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Javier había quitado los cerrojos y desconectado el sistema de seguridad de la Funeraria…

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Soñar no Cuesta Mucho …es gratis


Javier Poncio Pezzonella había quitado los cerrojos y desconectado el sistema de seguridad de la Funeraria Dante localizada en la esquina de avenida Elm y Jefferson.La rutina diaria comenzaba y en su mente organizada y sistemática repasó la bitácora de funerales y tareas para ese díalunes.

En esto pensaba Javier Poncio cuando escuchó el campanilleo de la puerta que se abría por primera vez en aquel día gris del mes de junio.Levantó sus ojos desde la agenda, y vio acercarse a su escritorio un hombre pálido de pelo rojizo que le saludó con un elegante movimiento de cabeza.

“En que le puedo servir, señor…” le preguntó Pezzonella a lo que el recién llegado respondió con un “Vasconcelos, Julián Vasconcelos,” replicó con una voz bien timbrada, pero agobiada por algún problema respiratorio.

-¿Y en qué podríamos servirle señor Vasconcelos? preguntó Pezonella señalando a Vasconcelos un mullido sillón de terciopelo gris algo desgastado por décadas de servicio.

-Quiero saber si ustedes hacen cremaciones.

Pezonella respondió afirmativamente, sacando de una elegante carpeta de cuero un catálogo que entregó al posible cliente. Este, poniéndose unas gafas de lectura, lo examinó con atención.

“Para su información, nuestra funeraria también se ha especializado en la técnica que denominamos Cadáver con Estilo y Ostentación o CEO en la que al cuerpo se le prepara de modo que muestre póstumamentealguna afición que le agradaba o que alguna vez soñó realizar pero no pudo debido a circunstancias fortuitas o simplemente a la brevedad de nuestra existencia que es ridículamente nimia comparada con el concepto de tiempo que se da en el espacio,” dijo el funcionario recordando al abogado que solicitó su cadáver fuese preparado cómo el de un policía en motocicleta, lo que representó un motivo de consuelo para los familiares y un éxito noticioso para los muchachos de la prensa que llegaron a observar este portento post mortis.

-Realmente no me interesa esa técnica CEO sino que prefiero la cremación,” dijo Vasconcelos.

-Señor Vasconcelos y desde ya le ofrezcos mis sentidas condolencias, ¿podría decirme quien es la persona que será cremada?

“-Pues, yo,” respondió el cliente.

“-Cómo no, en otras palabras usted desea evitar a su familia los pagos de la cremación y quiere dejar todo preparado para ese momento,” dijo el empleado disponiéndose a orientar a Vasconcelos en el proceso legal, los formularios y el costo, además de las disposiciones del cremado.

-Exactamente, pero en mi caso deseo ser cremado lo antes posible, respondió Vasconcelos.

Pezzonella sintió en ese instante una sensación semejante a la experimentada el día en que su novia le dijo en la intimidad que había tenido relaciones íntimas con un ángel cuando todavía era virgen..

Controlando la reacción de sus nervios, intentó dar a Vasconcelos una respuesta que estuviese enmarcada en un entorno lógico y tan racional como la rotación de los planetas y la Constitución de los Estados Unidos.

“Señor Vasconcelos, esto de ser cremado lo antes posible depende de usted, pero la condición ineludible es que usted haya muerto.Me imagino y perdonara que lo diga, tal vez sufre de una enfermedad terminal o no sé… ¿ha pensado en el suicidio?

Vasconcelos mostró de inmediato en su rostro pálido señales de frustración, y dos arrugar en su frente se tornaron más nítidas y profundas.

“Verá usted señor Pezzonella y para ser más específico, deseo que se me queme en vida, en otras palabras, yo llegó aquí, me desnudo y ustedes me ponen en el horno a 800 grados Fahrenheit. Sencillo, ¿no lo cree usted?

Pezzonella se había levantado esa mañana gris de malas ganas y lamentaba los dos procedimientos de ese día lunes en que hubiese querido quedarse en la cama leyendo los acontecimientos cómicos acaecidos recientemente en Washington.

Sin embargo, la presencia de ese sujeto le había tornado inseguro y en estado de alerta. Los oídos le zumbaban como si en su interior hubiese un desfile interminable de moscas de botadero. Tratando de mantener la calma; pensó por un momento responderle al personaje de un modo terminante y criollo.

“Mire usted, ¿cómo se le ocurre venir a joder con esto? Cómprese una pistola y la cosa es más fácil so cretino paradigma de la estulticia humana.”

Echando mano a su natural racionalidad y cortesía y olvidándose de la consigna de Funeraria Dante deque “el cliente siempre tiene la razón,” le dijo en un tono cauteloso pero tan firme como un decreto de ley.

