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No defendamos lo indefendible, por Jorge L. Limeres Gregory

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Hechos recientes en la política estadounidense nos indican que hay motivos bien fundamentados para que la población en general y la hispana en particular estemos preocupados ante indicadores que apuntan a una crisis nacional con repercusiones internacionales. Veamos.

En noviembre del 2016 el entonces aspirante a la presidencia de la nación estadounidense, Donald Trump vociferaba que las elecciones estadounidenses estaban amañadas y que eran manipuladas por el “sistema” existente, advirtiendo que lo único que le daría credibilidad a las elecciones era si él ganaba. La megalomanía del candidato y su cuadrilla de aláteres dejaron de ser meros delirios de grandeza para convertirse en una pesadilla para el resto del mundo.

Donald Trump, criado en los manejos y manipulaciones del espectáculo mediático, experto desde pequeño en la bravuconería; avezado y bien asesorado en el complejo y turbio mundo mercantil, sediento de poder y con una retórica ahuecada y populista se encontró con un imperio en sus manos.

El creador de los “hechos alternativos”, rodeado por un pequeño número de estrategas, todos sincronizados, se lanzaron al ruedo político estadounidense sin titubeos y sin compasión. Apertrechados con una retórica falsa, llena de engaños, confundiendo al espectador honesto y común con su conocida diatriba de políticos de callejón. Ese diminuto grupo de expertos manipuladores arremetieron contra los cabecillas de su propio Partido Republicano, ridiculizándolos, humillándolos y venciéndolos en las primarias de su partido. Luego enfilaron sus armas contra el contrincante del Partido Demócrata, dando la impresión que se iban a quedar cortos ante la astucia y experiencia política de su oponente, pero no fue así. Trump prevaleció sorpresivamente, aunque no tuvo la mayoría del voto popular. El candidato Trump no salió victorioso por su habilidad como  polemista, ni por sus citas históricas, ni por sus disertaciones culturales o económicas. Trump ganó porque el  votante estadounidense respondió favorablemente a sus planteamientos xenofóbicos, racistas, anti- feministas y a su conocida prepotencia y bravuconería.

Los que todavía creen en un sistema electoral representativo y democrático definitivamente no viven en este siglo o están dormidos en las cavernas. Seguro que hay muchos que todavía votan dócilmente, sin cuestionarse por qué  lo hacen, sin entender cuáles son los asuntos fundamentales del que ellos mismos son víctimas. Todavía hay enajenados que creen que los bombardeos y las muertes diarias son justificables, siempre que sean en contra de los “salvajes” del resto del mundo. Todavía hay, en este país, quienes creen  que hay que levantar murallas para impedir la entrada de los que cruzan fronteras o cerrarle las puertas a los que por desgracia viven en el medio de guerras civiles y hambrunas horribles. Los estadounidenses con aparente amnesia histórica, recuerdo yo, exigían que se derrumbara la muralla de Berlín y ahora exigen construir una en su frontera con México, teniendo la desfachatez de demandar que los del sur paguen su construcción. No, no se trata de la mier… de muralla ni de quien la pague. Se trata de una afrenta más, no solamente a nuestros hermanos mexicanos, sino a  todos los americanos que se respeten a sí mismos. Ya es tiempo que nos pongamos los pantalones en su sitio y marquemos los puntos sobre las íes, porque en el mundo capitalista poco importa que los obreros estadounidenses o mexicanos o puertorriqueños pierdan sus trabajos. Lo que importa es quien reparte las ganancias en Wall Street. Después de todos los dueños de algunas de esas empresas son figuras prominentes en el propuesto gabinete presidencial de Trump. Tampoco quiero escuchar la historia de que hay que asegurar las fronteras para que no se trafiquen drogas. Las drogas existen porque el mejor mercado del mundo son los EEUUAA. Sobre el asuntito de las altas tasas de criminalidad recordemos que los que fabrican las armas y se lucran de su venta son los del norte y no son los mexicanos ni los que viven en la luna. Buen negocio para los vecinos norteños, pero muy jod… para los paisanos sureños. Despertemos de nuestro letargo reconociendo que de eso se trata el capitalismo crudo y viviente. Reconozcamos también el ancestral desprecio por todo lo que se le antoje diferente a los “auténticos” norteños. Ya sea el color de la piel o nuestro singular acento. Los que hemos tenido que emigrar han sido por las condiciones políticas y por ende económico, creado en la mayor parte de las ocasiones por la intervención extranjeras, cuyo único verdadero interés ha sido explotarnos. Emigramos no porque nos gusta el frío norteño o porque nos agrada el intolerante discriminen. Emigramos porque ese insaciable 1% del mundo, continúa explotando todo lo que esté a su alcance y le produzca dividendos.

Si a esa élite no les preocupa sus propios compatriotas mucho menos les preocupa que una buena educación y un trabajo digno esté al alcance de esa otra humanidad que vive en pobreza. Escuchen la verdad, descarten el engaño. Los que apoyan las carnicerías de seres humanos y guardan silencio a los abusos cometidos contra los pobres en otras naciones, no tienen valores: ya sean cristianos o de cualquier otro grupo religioso o étnico.

“Aman” a los suyos pero miran con recelo a los que son diferentes. Se arman, amparándose en lo que dice una constitución, llenándole los bolsillos a los fabricantes de armas más grande del mundo.

No entienden sus contradicciones y mucho menos sus similitudes. Viven enajenados y son víctimas de su propia ignorancia. Estudien bien la historia porque hasta que no podamos entender y reconocer esta falsa realidad en que vivimos, no se logrará hacer justicia para todos.

No importa lo que digan los Trump o los que defiendan sus posiciones hipócritas y engañosas.

103.5 FM - La Voz Radio

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