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Gigantescas calabazas cultivadas en zona residencial de Bridgeport

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Lo que antes parecía algo difícil de realizarse en estas tierras, lo pudo conseguir por un curtido agricultor puertorriqueño, al lograr obtener una cosecha de gigantescas calabazas (squash en inglés), en el patio trasero de su residencia situada en el 474 Putnam Street, de la ciudad de Bridgeport, las que se han constituido en admiración y delicia de propios y extraños. Tanto ha sido el alboroto que han formado los opulentos vegetales, que a la casa del humilde hombre han llegado varias personas, esperando comprar esas suculentas calabazas, para llevarlas a sus hogares y sazonarlas de diferentes maneras, ya que verdaderamente son una verdadera delicia para el paladar criollo  y el de personas de otras razas.

El culpable de tanto alboroto es Don Luis Echavarría, un afable y espontáneo hombre de campo, oriundo del Barrio Manzanilla, Juana Díaz, quien arribó por primera vez a estas latitudes en el 1972, aunque sigue dándose sus escapaditas hacia “La Isla del Encanto”, para poder gozar de  flora y su belleza, al lado de familiares y amigos.

Su amor por el cultivo de las calabazas se fue acrecentando con el paso de los años, como labriego de una empresa que se dedicaba a ese cultivo. “Cuando la caña aflojó, la compañía S J S, en la que yo trabajaba, decidió dedicarse a la  siembra calabazas. Así fue como yo las cultivé como por 10 años,” rememoraba Echavarría.

A pesar del largo tiempo de estar viviendo en estos lares, Don Luis Echavarría, todavía echa de menos sus años de trasiego en el campo, y más aún, el arribo de las cosechas. Por eso fue que decidió un buen día, traerse de Puerto Rico, unas semillas de calabaza, para experimentar con éstas en el patio de su casa, donde había un viñedo que  dejó montado el antiguo dueño del lugar, quien –según cuentas- había pasado a mejor vida.

Lo que hizo Don Luis, fue tumbar el viñedo, y sembrar sus semillas, con la esperanza de un nuevo amanecer.

“Yo sembré cuatro matitas na’más, que me dieron un total de 15 calabazas. De todas éstas, la más pequeña pesa 30 libras, y después siguen las demás,” explicaba el ex-jornalero agrícola. “En estos momentos me queda una de 46 libras, dos de 50, dos de 64, una de 68, dos de 78, y -mi “bebé”-, una de 114 libras”.

“Para mí ha sido un orgullo ser puertorriqueño y venir a este país –los Estados Unidos-, ha sembrar aquí, en Bridgeport, Connecticut, lo que a mi me gustó en mi juventud.”

“Todo el tiempo que estuve cultivando calabazas allá en mi tierra, jamás llegué a tener en mis manos una calabaza del tamaño, de las que he cogido este año, en la ciudad de Bridgeport,” expresaba con orgullo el hijo de Juana Díaz. “Mire varón, le puedo yo afirmar, que –hasta la edad de hoy, ya que estoy próximo a cumplir mis 56 años-, yo nunca había visto una calabaza así de grande. A lo mejor, sí las habrá en otras partes, pero yo nunca las he llegado a ver.  Inclusive, cuando trabajaba para la compañía S J S, nunca las llegué a coger de esas dimensiones.”

Como todo buen borinqueño, Luis Echavarría, goza compartiendo con los demás los frutos que le acaba de dar su pequeña parcela, del 474 Putnan tSreet, en Bridgeport.

“Mi mayor anhelo es darle a la vecindad, porque ese es el producto de nuestro Puerto Rico; es decir, compartir con familiares y amigos,” expresaba lleno gozo Echavarría.

También mencionó la forma como él aconseja preparar estos alimentos a los demás. “Bueno, yo les he dicho a ellos que hagan “barriguitas de vieja”. Eso tú lo cocinas, echándole ciertos condimentos como son la vainilla, la canela, y otras cositas más. Eso era lo mejor que nos daban a nosotros, en nuestros tiempos de infancia, con algo de tocino y un poco de bacalao.”

Ante el éxito obtenido con su primera cosecha de calabazas cultivadas en Estados Unidos, y de origen borinqueño, Don Luis Echavarría, ya recibe la visita de propios y extraños que pasan por su hogar para admirar sus calabazas, o que buscan obtener una que otra semilla para ellos poder sembrarlas a principios

del año entrante (se aconseja que sea a mediados del mes de abril), y con esto, abrigar la esperanza de tener una cosecha igual.

“Ahora mismo estoy guardando las semillas. Hay gentes que me han pedido comprármelas, pero yo les he dicho que no. Yo se las voy a regalar…”

Esta es la pequeña historia de un jibarito boricua bonachón y de gran corazón, quien prácticamente ha sentado dos records en el estado, si no estamos mal: Primero que todo, haber hecho que esas calabazas crecieran en pleno casco urbano de la ciudad de Bridgeport, Connecticut; y segundo, haber sacado de la cosecha una gigantesca, con un peso total de 114 libras. Esa es la que lo llena de orgullo, y por eso la declaró “su bebé”. Esperamos que el año que viene sea mejor, amigo Luis Echavarría, porque tu bondad es infinita...


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