: - “¡Corre a segunda, corre a segunda!” Rubencito corrió a segunda base y los demás corredores junto con el corrían y le daban ánimos para que continuara su carrera a segunda. Cuando Rubencito tocó la segunda base, otro muchacho del equipo contrario le mostró la dirección de la tercera base y gritó: - “¡Corre a tercera!” Conforme corría a tercera, los niños de los dos equipos ya estaban corriendo junto a él gritando todos a una sola voz:

- “¡Rubencito corre al plato!” Rubencito corrió al plato y paró justo en el “home” donde todos los 18 niños lo alzaron en sus hombros como un héroe, mientras él disfrutaba como nunca el apoyo de los muchachos.

- “Aquel día”, -concluyó el padre de Rubencito suavemente, con lágrimas rodando por sus mejillas- aquellos 18 niños mostraron con un gran nivel la perfección de Dios”. ¡Que gran alegría la de haber podido servir a nuestro prójimo, y poder darle un tiempo de felicidad!


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