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Don Rafael A. Meléndez, pionero de los hispanos y una gran vida entregada a la comunidad

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New Haven.- Fueron varios los boricuas de corazón que desde mucho tiempo atrás se aventuraron por estas tierras de Dios, “abriendo trocha” y despejando el camino para que sus paisanos y otros inmigrantes latinos, posteriormente llegaran con mejores perspectivas para su desenvolvimiento por estos lados de Connecticut.

“ !Inscribirse y votar! Eso es lo que yo le aconsejo a la gente que vive en East Haven, para que así hagan valer sus derechos. Como quisiera estar allí con ellos en esa ciudad para ayudarlos a organizarse. Desafortunadamente, la salud de mi esposa -que me necesita todos los días- no me lo permite. Si estuviera viviendo allá, ese abuso de los policías  no lo hubiera permitido; eso sí, sin necesidad de pelear  con ellos ni con el alcalde. Lo que se debe hacer es buscar que todos se inscriban, para que el voto latino de East Haven, suene. Y va a sonar de verdad, si todos allá se unen. Así es como se ganan las batallas…”:
Rafael A.Meléndez

Uno de ellos fue el siempre recordado Gumersindo “Gumpe” Del Rio (q.e.p.d), y el otro, Don Rafael A. Meléndez,  ciudadano ilustre también, quien se ha hecho merecedor de muchas placas y homenajes por sus grandes ejecutorias como líder y estandarte de los hispanos en esta parte de la nación, y a quien recientemente la ciudad de New Haven, dedicó una esquina en su nombre; precisamente en el cruce que hacen Artizan Street y Grand Avenue, cerca del lugar en donde él mismo ha estado viviendo por los últimos 43 años.

Platicar con él, es remontarse al pasado y revivir las innumerables luchas que confrontó como pionero de toda una generación de boricuas, que siempre lo recordarán  por su pasión y entrega a la comunidad.

“Yo vine de Coamo, Puerto Rico, el 4 de junio de 1953 y primeramente me instalé en la ciudad de Guilford, Connecticut, en donde viví hasta 1955,” empezó contándonos. “Allí en ese año fue que me casé con mi esposa Ana Laura, y nos fuimos a vivir al 678 de State Street, en New Haven”.

Para ese tiempo, se podrían contar con  un dedo, las personas de origen hispano que vivían por estos lares, como recuerda Don Rafael. “Cuando mi esposa y yo llegamos a esta ciudad, aquí no se  escuchaba  a nadie hablar en español. Habían latinos sí, pero muy pocos.”

Sintiéndose raro en una tierra extraña, el recién llegado empezó la búsqueda de los suyos, que se contaban por decenas. Eso sí, la gran mayoría de ellos, de origen boricua. “Así fue como conocí a Gumersindo del Río, Toñito Ruiz, Arcadio Rodríguez,Tomás Bones, Abelino Ortiz, Don Gerardo Pagán y su hermano Gonzalo Pagán. Había un grupito, de doce a quince personas, con las que yo empecé a relacionarme inmediatamente; aunque sabía que habían entre unos 75 a 100 puertorriqueños más residiendo por aquí. Es que para ese tiempo todos iban de su casa al trabajo y viceversa.  Después a la bodega, o al supermercado. Por eso era muy raro ver a un puertorriqueño por esas calles, para los años de 1955 o 1956”.

Intempestivamente, el esplendor borinqueño se fue dando casi-casi en las postrimerías de esa década, como lo narra este ponceño de corazón, y visionario por excelencia del desarrollo de esta ciudad. “Entre el 57-58 y 59, fue cuando empezaron a llegar muchos compatriotas, y para 1960, ya habían puertorriqueños con sus bodegas, o trabajando en los hospitales, pero no teníamos intérpretes ni en los centros de asistencia medica, ni en las cárceles, ni en las cortes, ni en la policía. Ahí era cuando yo hacía mi trabajo con la comunidad, cuando alguien me necesitaba. Me buscaban para que los ayudara en cuestiones de diferentes índole, ya sea para sacar a sus familiares de la cárcel, traducirles en el hospital, o muchas cosas más”

Si ahora  las nuevas generaciones de inmigrantes consideran que son tratados mal, ni hablar del pasado, cuando ser puertorriqueño era una afrenta para muchos ciudadanos de este país, como lo rememora Don Rafael.

“Había mucha discriminación. Tanta, que también en esos tiempos nosotros tuvimos que enfrentarla y luchar contra la  misma. Eso sí, yo aconsejaba que en vez de estar protestando y haciendo “garatas” y peleas, lo mejor era que nos registráramos y votáramos, porque el voto es algo muy importante,” señaló. “Por eso fue que cuando los poquitos puertorriqueños que habíamos aquí, empezamos a registrarnos y a votar, la administración del Alcalde, Richard C. Lee, de New Haven, abrió los ojos, exclamando: Necesitamos el voto puertorriqueño, y por ese motivo debemos ayudarlos…”

Cuenta él, que para ese entones, se desempeñaba como maquinista en la factoría de la “Winchester Repeating Arms Co.”, de New Haven y al mismo tiempo también gastaba sus horas en la política, haciendo reuniones y actividades en pro de la administración demócrata del Alcalde, Richard C. Lee.

