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¡OTRA VEZ!, por Jorge L Limeres Gregory

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Era una noche de pocas estrellas aquella del miércoles 11 de mayo del 1898. Eran cerca de las 9:00 PM y la ciudad capital de Puerto Rico estaba tranquila. Sus habitantes dormían apaciblemente esperando a que las campanas de la Iglesia de San José los despertara o el cantío de unos menos perezosos gallos les avisara que era hora de levantarse la madrugada siguiente. Esa noche, con todos los paisanos metidos en sus casas, lo único que interrumpía el silencio era el lamento de algún gato realengo que ya habitaba el lugar.

Los residentes del querido e histórico peñasco sanjuanero sabían que el día siguiente era un jueves cualquiera. Pero esto no fue así porque esa madrugada del 12 de mayo de los 1898 poderosos cañones de barcos estadounidenses abrió fuego indiscriminado contra la tranquila ciudad capital.

Este inesperado ataque dejó un saldo de casas impactadas, calles destruidas y miles de personas que tuvieron que huir ante ese cobarde asalto. Lo peor fue que también murieron 12 ciudadanos y otros cincuenta y uno resultaron heridos. El responsable de este criminal asalto fue el almirante William Sampson de la Armada estadounidense. Esta infamia fue solo un presagio de lo que nos deparaba el futuro.

Puerto Rico siempre estuvo en los planes de la conquista expansionista de los Estados Unidos de América. Hay sobrada documentación que así lo asegura. Pocos meses después de haber bombardeado a San Juan invadieron oficialmente a Puerto Rico. Muchas fueron las grandes promesas que los estadounidenses ofrecieron y muy pocas las que cumplieron, todas acondicionadas a la explotación local para enriquecer a los dueños ausentitas. Después de todas las colonias siempre han existido para servirles a los invasores de una manera u otra. Puerto Rico no es una excepción, lo único es que con el tiempo, con el  engaño y con un liderato local que estaba dispuesto a entregarle el alma al diablo los puertorriqueños han sido conducidos al borde del infierno. Desgraciadamente el tiempo y el camino llegaron a su final y el desenlace no luce muy halagüeño.

Ha llegado el momento crítico en nuestra historia como bien lo dijo Don Pedro Albizu Campos en el pasado: “Hay que definirse”. Ya no hay espacio para titubeos de ninguna índole.

El que no quiera oír que no escuche y el que no quiera ver que no vea. Los mensajes de desprecio por el imperio que nos controla son muchos. La falta de respeto, la violación de los más elementales derechos son demasiados. El continuo engaño, el descarado robo y menosprecio de nuestros recursos se multiplican cada día. Solo los miserables que se nutren del dolor de sus hermanos pueden aceptar tanta afrenta.

Hoy tenemos una mal llamada Junta de Supervisión Fiscal que decide el presente y el futuro de los puertorriqueños. Realmente es una Junta con poderes absolutos sobre todo lo que existe en Puerto Rico. Una dictadura impuesta por el gobierno estadounidense y dirigida por Natalie Jaresko, una ucraniana, nacida en Chicago, ex empleada del gobierno estadounidense, que adquiere su ciudadanía ucraniana en el mismo día que fue nombrada Ministro de Finanzas de Ucrania. La Sra. Jaresko recibirá un salario de $625,000 anuales, gastos de relocalización, de seguridad y de viaje (viajará a Ucrania mensualmente). Esta señora se une a Julia Kelleher, otra estadounidense que fue designada a dirigir el Departamento de Educación, como si en Puerto Rico no existieran personas capacitadas que conozcan la idiosincrasia del pueblo y que puedan hablar su idioma.

En Puerto Rico no hay alivio al deterioro que existe y las esperanzas son inexistentes.

El gobierno estadounidense ha sido, quizás por primera vez en la historia de nuestras relaciones, claro y obvio con nosotros para que no haya margen a interpretaciones o dudas.

A pesar de esto los que todavía creen en la estadidad continúan aferrados al muerto que agoniza y que ni un milagro divino lo salvará. La mayoría del pueblo estadounidense, dejando al lado las falsas pretensiones, no saben dónde estamos ni les importa un bledo. Desconocen nuestra historia y de nuestra relación con los Estados Unidos de América saben menos. No debemos sorprendernos cuando algún legislador hace una pregunta estúpida acerca de nuestro país. Si no saben que ocurrió en el 1776 en las colonias norteamericanas como van a tener una idea de lo que es Puerto Rico y los que saben algo poco les importa la Isla.

Pero tenemos muchos en la Isla del Encanto que profesan su amor incondicional a sus “benefactores” norteños. Estos enajenados, o sufren del síndrome de la mujer abusada o defienden con tesón, como aves de rapiña la carroña de que se alimentan.

Los colonialistas (Populares que defienden la colonia) son  iguales que los primeros, pero a diferencia de estos no tienen la espina dorsal para defender lo uno ni lo otro. Son frágiles objetos que se dedican a esquivar confrontaciones, incluyendo la más importante: su identidad política. Estos Populares algunos días se visten de grandes defensores de la justicia y al siguiente se disfrazan de frágiles plumitas que se acomodan donde los lleve el viento.

Entonces hay otro grupo que reclama con voces de galán de novela que son soberanistas. Estos híbridos tienen que tomar decisiones, se identifican como Populares, pero ese partido los rechaza. Reclaman ser independentistas pero atados a la ciudadanía estadounidense. Cada día aparecen con sus pataleos de mujer u hombre abusado pero no rompen con el objeto de su desgracia. Ya no hay espacio para tanto culipandeo.

La única alternativa lógica, decente y conveniente para los puertorriqueños es la independencia y nadie de ningún sitio nos puede ordenar lo contrario.

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LA CARICATURA DE REINALDO

LA VOZ HISPANA RADIO - WNHH 103.5 FM

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