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Soledad: La enfermedad del siglo 21, por Waldemar Gracia

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¡Ama a tu prójimo como a ti mismo! Ese es el mandamiento bíblico. A veces quisiéramos “desaparecer” a ese prójimo que hace nuestra vida de cuadritos. Ahora; ¿por qué la importancia de amar al prójimo? Pienso que si no tenemos a nuestro prójimo, entonces tendríamos que estar y vivir solos. El ser humano no puede vivir solo. Necesitamos a alguien en nuestras vidas; necesitamos a ese “prójimo”. No tener prójimo es vivir en soledad. Y la soledad es un problema grave en nuestra sociedad moderna. Vamos a reflexionar un poco acerca de lo que los expertos nos dicen de esta nueva enfermedad del siglo 21.

La soledad es como una moneda con dos caras. Una cara representa el aspecto negativo, producto de la sensación de vacío profundo cuando es por falta de amor o afecto en cualquiera de sus expresiones. Este tipo de aislamiento nos perturba mentalmente y no podemos ser fructíferos ni producir buenas ideas o pensamientos. El miedo a quedarse completamente solo(a) paraliza, aparece la desesperanza, se borran las ilusiones, se añoran los seres queridos que ya no están e irrumpe la incertidumbre. Esta cara de la soledad esta relacionada con todos los estados de la mente que tienen que ver con problemas de comunicación efectiva con el medio que nos rodea, la tristeza y la depresión. La soledad es una sensación de aislamiento que nos lleva, en la mayoría de los casos, a una tristeza profunda. La soledad no deseada puede llegar a ser dolorosa, autodestructiva, angustiosa y provocar enfermedad (depresión, obesidad, hipertensión, infarto), por ello hay que aprender no solo a combatirla, sino también a disfrutar de ella. Muchas veces puede llegar a resultar enriquecedora si sabemos cómo manejarla además de una sana y necesaria elección en determinados momentos de nuestra vida.

Aunque nacemos solos y de cierto moriremos solos, mientras vivimos, vivimos acompañados. El instinto y la necesidad de socialización y de supervivencia nos impulsan a buscar compañía.  Sin pareja, familia, amigos y otras formas de acompañamiento nos sentimos desconcertados y aislados.

Recientes investigaciones indican que la soledad negativa puede afectarnos fisiológicamente y producir afecciones del corazón entre otras enfermedades. Se ha demostrado que las personas solitarias tienen niveles más altos de algunas hormonas (sustancias químicas de nuestro cuerpo) y que están relacionadas con enfermedades cardiovasculares que podrían provocar ataques del corazón o al cerebro.

El tema ha cobrado enorme importancia, ya que tiene una alta incidencia, tanto en la población en general como en personas que presentan algún grado de desajuste. El 35% de la población de entre 25 y 40 años vive sola. La soledad también se considera como uno de los posibles factores que causan otros desórdenes. Entre ellos depresión, suicidio y graves problemas médicos, como las enfermedades cardiovasculares.

También según los últimos estudios el sistema inmunológico se haya afectado por situaciones prolongadas de soledad. Este problema había sido sistemáticamente negado como un trastorno que requiere de una atención seria, tal vez porque quienes lo sufren no siempre admiten que puede ser la raíz de otros males. O no quieren reconocerse como “solos”, debido a que experimentan vergüenza de sus sentimientos o de su inadecuación para superar el aislamiento.

También, nos puede afectar psicológicamente y desencadenar depresión o llevarnos al auto agresión y/o el suicidio. Los que padecen de soledad no tienen edad, ni sexo, todos la pueden sufrir en un momento dado, dependiendo de distintas circunstancias. Algunos intentan salir de ella erróneamente a través del alcohol o las drogas, no la superan y caen en una peligrosa  depresión.

Para salir de esta cara oscura de la soledad, debemos voltear la moneda, encontrarnos a nosotros mismos y procurar desarrollar todas nuestras potencialidades como seres humanos. Podemos definir lo que queremos, y tomar la firme determinación de alcanzarlo, sin ponernos auto limitaciones o barreras que lo impidan. Comunicándonos con los que nos rodean y permitiendo que formen parte de nuestro mundo. Brindemos a los demás amor, a más lo proporcionemos más se llenara nuestra vida.

Los psicólogos opinan que cuando alguien está solo y no mantiene comunicación con otras personas se puede caer una situación que definitivamente puede afectar sus relaciones sociales y transformarlas en algo negativo para la persona.

Estos psicólogos identifican tres características que definen a la soledad:

es el resultado de relaciones sociales deficientes,

constituye una experiencia subjetiva ya que uno puede estar solo sin sentirse solo o sentirse solo cuando se halla en grupo;

y, por último, resulta desagradable y puede llegar a generar angustia.

En otras palabras, algunos síntomas de la Soledad incluyen:

falta de una persona cariñosa de quien depender,

falta de alguien que lo atienda,

falta de oportunidad de expresar sentimientos íntimos a otra persona,

falta de un grupo de amigos del cual sentirse parte,

falta de alguien que necesite de su amor,

falta de alguien que lo desee físicamente,

falta de personas con quienes compartir valores e intereses,

falta de amigos para compartir actividades recreativas,

falta de relaciones positivas en el trabajo,

falta de un sentido de confianza en los amigos íntimos,

falta de intimidad física en forma regular,

Es importante destacar que existe la soledad crónica en aquellas personas que no han sido capaces de establecer relaciones satisfactorias por un período de varios años y por lo menos a través de dos etapas de su vida, como podrían ser la adolescencia y la adultez joven; o la adultez joven y la edad madura. También existe la soledad temporal, que incluye un estado de ánimo breve y ocasional de soledad, por ejemplo después del trabajo, o durante los fines de semana.

La otra cara de de esta moneda es un poco mas positiva. Es la del estado de plenitud espiritual. Es producto de hablarnos e intimar con nosotros mismos, pensar, recapacitar, visualizar, crear y meditar. Permite momentos de reflexión, fantasía, imaginación, ilusión y ensueño, los cual ayuda al desarrollo del ser humano y a su tranquilidad interior.

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