-Mire señor Vasconcelos no sé si usted se da cuenta de los alcances de su petición.Nos solicita que cometamos un homicidio con premeditación y alevosía.Nosotros no cremamos a personas vivas, esto lo hacían los facinerosos nazis bajo las órdenes del sicópata Adolfo Hitler durante la segunda guerra mundial.

Vasconcelos había inclinado la cabeza y ahora sollozaba quedamente.

-Ya veo que tampoco usted me entiende.He ido a distintas funerarias en pero ninguna han consentido quemarme vivo,” dijo Vasconcelos con amargura.“Lo que pasa es que en mi vida he sido muy malo y merezco ser achicharrado en una hoguera como se hacía con las brujas de Massachusetts y Connecticut.Es que he sido en mi vida un perverso y los remordimientos me abruman. Por cobardía no hago lo que debería hacer,” agregó el sujeto que se había levantado suavemente cómo levitando y salía tal como había entrado, calladamente.

Ya a solas, Pezzonella pensó compartir la absurda experiencia enviándole un texto a su jefe, pero quizás era más conveniente llamar a la policía o al hospital siquiátrico. Sin embargo, además de tener el nombre del potencial suicida no contaba con suficiente información y en fin, ¿para qué perder el tiempo cuando dos cadáveres esperaban de sus servicios?

“Es que estos días, el tostado andaba en todas partes y es cosa de ver las noticias acerca del gobierno, ajjjjjjj,” se dijo recordando el caso de ese individuo que tomaba fotos a quienes salían de los cementerios para comprobar que no eran los espíritus de personas fenecidas.

 II

Ese martes el sol hacia resplandecer el verdor de los árboles y palmeras alegrando el espíritu.El servicio fúnebre del día previo fue concurrido y a las once de ese día martes se transportaría el ataúd del fenecido a la iglesia Nuestra Señora de los Vestigios y desde allí al cementerio Las Cruces de Espinal en Milford.La señora Teodora ya estaba en el proceso de hermoseamiento a cargo de Cirilo Lacomba, un experto que satisfacía con creces los pedidos de deudos y amistades del extinto o extinta.

Sonó la campanilla de entrada y vio nuevamente a Vasconcelos acompañado ahora de una moza vestida de negro y a un hombre que sería un familiar cercano.

“¡Buenos días señor Vasconcellos, veo que ha regresado!,” le dijo afablemente Pezzonella al maniático que el día anterior solicitaba ser cremado vivo.

-Perdóneme y debe haber un mal entendido.Yo me apellido Vasconcelos para servirle, pero ésta es la primera vez que vengo a esta funeraria…usted me confunde con otra persona,” dijo el recién llegado.

-Discúlpeme usted, pero es que precisamente ayer como a esta misma hora, llegó aquí un señor que se presentó como Julián Vasconcellos con una solicitud muy especial,” replicó el ahora turbado Pezzonella.

Los visitante se miraron entre si y después clavaron sus ojos en el empleado que escuchó como viniendo desde la lejanía.

“-Lo que usted dice es imposible y espero que no nos esté jugando una mala broma,” dijo Vasconcelos con seriedad y rostro severo.

Pezzonella se ofendió y pensó responderle con una pachotada pero controló sus impulsos.

“Señor Vasconcelos nosotros somos profesionales y leaseguró a usted y a sus acompañantes que ayer estuvo aquí mismo el señor Julián Vasconcelos solicitando que le cremáramos vivo porque era muy malo.Por supuesto que no hacemos eso, se lo explicamos y se fue.Cuando le vi pensé que era usted,” dijo Pezzonella.

Las tres personas se miraron nuevamente y conversaron en voz baja.La joven comenzó a sollozar y el otro Vasconcelos le dijo finalmente lo que había.

“Discúlpeme señor Pezzonella, pero debo informarle que soy el hermano gemelo de Julián quien expresó tajantemente en su testamento que deseaba ser cremado.El asunto es que murió en un accidente de automóvil el sábado por la noche y ahora hemos hecho los trámites para sacarlo de patología y proceder al proceso de cremación.Realmente nos parecíamos de una manera notable.Ahora no me explico esto de que haya venido ayer, pidiendo que lo cremaran vivo.No dudo de lo que usted me dice pero por otra parte me sorprendió que usted supiera mi apellido.Realmente es inexplicable,” murmuró Elias Vasconcelos que le miraba ahora con tristeza y azoramiento.

Javier Poncio Pezzonella pensó en excusarse para ir al lavamanos y mojarse la cara. Aunque no bebía desde hacía veintidós años, deseó tomarse un vaso de coñac.

Todo esto era como un sueño.

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