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Quiosco de maní cocinado, coco y almendras

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Es la nueva sensación en el “downtown” de New Haven
Uno de los personajes más populares en los centros comerciales de los países de habla hispana es el manicero,  a quien cotidianamente se le oye pregonando su producto, para delicia y gozo de los amantes al cacahuete o cacahuate, como también se le suele decir a las provocativas y apetitosas nueces.

 

“Si te quieres por el pico divertir comete un cucurucho de maní... Que calientico y rico está, ya no se puede pedir más…”
Así en parte reza la canción de “El Manicero”, que tuvo como autor a Moisés Simón, quien se inspiró en los pregones callejeros de La Habana, para crear esa gran composición, la cual ya cuenta con centenares de versiones a nivel universal. Su letra, es un homenaje sencillo y sublime al vendedor de cacahuetes, donde quiera que se encuentre...

Aquí, en los Estados Unidos, a estos vendedores ambulantes de maní  sólo se les encuentra en las grandes urbes como New York, Los Angeles y Miami. En cambio, en las pequeñas  ciudades es difícil hallarlos.

Hace pocos días fue nuestra sorpresa al toparnos con uno de ellos, precisamente ofreciendo sus golosinas a todo el frente de la alcaldía municipal, aromatizando el ambiente con el peculiar olor a almendras, coco confitado y cacahuates  azucarados.

“Este clase de negocio lo hay en Nueva York, y es propiedad de mi paisano al que llaman “El Conejo”, quien empezó a contarnos el propietario de la tienda de comida, Claudio Antonio Pincheira, quien opera su negocio  bajo el nombre de “NUTS 4 NUTS”.  De acuerdo a su relato, él llegó a conocer a “El Conejo” en su tierra natal, Chile, de quien dijo cuenta con una gran cantidad de carros de esta clase en Chile y Nueva York, además de que se está expandiendo hacia otros países, como es el caso de España y Buenos Aires.

“Cuando él supo que venía para Estados Unidos, me ofreció trabajo, pero cuando arribé, acá, fue a trabajar en otra cosa que no era eso; me metí a la construcción.”

Al llegar a este país, la primera escala de  Pincheira, fue Miami, de donde se enrumbó hacia la capital de Connecticut. “En Hartford conocí a otro compatriota, y él me trajo a esta ciudad hace ya ocho años”.

Pincheira nos dijo que de haber empezado  esta clase de empresa cuando por primera vez llegó a este país, seguramente en estos momentos tendría unos diez o quince carros de NUTS 4 NUTS. “A mi me enseñó a cocinar el coco, el maní y las almendras, un alumno que dejó “El Conejo”,  en Manhattan, Nueva York. Desde que mi familia y yo iniciamos el negocio hace más de un mes  ya tenemos tres de estos quioscos. El mío es  éste, y mi  hijo tiene otro situado en la esquina de Chapel Street con York Street. Y próximamente vamos a abrir el tercero que estará localizado en la esquina de York con Elm Street”, dijo el manicero sudamericano.

Pincheira, nos hablaba de la fuerza que tiene la venta de estos productos entre personas de toda clase, ya que en cosa de media hora se acercaron a su puesto de trabajo más de una docena de clientes, solicitando sus delicias.

“Hay que apoyar a nuestro hermano”, decía el señor John Padilla, una figura de bastante reconocimiento en la comunidad  puertorriqueña de esta parte del estado, y quien asiduamente pasa por el lugar para deleitarse con las sabrosuras que vende el comerciante chileno.

“Yo vendo aquí cashew, que es un producto de la India; coco natural el cual yo mismo parto y cocino en azúcar, miel y un poquito de agua, y también almendras”, explicaba  Pincheira, revolviendo sus productos en sartenes especializadas para elaborar su exquisita y apetecible mercancía. El aparato –que le sirve de medio de trabajo-, es completamente de acero, y según él, tiene un precio entre $ 3,500 a $4,000 en el mercado. El pequeño carro, además de su tanque de gas para sus fogones, le provee de agua caliente y fría.

Claudio Antonio se siente muy contento con su trabajo, ya que según dice, muchas veces estuvo  allí al frente de la alcaldía -temprano en la madrugada- con miembros de la iglesia cristiana a la que pertenece, orando por el mejoramiento de las decisiones  políticas; también para que se le diera el milagro de tener su propio quiosco en el lugar y poder vender su aromática mercancía.

“Como vamos a colocar más carros de éstos en todo Connecticut, necesitamos que se nos una más gente a la empresa. Queremos generar empleos, y para eso estamos dispuestos a enseñarle a cualquier persona a aprender a cocinar  este producto”, terminó diciéndonos este pequeño comerciante que  ahora se siente en la gloria por haber hecho realidad lo que siempre soñó: Tener un carro como éstos y poder vender el producto, tal como ahora lo está haciendo, enloqueciendo a la gente con el olor de sus suculentas almendras, sus cocos de miel, y sus ricos cucuruchos de maní.  ¡Qué sabrosura….!


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