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Propietario de una compañía acusado de explotar a inmigrantes en el pasado, vuelve y repite la historia

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NEW HAVEN.- Dueño de finca y compañía trituradora de piedras que en el pasado explotaba a varios inmigrantes indocumentados forzándolos a trabajar largas horas sin pagarles adecuadamente o reteniéndoles sus salarios, reapareció de nuevo al aplicarle presuntamente sus sucias y tramposas artimañas a otro trabajador que contrató para que lo ayudara en las labores diarias que realiza en su negocio.

Joseph Spezzano, propietario dela compañía “Riverside Dairy and MLS Construction”, con sede en el  400 de Totoket Road, Northa Branford, ha sido nuevamente acusado por  el Adalberto Barranco, oriundo de Morelos, México, por no pagarle salarios atrasados que le quedó debiendo  cuando se desempeñó como su empleado y por segunda ocasión, en esa finca rural.

Hace cinco años, en el 2011, “La Voz Hispana de Connecticut” publicó un artículo –firmado por este servidor-, donde  denunciamos las injusticias que había estado cometiendo Spezzano en contra de tres de empleados de origen mexicano, a los que explotó sin misericordia por mucho tiempo y a quienes les debía salarios estimados en $ 140.000.

Por fortuna, y gracias al respaldo que recibieron esos tres jornaleros por parte de  “Unidad Latina en Acción”, que dirige el activista comunitario John Lugo y de representantes de “New Haven Workers Association”, el propietario de “Riverside Dairy”, fue acusado y posteriormente enjuiciado por la Corte Superior de New Haven, por  no pagarles salarios atrasados a sus antiguos empleados.

Luego de lograr que Spezzano cumpliera con algunas de las obligaciones contraídas con los tres demandantes,  en esa compañía se quedaron laborando otros inmigrantes más, entre los que se  encontraba Adalberto Barranco.

“Cuando eso sucedió,  yo trabajaba en el mantenimiento y producción de la máquina trituradora de piedra. Y cuando los que demandaron al patrón se salieron, a mí me pasaron a trabajar con las vacas, donde ellos estaban,” señalaba Barranco, quien expresó que  le tocaba ordeñar  los animales, limpiar el corral, y darles de comer, entre otras cosas. “Como yo era el único empleado hispano,  me traían bien atareado de trabajo….”

Según cuenta el oriundo del estado de Morelos, allí estuvo él laborando en la finca de ganado por un año más, hasta que decidió irse en diciembre el  2011, argumentando una mentira piadosa. “Le dije simplemente que ya me volvía de regreso a México, y que por favor me diera mis sueldos atrasados que ya ascendían a unos $ 17.000.”

Él,  le contestó de la misma manera que a los otros compañeros de Adalberto, quienes con anterioridad lo habían demandado y ganado el caso. “Mira, el dinero que te debo no lo tengo en estos momentos. Lo tengo que conseguir. Así que espérame una semana para ver qué puedo hacer….”

Sin embargo, al cabo de ocho días, no aparecía el dinero que su jefe le debía. Y así fue pasando el tiempo, hasta que un día de esos le dijo que le tenía algo, aunque no reconoció que eran  $ 17.000 que le debía. “Yo no te debo todo eso,” le increpó. “Yo te voy a dar $ 7.500 nada más.”

A regañadientes y con mucha bronca por dentro, Adalberto Barranco, tuvo que aceptar la oferta de su ex-empleador, esperando zanjar de esa manera el asunto ya que le urgía el dinero para sus gastos personales y para poder seguir en la brega diaria.

Días después Spezzano le hizo entrega de $ 3,000, asegurándole que el resto de los $ 7,500 que él le debía, se los daría luego. “Los $ 4.500 restantes te los voy a dar por partes,”  le prometió. “Cada vez te voy a dar de a $ 1.000.”

No teniendo otra alternativa, el jornalero mexicano le pidió a su ex-empleador que como se regresaba a su tierra, por favor le fuera cancelando mensualmente el dinero que le debía a una sobrina que él tenía, la cual era conocida en el lugar. “Él, me tenía que dar $ 1,000 en enero, lo mismo que en febrero, marzo y abril. Y lo último de lo que quedaba en mayo del 2011. Pero no fue así. Es más, se pasó todo ese año y no me terminó de pagar,” acusaba Barranco. “De ese dinero, todavía me debe un poco más de $ 1.000, de acuerdo a sus propias cuentas.”

En el verano de ese año, el humilde trabajador logra encontrar “chamba”, como dicen ellos,  laborando en un criadero de plantas en la ciudad de Clinton. Desafortunadamente, ese era un trabajo temporal, y en el transcurso  del mes de noviembre se quedó sin empleo.

