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¡SOMOS DIFERENTES!, por Jorge L. Limerez Gregory

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“No somos mejores, pero jamás pienses que somos peores. Tienes que entender que somos diferentes y si puedes comprender las diferencias entre unos y otros entonces podrás entender a la humanidad”. Así me despachaba mi abuela cada vez que cuestionaba la conducta de otro ser humano.

El IV Clásico Mundial de Béisbol se celebró en diferentes partes del mundo en un intento de la organización de béisbol de grandes ligas de promover y expandir este deporte por el mundo entero. Loable gesto si no fuera que no es tan altruista como pretende ser, pues los objetivos comerciales de los organizadores prevalecen sobre el sentido deportivo de los eventos. Pero no escribo esto para cuestionar a los señores del béisbol de grandes ligas, que de por si tienen sobradas historias de dudosa moralidad.

Yo entiendo a los ejecutivos y dueños de esa  millonaria empresa comercial, después de todo vivimos en un mundo donde el capital dicta lo que se hace y produce grandes dividendos. Son muchas las personas de escasos  recursos que han tenido éxito en sus vidas deportivas y el deporte ha sido el vehículo para muchos de salir de una vida de estrechez económica ampliando para otros  su visión de la vida.

Aunque nunca tuve la capacidad física para desarrollarme como atleta, el deporte tuvo un valor intrínseco incalculable en mi formación como ser humano. Valores como lealtad, honestidad, amor a la Patria, disciplina, compromiso y justicia entre otros han dictado mi paso a través de la vida y esto ha sido así por lo aprendido en el deporte. La ausencia de estos valores en otras personas no las digiero bien, pero siguiendo la premisa de mi abuela, trato de entender la conducta, para mi reprochable, de otros. Aclaro que entender no es aceptar y esto me trae al tema del béisbol y la actuación y conclusiones de algunos en el IV Clásico Mundial de Béisbol.

Me refiero en específico a los  comentarios de Ian Kinsler y de Adam Jones, ambos jugadores del equipo que representa a los Estados Unidos de América. El primero, Kinsler le comentó al periódico New York Times luego de la victoria estadounidense que “él esperaba que los jóvenes que hubiesen estado viendo el Clásico de Béisbol pudiesen ver la manera que los estadounidenses jugaron el juego de forma contraria a como lo juegan los equipos puertorriqueños y dominicanos”. Añadió Kinsler “eso no es quitándole nada a ellos. Esa es la manera en que fueron criados. Fueron criados diferentes a demostrar pasión y emociones cuando juegan…nosotros demostramos pasión, pero de una manera diferente.”. Adam Jones, capitán del equipo estadounidense criticó públicamente que en Puerto Rico se anunciara una caravana de bienvenida al equipo boricua aun sin saber el resultado del juego de campeonato. Al Sr. Jones le explicaron que el recibimiento a los atletas puertorriqueños era una demostración del cariño, admiración y respeto de una nación que atesora a sus embajadores deportivos. Inclusive yo me sentí muy orgulloso de que mi nieta (de 4 años) fuera sacada de su clase de música y en los hombros de su profesora pudo ver la caravana de seguidores de los atletas nacionales. Los jóvenes estudiantes del Conservatorio de Música de San Juan, debajo de un tremendo aguacero, detuvieron a los jugadores de béisbol y los obsequiaron con el himno nacional puertorriqueño. Mi nieta, ya curtida veterana con sus cuatro años en cuestiones de recibimientos (su primero fue el de Mónica Puig- la tenista del oro olímpico) comenzó su educación entendiendo las diferencias y que el deporte une y no excluye.

Así somos nosotros, así somos en nuestra nación. Nos entregamos con pasión y emoción. Para bien o para mal somos diferentes. Lástima que el Sr. Jones no entienda esto o no quiera hacerlo pues él ha sido un activista en contra del discriminen racial en los Estados Unidos pero cae en la encerrona de no ver más allá del patio trasero de su casa. Igual que su Presidente Tremp y sus líderes políticos. A Ion Kinsler yo lo entiendo, pero hace mucho tiempo atrás me dijeron que no perdiera el tiempo con explicaciones a mojigatos ignorantes.

Pero no todo  está perdido. En un periódico puertorriqueño (El Nuevo Día) el Sr. Doug Glanville, exitoso jugador de béisbol en las Grandes Ligas, ya retirado y analista de deportes en ESPN contestó los comentarios de Jones y Kinsler en un artículo sobre su experiencia en el béisbol caribeño de Puerto Rico. Nos relata el jugador afroamericanos que su estadía por dos años en Mayagüez fue un punto clave en su desarrollo como atleta ya que llegó a Puerto Rico “como un prospecto que su carrera se desvanecía” y “regresó a los Estados Unidos como alguien que podía jugar a diario.”

Pero Glanville continúa diciendo que a pesar de ser seleccionado jugador Más Valioso del Torneo, de jugar con el equipo campeón y estar en el juego de estrellas, no fueron los números lo más importante que le ocurrió. Nos dice Glanville “que su actuación en el Caribe estuvo al más alto nivel,… pero los premios no fueron su mejor obsequio”. “El verdadero regalo vino cuando la gente me hizo sentir que pertenecía a aquel lugar. Se me dio la bienvenida como hijo, una relación que no fue marcada por mi raza o mi color.” Quizás nos dice Glanville “los boricuas lo pueden explicar mucho mejor, pero imagino que tiene que ver con el hecho de darlo todo para representar su equipo, su ciudad, su país y ser uno solo, junto a la familia puertorriqueña.”

“Fue un hogar. Fue una lección de pensar en colectivo y no en primera persona; y por ello les debo todo”, terminó diciendo Glanville.

Gracias mi hermano, eso vale.

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