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Soñar no Cuesta Mucho… es gratis


Súbitamente, Florencio Gaspar Ríos se encontró ese día cómodamente sentado en un sillón tan cómodo que no recordaba algo semejante en su extensa vida sedentaria.Era de una superficie muelle, suave y maleable que se ajustaba de un modo perfecto al tamaño de sus nalgas y la espalda, provocando un alivio singular a sus vertebras lumbares y cervicales; sin olvidar los huesos de la colita que dicen los entendidos es un recuerdo de nuestra evolución desde la etapa de animales vertebrados que se alimentaban de vegetales, a esta nueva época donde el hombre ha ido regresando a un estado de animalidad embrutecedora, incapaz de articular cuatro frases, mentir, engañar y después sonreír como esperando que le aplaudan.

Las piernas cortas de Florencio, según su familia vestigio irrefutable y axiomático de su herencia gallega; caían cómodamente desde el borde suave de la butaca, a diferencia de otros muebles manufacturados solamentepara gente de patas largas, todavía predominantes en la Nueva Inglaterra.

“Pero si es como estar en una nube,” pensaba Florencio que aprendió a disfrutar esos memorables descensos en los aviones que cruzaban entre ellas como si fueran cortinas que develaban el paisaje desde los 3,000 pies de altura en días inolvidables de otoños multicolores.

La comodidad del sillón le había adormecido y por momentos olvidaba las circunstancias que le habían llevado hasta esa hospitalaria y esplendida sala de espera cuya temperatura ambiental era la ideal: no hacia frio ni calor, sino que todo lo contrario como decía un embaucador profesional en Washington, DC.

Ese sillón aliviaba sus dolores en la espina dorsal, las caderas, los muslos y las rodillas, además del cogote, al que los cultos llamaban cuello para diferenciarlo de la cerviz de los caballos.

Florencio se sentía feliz y le era difícil mantener los ojos abiertos por la suave luz de la sala y una música ambiental tipo “pillow talk” con un solo de saxofón, que le hacía recordar viejos romances de aquellos tiempos en que la pasión llegaba con rapidez, sin necesidad de las pastillitas azulitas o elementos visuales tales como el Play Boy o vulgares películas porno.

“Señor Ríos, bienvenido a nuestras instalaciones donde le haremos algunas preguntas básicas.Esperamos que se sienta cómodo en nuestro vuelo de primera clase a la base lunar Escorpio 24,” dijo una voz cálida y afectuosa como la de la negra Tomasa a quien conoció en la ciudad de Ponce y con la que sostuvo un tórrido romance que una noche interrumpió abruptamente el esposo de la mala pécora, armado de un agudo machete.

“Por favor responda si o no a este breve interrogatorio que no tiene nada que ver con inmigración, el tema de los impuestos, el IRS, o los negocios triquis que sabemos llevaba a cabo en la ciudad de San Juan con las compañías de construcción conectadas con uno de los gobernadores; o las mentiras de los tipos que decían iban a renovar el castillo Serralles,” le anuncia la voz que le había traído a la memoria el rollo con Tomasa.

“Esta es la primera pregunta, señor Ríos.Podría usted definirse como un patas negras o sujeto a quien le agrada establecer relaciones íntimas y carnales con mujeres casadas.Diga si o no,” dijo la voz, y Florencio tuvo que admitir que “si.”

“Gracias” volvió a decir la voz a través de un sistema de altavoz suave y distinto al de las escuelas.

“Dicen que usando la labor de picapleitos inmorales no pagaba sus deudas, si o no.”

“Si, pero es que usted comprenderá…” trato de excusarse Florencio recordando los trabajos inconclusos del complejo residencial de lujo que hizo en Dorado, Puerto Rico, usando chavos prestados, pero dejando en el limbo a treinta y dos retirados atraídos por los anunciados campos de tenis, piscinas panorámicas, y suites de tres dormitorios con balcón mirando hacia el rio.

Finalmente tuvo que emitir un débil “si” preguntándose que era esto del viaje a la luna.

“Señor Ríos y por favor no se ofenda.Podría usted definirse como un as del embauque, el engaño, y la estafa, si o no,” le pregunto la voz de Tomasa que había ido cambiando desde una suave, blanda y sumisa como le gustaba cuando le recibía Tomasa en bata transparente color Flamboyán y un abrazo full contact en ese motel de la Parla del Sur; a otra voz con tonos sargentivescos e impertinentes.

“No, pero es que eran operaciones comerciales que que tuve la sincera intención de completar, pero que, este, hubo gastos inesperados en los estacionamientos, la cuestión del terreno flojo que que se hundía, y mi colega que se me rajó cuando se entero que habíamos construido sobre un cementerio…” trataba de explicar un Florencio que tartamudeaba, pero la voz de la mujer le exigió de un modo duro que dijera si o no y se dejara de babosadas porque ella sabía todo y las preguntas eran solamente nimias formalidades antes de la decisión.

Florencio cayó en cuenta en que el sillón se tornaba incómodo, la postura del espaldar era tan inclemente como un viaje en clase turista de las líneas aéreas Paraguayas, y que le habían comenzado a doler las articulaciones de las vertebras, además de los tendones de los hombros que se habían ido anquilosando a través de las décadas por la falta de ejercicio.

“Señor Ríos, toca usted instrumentos musicales, si o no,” requirió la voz.

“La verdad es que no,” respondió Florencio algo escamado por esta situación tan extraña como ver aMelania dialogando con Ivanka, la hija preferida del presidente.

“Quizás pintes o cantes,” insistió una voz con tonos guturales.

“Bajo la ducha canto a veces,” admitió Florencio.

“Finalmente señor Ríos. Dicen que usted le metía codazos en las costillas a su esposa y a veces la empujaba, si o no?,” inquirió la voz que ahora era semejante a la de un oficial de correcciones que fue a trabajar después de una noche de farra.

“No, pero es que lo que pasa es que soy nervioso y mi abuela me metía cocotazos y dicen que yo tenia necesidades especiales, que era tan impulsivo como Popeye, y mi mujer me cucaba porque no le compraba ropa, no la atendía, despreciaba a su familiay después del divorcio no pagaba alimentos…” balbuceaba Floridor sintiendo que de un modo casi mágico el cómodo sillón se había transformado en un inhospitalario banco de madera barata, sin espaldar y medio cojo de una pata lo que obligaba a Florencio a mantenerse atento y no perder el equilibrio.

“Señor Florencio Gaspar Ríos después de una breve deliberación con el piloto de la nave hemos decidido que deberá permanecer por bastante tiempo en la base “Purgatorio A” de la base lunar Escorpio 24 ya que ha sido un individuo codicioso, adúltero, explotador, irresponsable, patas negras, mentiroso, manipulados, avaro, mezquino, tacaño, abusador de mujeres, usurero, ruin, miserable y roñoso,” dijo la voz y Floridor escuchó el fatídico “clic” de la desconexión y se vio caminando solitario por la superficie muelle de la luna frente a un panorama de soledad inconmensurable.Era su purgatorio.

Florencio despertó agitado, se palpa los brazos y sentado admitió que el sueño había sido muy real y francamente execrable y ominoso.

“Como mi vida,” pensó Florencio mientras pensaba seriamente en reparar los daños cometidos.“Es que la vida es tan alta y tan alta que para alcanzarla es preciso morir, para luego existir, para luego existir,” se dijo disponiéndose a establecer un programa de becas para niños pobres sin recursos, y establecer santuarios para inmigrantes perseguidos por la Guardia Nacional y la Migra.

Fue un sueño, pero tan auténtico.

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

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