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“Busca la paz; y síguela, por Waldemar Gracia

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Vivimos en tiempos de muchos conflictos. Y estos conflictos se dan a todo nivel. Estamos a la expectativa de lo que vaya a pasar con Corea del Norte, con Rusia, con ISIS, con los Refugiados, etc. El problema es que a veces somos sólo espectadores de estas cosas y no pensamos que hay algo que tú y yo podemos hacer. Tú y yo podemos ser entes pacificadores en medio de tanta incertidumbre.

Salmo 34:14 nos dice: “Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela”. A todos nos gusta vivir y que nos dejen en paz. Pero la paz adquiere diversos significados dependiendo de quien está hablando de ella. Para algunos la paz es “que no se metan conmigo”. Para otros es “que no lo ocupen con problemas de otros”, “no hacerle daño a nadie”, “no meterse en lo que no le importa”, “vivir y dejar vivir”. Podríamos hacer una larga lista de posibles definiciones y aun así estoy seguro que alguien encontrará una que no hayamos considerado.

Como hemos indicado, a todos les gusta vivir y estar en paz. Pero este articulo no trata de la paz que a todos nos gusta tener y nos hace sentir cómodos. Trata de la paz que producen los pacificadores. El pacificador es aquella persona que procura el bienestar de los demás. Aquel que esta dispuesto a mediar, a facilitar, a resolver los conflictos que separan a los seres humanos. A veces el pacificador tiene que enfrentar la indiferencia y tal vez el menosprecio de los que el o ella mismo(a) trata de ayudar. El pacificador  no se enfoca en los problemas o en los defectos de los demás. El pacificador es el que busca y ofrece soluciones. El pacificador ve siempre posibilidades y alternativas.

El pacificador siempre está dispuesto a escuchar. Escucha sin desarrollar prejuicios y sin dejarse influenciar. El pacificador nos ayuda a lograr la paz interior primeramente, luego nos enseña a como comunicarla o transmitirla a los que nos rodean. La función principal del pacificador es ser agente de paz. Promover la reconciliación entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas, entre familiares y amigos. Todos necesitamos en algún momento de un pacificador en nuestras vidas.

Según la Biblia el pacificador es reconocido como un verdadero hijo de Dios. El pacificador hace la función o el trabajo de Dios por que es un agente de Dios para la paz. El pacificador no busca su propia gloria ni su propia fama. El pacificador solo se ocupa de que la paz pueda reinar entre los humanos tal y como lo quiere Dios.

¿Cuál es la paz que promueve el pacificador? No es la paz en términos humanos. Para muchos la paz es la ausencia de conflicto. O como decíamos al inicio “que no se metan conmigo”. La paz de Dios es la paz de conciencia. La paz de aprender a vivir con lo que tenemos. Aprender a vivir con lo que somos. La paz no nos conduce a un mero comodismo, conformismo o facilismo. Por el contrario cuando vivimos en paz podemos desarrollar nuestro potencial al máximo de nuestras posibilidades.

La verdadera paz, la paz que Dios nos da, nos llega a un verdadero disfrute de la vida sin ambiciones negativas o sin envidia destructiva. Nos permite gozarnos y ser felices con los pequeños detalles de la vida. La vida se aprecia mejor, las amistades se disfrutan mejor, todo nos va mejor en la vida. La paz nos conduce a una actitud positiva frente a los problemas de la vida. Nos permite presentarnos como personas que sabemos valorar las cosas en su justa perspectiva y valorar a las personas por lo que son como personas y no por lo que tienen.

Quiero terminar una pequeña historia que compartió conmigo mi amigo Joaquín hace algún tiempo. Creo que esta historia es un claro ejemplo de lo que te hemos estado tratando de decir.

La paz no se compra ni se vende

Un hombre rico y emprendedor se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado junto a su barca contemplando el mar y fumando apaciblemente su pipa después de haber vendido el pescado.

– ¿Por qué no has salido a pescar? -le preguntó el hombre emprendedor?

– Porque ya he pescado bastante por hoy -respondió el apacible pescador.

– ¿Por qué no pescas más de lo que necesitas? -insistió el industrial.

– ¿Y qué iba a hacer con ellos? -preguntó a su vez el pescador.

– Ganarías más dinero -fue la respuesta- y podrías poner un motor nuevo y más potente a tu barca. Y podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nailon, con las que sacarías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… Y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico y poderoso como yo.

– ¿Y qué haría entonces? -preguntó de nuevo el pescador.

– Podrías sentarte y disfrutar de la vida -respondió el hombre emprendedor.

– ¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? -respondió sonriendo el apacible pescador.

¿Quieres ser tú un pacificador? ¡Escríbeme!

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