“En cierta ocasión, le pedimos a él, que nombrara a alguien de nuestra comunidad para el Departamento de Educación, o para cualquier otra posición en el municipio de New Haven. Y cuando no lo hizo, Gumersindo, Tomás Bones, Arcadio Rodriguez, Toñito Ruiz y yo, empezamos a tomar cartas en el asunto. Tanto así, que nos reunimos inmediatamente  para buscar unirnos al Partido Republicano en compañía de otros personajes del área,” señaló el líder boricua. “Ahí fue que se revolcó la cosa, porque en seguida, el Alcalde Lee, nos mandó a buscar, para pedirnos que le buscáramos un puertorriqueño para el Departamento de Educación, otro para el Departamento de Obras Públicas, y así sucesivamente. Y cuando pidió por alguien para el Departamento de Policía, le dije que yo quería ser ese…”.

Fue así como Don Rafael A. Meléndez, se examinó para entrar de candidato a la uniformada de esta ciudad. Sin embargo, las reglas de ese entonces, le jugarían una mala pasada. “ Cuando estaba listo para que lo enviaran a la academia de policía, después de haber aprobado todos los exámenes exigidos –que eran de cuatro fases-, me enviaron una carta diciéndome que no calificaba, porque  era muy bajo de  estatura. Era que en ese tiempo, todo oficial tenía que contar por lo menos con 5 pies y 10 pulgadas de estatura; algo que no es igual hoy día . Mire usted, por una pulgada de menos no me pude convertir en el primer oficial hispano del Departamento de Policía de la Ciudad de New Haven.”

Y ya se imaginarán ustedes la gran frustración, del primer aspirante latino a policía de esta ciudad. “Yo me sentí mal y un poco enojado con la situación, aunque sabía que no podía luchar ni pelear contra el sistema. Por eso pensaba siempre, que lo mejor que podíamos hacer todos era inscribirnos y votar, para lograr cambios…”

A pesar de ese contratiempo, sus ansias de trabajar en la ciudad que ahora le servía de hogar, no se diluyeron. Por el contrario, pasado un tiempo –el 9 de Agosto de 1965- se convertiría en el primer latino en ser nombrado Supervisor del Departamento de Obras Públicas de la ciudad de New Haven, posición esa en la que se desempeño por 32 años y medio, hasta su retiro el 28 de febrero de 1998.

Muchas son las anécdotas y los recuerdos que viajan por la mente de este visionario pionero puertorriqueño, quien ha sido artífice de muchas causas y logros en esta localidad que lo tiene ya como su hijo adoptivo.

Por ejemplo, cuentan por ahí, que –en la década de los 60’s y más allá-  era uno de los primeros en salir en ayuda de los que por razones del idioma, no podían defenderse o presentarse ante cualquier entidad judicial. “De 1960 para arriba, habían ya muchos latinos y puertorriqueños acá y cuando los arrestaban, buscaban a Rafael Meléndez o a Gumersindo  Del Río, quien había veces me decía: Rafael, vete tú que yo no puedo porque tengo que ir a trabajar. Él, fue un hombre que luchó mucho también. Tanto que yo pienso, que todo esto que me otorgan hoy, tengo que dividirlo con “Gumpe”, que está allá arriba…”

Otra cosa que logramos saber de Meléndez fue, que además de ser supervisor del Departamento de Obras Públicas de New Haven, también fungió como Juez de Paz en su tiempo. En su hogar del 17 Artizan Street, todavía conserva records y nombres de las muchas parejas que él unió en matrimonio.

La huella que deja Don Rafael Meléndez en esta ciudad, es extensa, meritoria y prolífica, ya que ha sido  parte de muchas organizaciones y causas, como fue la Liga Cívica Puertorriqueña de New Haven, la Registración de Votantes Hispano-Americanos, Miembro del Concilio Latino de New Haven, V.P. del Club Hispano-Americano, columnista del primer periódico local hispano de New Haven, como lo fue “La Gaceta”,  reportero de “El Vocero” de Puerto Rico, miembro del Coamo Social Club, y  del Intercambio Deportivo Luis A. Espada, entre otros logros más.

“Una de las cosas que yo hice en 1972, fue el fundar la Liga Puertorriqueña de Softball, en la ciudad, que empezó con cuatro equipos. Cuando terminaron, habían nueve representaciones. Eso fue cuatro años después, cuando tuve que salir, porque era mucho trabajo para mi.”

Con tantos años de servicio y de dedicación a una comunidad que lo ama y respeta por sus excelsas virtudes, Don Rafael A. Meléndez, ha sido objeto –a través de los tiempos-, de decenas de menciones honoríficas, homenajes y premios, de parte de la ciudad de New Haven, el Departamento de Policía, “Puerto Rican Softball League of New Haven”, la entidad FLECHAS de las Fiestas de Loíza Aldea, Junta For Progressive Action, la organización “Mary Wade Home”, el Concilio de la ciudad de New Haven. el Senador Richard Blumenthal, y de la Asamblea General de Connecticut, entre otras distinciones.

Don Rafael y su esposa Ana, han estado casados por 57 años, y tienen cuatro hijos en total: Rafael Jr., María, Ariel y Rolando; 10 nietos; y 5 biznietos.

Toda una vida y todo un legado. Gracias por su liderazgo, lucha, y entrega a la comunidad latina de New Haven.


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