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Parada Puertorriqueña, tiempo para reflexionar, reorganizar y unir

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La Noticia y su Comentario


La Parada puertorriqueña de Greater Hartford no se acaba sino que solamente se cancela temporalmente este año 2017 para tomar nuevos impulsos y reflexionar acerca de sus fines y objetivos.

De este modo Ana Valencia-Jackson lo presentó a la prensa después de un foro llevado a cabo el pasado sábado ocho de abril en el Centro de Recreación Samuel Arroyo del Parque Pope de nuestra ciudad.

La decisión se tomó por razones financieras y también debido a la necesidad de contar con más recursos humanos que asuman las tareas de organizar el concurso de candidatas al reinado del evento, las múltiples actividades de recaudación de fondos para financiar la actividad que reúne cada año a más de 50,000 espectadores, preparar el Festival del Coquí con el cual culmina el Desfile, llevar a cabo la publicidad, el baile oficial, y los solemnes izamientos del pabellón nacional de Puerto Rico en el Capitolio y la municipalidad.

Muchas tareas que por años han llevado a cabo un esforzado grupo de voluntarias y voluntarios.

Por este motivo criticar lo que se ha hecho no es lo más apropiado y las cincuenta respuestas enviadas por el sistema virtual ante la consulta que hicieron los organizadores se caracterizaron lamentablemente por un tono negativo y de crítica acerva.

La asistencia de una veintena de personas al foro ampliamente publicitado, tampoco fue un buen indicio de que las enormes tareas podrían efectuarse ya que es mucho lo que hay que hacer y aunque el pueblo responde asistiendo a observar el evento, no es lo mismo que estar involucrado o involucrada en la preparación previa que se inicia tres o cuatro meses antes de llevarse a cabo el desfile.

Pero también está el crucial factor económico representado por un conjunto de gastos que incluyen múltiples permisos requerido por la ciudad, el pago de horas de sobretiempo a la fuerza policial, y el alquilar las carrozas; cuestiones que fácilmente ascienden a $100,000 en el contexto de una ciudad que lucha desde hace años con graves problemas financieros.

En sus orígenes a fines de la década de los años 50’, la multitudinaria parada o para otros desfile puertorriqueño fue una modesta procesión en honor a la virgen que llevaron a cabo los feligreses de la parroquia del Sagrado Corazón y cuya trayectoria se hizo alrededor de esta legendaria institución religiosa, cuando el párroco era el dinámico Padre Segundo Las Heras y líderes como María Sánchez, Olga Mele, y comerciantes boricuas de la calle Main asumen las responsabilidades.

Según informaron estas personalidades en varias entrevistas a la prensa local, en su mente estaba la grandiosa parada puertorriqueña de Nueva York con la cual decenas de miles de puertorriqueños avecindados en esos tiempos en la metrópoli daban a conocer su presencia del mismo modo que lo hacían las comunidades irlandesa e italiana.

Con la pujanza de esos legendarios lideres decididos a llevar a cabo una verdadera Parada, estos se comunican con dirigentes de Nueva York y se familiarizan con el tema de alquilar las carrozas en Nueva Jersey y la ardua organización de este tipo de eventos masivos en la vía pública.

Este comité de Hartford se moviliza los días domingos en el automóvil del Sr. Cortez, dueño de una joyería que estaba localizada en la calle Main; y se dedican a visitar a familiares y amistades de otros pueblos creando así un grupo central que finalmente dio forma a un primer desfile “como Dios manda,” de acuerdo a una expresión de estos activistas también preocupados por la discriminación, el abuso policial y la ausencia de recursos de educación bilingüe en las escuelas.

Eran tiempos de lucha frente a la realidad no siempre acogedora de una ciudad de Hartford sospechosa de esa nueva inmigración de origen latina que hablaba otra lengua tan distinta a la inglesa, costumbres diferentes, pero con deseos de progresar y establecerse en Connecticut.

La primitiva presencia de los puertorriqueños se hacía notar en la histórica intersección de la calle Main con la Albany en la sección del Túnel, aunque muchas familias de los trabajadores del tabaco ya se mudaban a edificios de la calle Main y se asomaban al sector de Park Street/Frog Hollow.

Todo eso es ya una historia divulgada en periódicos de la época y que marcan el ascenso social y político de los puertorriqueños que poco a poco conquistaban con esfuerzo posiciones de influencia en la Junta de Educación de Hartford, el concilio municipal y posteriormente en la legislatura estatal.

El desfile en sus comienzos se llevó a cabo solamente en la ciudad capital, pero posteriormente se turna en distintas ciudades del Estado como una forma de promover la presencia puertorriqueña no solamente en Hartford, sino que en New Haven, Bridgeport, New Britain, Waterbury y otros pueblos donde se desarrollaba y crecía la comunidad puertorriqueña y latinoamericana.

Esta fue una excelente idea ya que las delegaciones daban fuerza y un sentido de unidad estatal a lo iniciado.

Hoy día la única parada que sobrevive es la de Bridgeport y con la decisión de no realizar el evento en Hartford, queda mucho más clara la necesidad de regresar a la idea de una Parada que se vaya rotando en distintas ciudades para establecer lazos de solidaridad en momentos en que ha crecido la representación política y hay pueblos que requieren de este estímulo de la presencia de cientos de delegaciones.

De este modo, los esfuerzos comunes permitirían asumir mejor el cúmulo de tareas y demostrar el crecimiento de la comunidad.

Otra idea es incluir representaciones dominicanas, peruanas, y ecuatorianas, por nombrar algunas que podrían expandir la representación hispano parlante y establecer un sentido de solidaridad frente a un momento histórico en que se pretenden eliminar programas sociales, se ataca el bilingüismo, y se maltrata al inmigrante.

Estos pueden ser temas de reflexión para los próximos 14 meses y la oportunidad de recrear la visión original de la Parada Puertorriqueña de Connecticut.

103.5 FM - La Voz Radio

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