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Luis Ortiz Martínez también conocido como Luisito, mira esa noche de enero el rostro del universo desde el patio de su casa localizada cerca de las pintorescas “tetas” de Cayey, atracción turística de Puerto Rico que deriva su nombre de dos blandos promontorios situados en el tope de una montaña fácilmente identificable desde el monumento dedicado al Jibaro puertorriqueño en la ruta que lleva de San Juan a la ciudad de Ponce, la “perla” del sur.

Por la noche, la ausencia de luces y el típico resplandor de las grandes ciudades; el firmamento es un mapa perfecto que muestran las esferas del cosmos y la vía láctea que avanza a millones de años luz hacia la galaxia Andrómeda.

Pero no es solamente Luis quien observa con atención el infinito.Cientos de miles de astrónomos profesionales y aficionados se deleitan por las noches, observando la tipografía sideral desde distintos puntos del planeta para entender lo que significa el infinito y convencerse de que no somos nada y que nuestra arrogancia nos lleva al extremo de creernos dioses, pero sin licencia ni credenciales.

Luisito no es un experto en astronomía y ni siquiera saber leer los símbolos del zodiaco estampados en el cielo.Nunca se ha dedicado a identificar las Osas ni los limites del León, pero es una de esas personas que creen escuchar la música proveniente de los astros, absorber el vapor fantasmagórico de las nebulosas, alimentarse de las imágenes brumosas de las constelaciones, y comprender el lenguaje incomprensible aun de las estrellas.

Luisito es un poeta que busca en la noche y en el regalo del firmamento inspiración para sus versos casi místicos, antídotos de la suciedad que el hombre arroja sin misericordia hacia los ayer nítidos cielos, enrareciendo la atmósfera y estratósfera, además del cachureo creciente de basura espacial.

Lo que Luis Ortiz Martínez no sabe es que ese mismo instante en la cumbre de la cadena del Tíbet, científicos representantes del gobierno ruso y de los Estados Unidos llevan a cabo una conferencia que nada tiene que ver ni con la proximidad de un asteroide que podría estrellarse con nuestro planeta, ni en la aparición de una nave espacial proveniente de otra Galaxia cuyos tripulantes buscan carne fresca y el maravilloso líquido llamado agua.

Nada de eso está en la agenda proyectada en una pantalla gigantesca tridimensional donde con un sofisticado control remoto, las imágenes de los planetas de nuestra humilde galaxia se proyectan con lujo de detalles y con una ilusión abismante de proximidad, que ayuda a los estudiosos con ciertos cálculos que Luisito desconoce.

Si, allí están las imágenes de Marte nítidas como un video del cañón del Colorado o un panorama del desierto de Arizona.Claramente y gracias a fotos que no se han entregado al público, se notan los colores de metales, el seno desértico de cavidades gigantescas donde algún día existió un mar, huellas todavía imperecederas de ríos con aguas turbulentas que algún día debido al recalentamiento se transformaron en vapores de vapor cargados de amonio, en inmensas praderas desérticas de lo que había sido el hogar de bosques ya petrificados, y otros detalles que el ojo común no distinguiría.

Definitivamente quienes estaban allí en el hasta instante el desconocido centro astronómico más importante del mundo; los científicos preparaban informes que ayudarían a dos individuos a establecer un convenio de propiedad del cielo.

Increíble como un trueno sin voz, tan asombroso como delfines alados e inauditos como manadas de lobos corriendo enloquecidos por las carreteras de Vermont escapando de bandadas hambrientas de cuervos; lo que sucedía esa noche en que Luisito se deleitaba en esa fecunda relación con las estrellas; escapaba de los limites frágiles entre la realidad y la ficción, pero que definitivamente era una realidad tangible y palpable para quienes se repartían el universo.

La conferencia de prensa tuvo lugar en el centro astronómico de uno de los palacios del monarca Vladimir Putinesco, soberano del reino de Rusia que ahora se extendía más allá de Polonia, Finlandia y Asia después de la última guerra de expansión geopolítica.

La prensa autorizada por el Departamento de Censura Internacional, esperaba el comienzo de la sesión informativa en la que se prohibía hacer preguntas.

Los periodistas observaban con atención una enorme carta astronómica del sistema solar que alternaba con fotos exclusivas del planeta Marte y del satélite lunar, además de imágenes tridimensionales de la galaxia.

Al sonido de un gong, ingresaron al escenario monumental los tres sujetos integrantes del Panel Interplanetario de Propiedad, PIP, y una dama con aspecto exótico que coordinaba la presentación.

“Señores periodistas, sus majestades Vladimir Primero del Reino de las Rusias y Donald Primero de la Monarquía Absoluta del Norte y Sudamérica, además de los territorios del Caribe; les han graciosamente invitado y facilitado vuestro traslado a uno de los casinos del monarca Vladimir para escuchar la breve presentación conjunta que leerá el astrofísico Ian Katastroff, hoy acompañado por sus colegas los premios Nobeles Ku-Chin Tong Tong y el Conde Jeff Schneider del Consejo Mundial del Espacio, más conocido como CoMuEs.

Recibamos con un aplauso al sabio Ian Katastroff autor del libro “¿Porque no?”

Un débil palmoteo tan flojo y esporádico como una lluvia zángana, recibió a sabio a quien poco o nada le importaban los vítores o expresiones de simpatía ajenas a su quehacer astronómico.

“Se les ha citado a este hermoso Casino llamado Alexander Entertainment International A.E.I.. para informarles del trabajo de nuestro panel que en este momento y de acuerdo a los principios del dominio eminente, esta delineando la propiedad espacial.

Nos es un placer dejarles saber que el satélite lunar se dividirá en dos secciones cada una de las cuales pertenecerá al Reino de las Rusias y Eurasia, y la otra al Reino de las Américas.

En la carta geográfica que ustedes pueden admirar, notarán que una línea imagina cruza el cráter “Ivanka” pasando por la depresión lunar “Melania,” dividiendo el satélite de modo que cada sección cuente con una parte iluminada, y con la otra denominada por los plebeyos y poetas, como el rostro oculto de la luna.

Mañana les informaremos lo que se ha decidido con respecto al planeta Marte y así sucesivamente, hasta cubrir el sistema solar.Después, iremos viendo.Buenos días y el gusto ha sido de ustedes.”

Así termino el sabio jaquetón que salió del lugar acompañado de sus secuaces y decenas de guardaespaldas blancos de Eslovenia.

Luis Ortiz Martínez, también llamado Luisito; recordaba que cuando despertó de ese sueño, recitaba unos versos de Neruda que rezaban,

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.Escribir por ejemplo, la noche esta estrellada y titilan azules los astros a los lejos.”

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