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¡Cuidado con la viga en tu ojo!, por Waldemar Gracia

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Reconocer los talentos y actos positivos de una persona es la tarea más difícil para la mayoría de las personas que viven y están acostumbradas a ver solamente los defectos de los demás. Muy pocos dicen palabras de ánimo y de reconocimiento a sus semejantes. Los expertos dicen que por cada crítica que hagamos deberíamos de hacer por lo menos diez elogios.

Pero, muy a pesar de estas recomendaciones y personas que solo se dedican a ver lo malo y a criticar a los demás. Pueden ver con suma facilidad la paja en el ojo ajeno, pero son incapaces de ver la viga que esta en el propio ojo de ellos. Si van a una boda, no importa cuan bonita, y después de comerse todo lo que pueden, la critican. Si alguien se pone ropa nueva para lucir mejor lo critican. Una vez escuché a alguien decir que “aunque la mona se vista de seda mona se queda”. Critican a los vecinos y los acusan de envidiosos. Critican a sus jefes, critican sus compañeros de trabajo. En fin critican a todos menos a ellos mismos.

El otro día, me contaba un vecino que mientras esperaban su turno en la oficina de “Servicios Sociales”, doña Juanita y doña Tuta observaban como una joven madre atendía sus cuatro hijitos mientras era entrevistada por la trabajadora social del Estado. Doña Juanita comenta: “Sabías que Fulanita, la hija de don Zutano es una muchacha buena y de la casa,…Pero…se casó estando encinta…y dicen que esos hijos no son de su actual marido”. Aun que este vecino fue muy acertado en identificar el “chisme” entre doña Juanita y doña Tuta, fue muy difícil para el creer que lo que me acababa de contar era otro chisme tan dañino como el de estas dos señoras. En otras palabras, para él, el que me contara que había dos señoras chismoseando no era un chisme. Y para su “final de impacto” me declaró que la verdad es hija de Dios y él no podía tapar el cielo con la mano.

Pero para que no me acusen a mí de chismoso, creo que mejor les cuento una anécdota, una corta historia que tubo lugar en algún sitio en algún momento. Y la historia es así:

“Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una  reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.  El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea  le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido!  Y además se pasaba  el tiempo golpeando.

El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo, dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. Y la lija estuvo de acuerdo, a condición que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su  trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo.  Finalmente la tosca madera inicial se convirtió en un lindo mueble. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces  cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos.”

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.

¿Ocurre lo mismo con los seres humanos? Observen y  lo comprobarán.  Cuando en una empresa el personal busca a menudo defectos en los demás, la situación se vuelve densa y negativa.

En cambio, cuando tratamos con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, es ahí donde florecen los mejores logros humanos. Es fácil encontrar defectos. Cualquier tonto puede hacerlo, pero encontrar cualidades, eso es para los espíritus superiores que son  capaces de inspirar todos los éxitos.

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