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Luzmira Fuenzalida Figueroa ha despertado esa mañana con un sabor de felicidad…

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Soñar no Cuesta Mucho …es gratis


Luzmira Fuenzalida Figueroa ha despertado esa mañana con un sabor de felicidad y al mismo tiempo tristeza en su paladar superior, allí donde habita la lengua; músculo formidable con decenas de funciones además la de saborear los ricos mofongos que preparan en el restaurante Criollo Salsa.

Luzmira, para sus amigas “Luly,” ha pensado muchas veces en las maravillosas papilas gustativas que permiten distinguir los agrio de lo dulce, el sabor de la malanga a diferencia del dela yautía, lo frio de lo caliente, y lo rancio con lo fresco.

También recuerda el uso que le daban su abuela y su mamá a la lengua, a quienes les encantaba escribir y enviar cartas, utilizando la saliva de la lengua para impregnar y activar el pegamento de los sellos postales y los sobres, antes de que se popularizara la pega espontánea y el correo electrónico.

También la lengua la utilizaban con sus amigas para mostrársela como signo de desprecio y burla a los nenes que las molestaban en la escuela elemental; y para lanzar trompetillas como una forma de escarnio público. Pero no había que olvidar la importancia del músculo en el arte del bochinche y las comunicaciones a través de Radio Bemba.

Ahora Luly no recordaba como del hecho importante y trascendental que acontecería ese martes 31 de enero, su pensamiento había rematado en lo de la lengua.Ah, el sabor agridulce!

Si ahora se acordaba de lo que sucedería en ese día que se mostraba prematuramente primaveral y en el que se despediría para siempre de sus 35 años como ayudante de enfermera. Tanto tiempo.

“Parece que fue ayer” pensó rememorando su práctica profesional a fines de la esplendorosa década de los 70.’ Era aun joven, sin compromisos ni casada ni nada y se familiarizó rápidamente con los rutinarios turnos y los enfermos que desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer, han existido, existen y existirán hasta el momento en que dejen de existir momentáneamente debido a la otra dimensión todavía desconocida.

Las enfermedades no se conocían en el Paraíso hasta el incidente de la manzanita y la caída definitiva de la hoja de parra y el desmadre que dicen produjo Eva, aunque Adán no era un santito en esto de la carne.

“No quiero pensar ahora en filosofías ni teologías”se dijo Luzmira preparándose para otro día, el ultimo.Había jurado que no se emocionaría yno le agradaban las fiestas de despedida, la comelata ni la bebelata.

Simplemente se reuniría con dos de sus colegas íntimas en el modesto DD localizado a unos pasos del Hospital de Yale donde también asistiría la doctora Moreno con la que les unía una amistad que conoció buenos y malos momentos.

Se había puesto un vestido de gala para la ocasión, cuando sonó su celular y una voz informándole que en las afueras del complejo del departamento esperaba ya la limusina.Limusina?Se asoma por la ventana segura de que se trataba de una equivocación, pero no, allí estaba el vehículo de un color marfil y el chofer que se distraía limpiando los focos delanteros.

Pensando en una trampa, quiso llamar a la policía, pero la llamada de su amiguita Olga la tranquilizó.Esto era parte de una sorpresa que organizaron para el último día. Oh Dios!

El chofer acudió rápido para abrir la puerta del complejo y la del elegante vehículo en cuyo interior estaban sus amigas que aplaudieron y corearon la canción, “Luly es una buena muchacha, Luly es una buena muchacha, Luly es una buena muchacha, y nadie lo puede negar.”

Entre abrazos, flores y besos, el vehículo se dirigió al hospital pero en vez de enfilar hacia el pabellón de Oncología, sus amigas la llevaron sonrientes y bromistas a un salón de conferencias que habían adornado con su foto tamaño natural, además de flores, guirnaldas y música ambiental.Allí se encontraba el administrador general acompañado de los supervisores y supervisoras que le abrazaron deseándole un feliz retiro.

Pero lo que mas llamó la atención de la emocionada Luzmira Fuenzalida Figueroa fue la presencia de cinco de sus ex pacientes que habían sobrevivido el cáncer y que le presentaron un hermoso mosaico multicolor en el que habían tejido un ángel.Debajo de la figura estaba el nombre “Luzmira.”

En ese momento Luly no pudo contener las lagrimas y pa’ rápido el director del hospital que usaba chalina de lazo; le dio un abrazo diciendo en español para que todos los presentes escucharan.

“Luzmira, tu nombre nos evoca la luminosidad de algunas personas que al igual que tu portan el aurea de la bondad y el amor y nos la comunican con generosidad plena.En este aniversario de 35 años de trabajo arduo debido al aumento de los casos de cáncer en las mujeres; has sido la luz del equipo que tiene como misión sembrar esperanzas en aquellos afectados por la enfermedad.Ahora que sabemos mucho mas de los efectos del estrés en las madres y la conexión entre la ansiedad y una disminución de las defensas inmunológicas de nuestros cuerpos; el trabajo de ustedes, es parte integral de un buen tratamiento ya que hacen sentir a las enfermas estimadas, queridas y capaces de luchar en contra del flagelo,” dijo Mr. Wazi quien anunció la entrega de un bono especial como obsequio a Luzmira; y dos pasajes para viajar a Puerto Rico con alojamiento en una suite del Caribe Hilton, incluido el alquiler de un vehículo para que visitara la isla.

La llegada de la alcaldesa y representantes de los medios de comunicación creo una pequeña y agradable conmoción ya que a través de un decreto municipal, se otorgaba a Luzmira un Certificado al Mérito.

Pero eso no era todo.En un momento dado entró al salón su hermana Benigna y la sobrinita Leonora que había llegado desde Puerto Rico en la línea JetRed.

Allí Luzmira sintió que quería llorar mucho, pero de felicidad.Esa sorpresa había transformado el sabor agridulce, en uno exquisito, gustoso y sabroso como un flan navideño.

Se despertó llorando y con el alma llena de energía positiva.  Después en su vehículo y camino al hospital en su último día de trabajo pensó que más allá de los bonos, limusinas, palabras, viajes y otros incentivos; lo que mas le había impresionado en ese sueño feliz, había sido el reconocimiento al trabajo realizado.

“Sentí que no era algo prescindible y reemplazable; sino que una persona que desempeñó su trabajo humilde con amor y honor.Lo demás era importante, peor no tanto,” se dijo evocando el amable sueño de su último día.

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

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