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Ideales, por Jorge L. Limeres Gregory

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“Lo primero que aprende el colonizado es a quedarse en su lugar.”
Frantz Fannon

Lo ideal es algo abstracto que es parte del imaginario humano. Se podría definir como algo que no tiene existencia física, inalcanzable, ficticia que solamente existe en la mente humana. También se podría definir como ese conjunto de convicciones o creencias que rayan en lo perfecto.

Desde que yo era niño (y yo tengo más años cumplidos que Matusalén) yo escuchaba en todas partes de mi Puerto Rico discusiones interminables entre familia, amigos y vecinos sobre ese importante asunto nacional, el estatus político de mi archipiélago, siempre terminando dichas  discusiones en nada. Este importante asunto lo llevamos discutiendo por más de 200 años y todavía no “llegamos a primera base”. Aquellos encendidos argumentos eran para mi capsulas de aprendizaje y motivación que luego de salir de mi niñez me condujeron a romper con los parámetros de una enseñanza insulsa y ceñidas al texto clásico.

Aún recuerdo con cierta nostalgia las “graves acusaciones” de los “republicanos” que acusaban a los independentistas de ser “idealistas” y no tener los pies en la tierra o cuando los “populares” acusaban a los anexionistas de venderse “por unas migajas de pan” y terminaban la discusión con un “ ustedes no son más que unos trapos de republicanos”. Aquella frase parecía la más insultante de todas porque parecía ofensiva hasta para los anexionistas. Sin embargo recuerdo que tanto “republicanos” como “populares” siempre clarificaban que ellos favorecerían a la independencia pero que era un “ideal” no alcanzable indicando como para justificarse, que no querían ser repúblicas al estilo de Cuba, Nicaragua o República Dominicana.

Ha transcurrido el tiempo pero la discusión sobre nuestro estatus nunca ha cambiado. Lo interesante es que tanto los “populares”, como los anexionistas e independentistas continúan reclamando el derecho que su “ideal” es el mejor y que nos traerá incontables bienandanzas.

Los defensores del Partido Popular Democrático en los años ‘40 alcanzaron el poder político con una serie de engaños monumentales que con el pasar del tiempo salieron a la luz pública. Esos entuertos terminaron sepultando en la ignominia a sus propios creadores. Los llamados “populares”, cómplices de los intereses capitalistas estadounidenses, llegaron inclusive a favorecer en su discurso la independencia para Puerto Rico para luego convertirse en verdugos de estos con actos criminales y violando derechos civiles a miles de puertorriqueños. Todo esto en conformidad y complicidad con las agencias de seguridad estadounidense.

Los “populares”, a modo de ejemplo, lograron una de sus metas al bajar las tasas de desempleo en Puerto Rico. Esto fue así luego del absurdo abandono de la agricultura y de entregarle a extranjeros  inversionistas toda clase de beneficios. El pequeño comerciante nacional fue desplazado y los obreros agrícolas fueron “estimulados” a abandonar su nación para alquilarse a precio de “baratillo” en tierras inhóspitas.

Otro glorioso ejemplo del “ideal popular” fue cuando los Estados Unidos de América (el paladín de la “democracia”) le impuso a los puertorriqueños la tramoya del Estado Libre Asociado creando ante la opinión pública mundial la falsa entrega de poderes políticos que permitía un mayor grado de soberanía. Impusieron su engaño por espacio  de 65 años de ilegítimo contubernio. Recientemente los poderes legislativos, judiciales y ejecutivos estadounidense le patearon el trasero a los todavía creyentes del Estado Libre Asociado. Fueron los mismos estadounidenses que pusieron fin a la farsa que habían representado por tantos años sin excusa alguna y con la usual prepotencia a la que nos tienen acostumbrados. Los gemidos que se escuchaban en Washington dieron margen a que el imperio le achicara la cadena a Puerto Rico con una Junta Fiscal con poderes absolutos, retrocediendo la Isla al siglo XIX de la colonia española.

El “ideal” del Estado Libre Asociado finalmente fue sepultado y para los ilusos que lo defendieron ya no existe la fantasía que nos llevaron a vivir unos gobernantes que le pagaron a nuestro noble pueblo con una  denigrante canallada.

Entonces está el otro “ideal” que algunos llaman estadidad o anexionismo. Los que defienden esta posición son los extremadamente confundidos ya que llevan cargando lo que yo me atrevo a llamar una “deformación genética – política” conformada por tres factores: un aterrador miedo a ser libre, una auto estima anómala y una rapacidad obsesiva por poseer o creer que posee poder o bienes. Estos que dicen defender el “ideal” de la estadidad tienen posiblemente en el subconsciente un desprecio por lo que son, que solo es superado por lo que sienten sus amos del norte por los puertorriqueños. El “ideal”anexionista de entregar su patrimonio, su identidad, sus costumbres y su gente no tiene límites, ya sea inconscientemente o por pura conveniencia económica sustentado por ese apetito voraz al poder. Este individuo es el que goza el triunfo de cualquiera menos del que es  puertorriqueño. Es el que poco le importa destruir a su nación si eso conlleva complacer al extranjero. Es el que vive una enfermiza relación comparable con el síndrome de la mujer abusada o el síndrome de Estocolmo teniendo en sus manos una fácil solución comprando un pasaje aéreo y trasladarse a cualquier parte de los E.U.A.

En la próxima columna discutiremos el  “ideal “de la independencia  explicando cual es el único y legítimo “ideal” para todos los puertorriqueños.

Los humanos han tenido una capacidad enorme de asimilar y ajustarse a los destrozos de las fuerzas naturales y también lo han hecho contra la barbarie de la lucha del hombre contra el hombre. Hemos sobrevivido aunque siempre para caer en el siguiente ciclo histórico. Hemos tropezado con la misma piedra cientos de veces. No hemos aprendido o quizás sufrimos de esa amnesia que sufren los políticos de todas las épocas.

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