Al verse desocupado y sin dinero, Adalberto Barranco, dirigió de nuevo sus pasos hacia “Riverside Dairy and MLS Construction”, esperanzado en que su antiguo jefe  por fin terminara de pagarle el dinero que aún le debía. Al confrontarlo, le salió con la misma receta; en otras palabras, que volviera otra vez porque en esos momentos se encontraba sin un peso en el bolsillo.

Pasada una semana, el humilde peón, vuelve otra vez y se presenta en la finca. “Yo fui y me dio como entre $ 200 a $ 300, prometiéndome otra vez que el resto me lo iba a conseguir. Mientras tanto me pidió que regresara a trabajar con él otra vez.

Barranco lo pensó dos veces. Bien sabía él de las artimañas de Joseph Spezzano como empleador. Sin embargo, como no tenía nada que hacer en esos momentos, siguió los consejos de un amigo quien era el que le traducía cuando hablaba con Spezzano, y por eso fue que  aceptó de nuevo la posición, mientras esperaba que lo volvieran a llamar a trabajar en el criadero de plantas de Clinton. “Así fue como entré otra vez a trabajar en esa finca y trituradora de piedras en enero del 2012, y en esa misma semana me llamaron otra vez del otro lugar,” recordaba. “En aquel instante no supe qué hacer, pero al final de cuentas me decidí por quedarme en Riverside Dairy, buscando darle una segunda oportunidad.”

Según cuenta el jornalero, su jefe empezó a fallarle de nuevo tan pronto como fueron pasando los días. “Es que me entregaba nada más lo que él quería, es decir, una parte de lo que me tenía que pagar Unas veces $ 200 o $ 300 semanales.”

Un fin de semana en el que se retrasó más de lo necesario para entregarle al jornalero mexicano el sueldo de la semana, Spezzano aprovechó para enviarle a través de su esposa, un sobre con $ 200 en billetes de veinte, que era como le pagaba. Barranco se negó a recibir el dinero, porque no era lo acordado originalmente y porque ya quería de una vez por todas que el hombre le cancelara todo lo que le debía.

Fue así como se puso en comunicación con “Unidad Latina en Acción”, y les comunicó su problema. Inmediatamente dos representantes de esa organización de lucha comunitaria se presentaron en los predios de “Riverside Dairy and MLS Construction”, para hablar con el jefe. “Allá fueron dos muchachas de Unidad Latina, enviadas por el señor John Jairo Lugo, para que me representaran. Con ellas al frente mi jefe les aseguró que ahora sí me iba a pagar, tanto las semanas atrasadas y la vigente. Es más, prometió que me iba a pagarlos dineros  lo que me debía en el pasado, pero nunca me dio nada. Volvió a caer en la misma rutina, y en los mismos engaños, hasta que yo me cansé de tanta mentira y luego de estar laborando de nuevo allí por espacio de 3 años, decidí retirarme de ahí el ultimo de febrero del año que acaba de pasar…”

Por estos contornos trabajaba el inmigrante mexicano Adalberto Barranco, con peligro de que la edificación le cayera encima, ya que como se podrá observar, los soportes de la estructura no están debidamente asegurados en el suelo, y algunos parece que estuvieran a punto de desplomarse.

Adalberto Barranco también nos narró las precarias e inhumanas condiciones en que realizaba su trabajo en la finca de Spezzano, que ponían muy en riesgo su salud y la de su propia vida.

“La habitación  donde me tenía viviendo era un poco amplia, aunque al principio no tenía calefacción, y pasábamos los inviernos con mucho frío. Ya después cuando regresé la segunda vez a trabajar con él, ya le puso la calefacción, aunque no servía de mucho porque una parte se cayó, ya que la edificación era muy vieja y por eso fue que se abrieron las paredes por una esquina,” contaba el sufrido jornalero. “Y eso no era todo, en el lugar donde estaba el lavadero de los platos y los trastos, cuando llovía, me caía el agua a la cabeza por los rotos que el techo tenía…”

En estos momentos existe una demanda laboral en contra de la compañía que dirige Joseph Spezzano. Lo que busca Adalberto Barranco es que se le haga justicia, como ya se hizo con Rafael Zamora, Gustavo Barrera y José García, ex-compañeros de trabajo quienes en el pasado le ganaron una demanda similar al propietario de “Riverside Dairy and MLS Construction”, allá en North Branford.

“Yo lo estoy demandando porque habiéndome robado una vez, no quiero que lo haga por segunda ocasión. Tanto tiempo trabajando allí, y de gratis. Eso no puede ser. Yo no soy un esclavo…

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