En vivo LIVE

Publicidad

Columnistas

Rogelio Santiago está frente a la puerta de color azul…

Share on print
Print
Share on email
Email
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Soñar no Cuesta Mucho… es gratis

Rogelio Santiago está frente a la puerta de color azul que empuja con suavidad, ingresando al cuarto de un enfermo que yace en una cama de color inmaculadamente blanco.  No hay aparatos médicos para controlar la presión, medidores de signos viales, ni sueros, solamente una silla cercana a la cabecera de un hombre ya mayor que podría ser su abuelo.

  “¿Cómo se siente?” pregunta casi en un susurro acostumbrando su vista a la habitación casi en penumbras y en cuyas paredes no hay réplicas de pinturas con paisajes de montañas verdes, cielo de un suave tono azul, y alguna nube adornando el firmamento. 

  “No muy bien, no muy bien.  Estoy tan cansado de impostores,” responde el enfermo con una voz aún poderosa que retumba entre las cuatro paredes.

  “¿Impostores?” pregunta Rogelio pensando en los embaucadores, farsantes y mentirosos que aparecen cada día en la primera página de periódicos y revistas.  “Seguramente se refiere a alguno de ellos,” se responde a sí mismo.

  “Si, aunque debiera ser “el” impostor y “el” falsario, ya que es solamente “uno” con múltiples voces que confunden,” respondió el enfermo. 

  Con una señal de su mano, pidió a Rogelio que abriera un poco las persianas.

  “Pero los hipócritas, tramposos, engañadores, y embaucadores han existido siempre en la historia.  Recuerdo que en la Biblia los malos hermanos vendieron al benjamín de una familia porque estaban invadidos por la envidia…creo que la víctima se llamaba José,” dijo Rogelio, escuchando la respiración algo agitada del alicaído paciente que parecía haber pasado la noche en vela.

  “Tienes razón Rogelio, Dios los cría y el demonio los junta como dicen, tienes razón, pero ahora es distinto y todos estos embustes me tienen cansado.  Ahora una de las voces del enemigo está haciendo un llamado a otra Guerra Santa, la creación de muros, los bombardeos, y lo que más me hiere, es su aspecto de misionero de la Paz, esta palabra tan manoseada, ajada y restregada por manos de asesinos y genocidas.  Acuérdate Rogelio que incluso le han dado el Premio Nobel de la Paz a conocidos promotores de la muerte, imagínate…” dijo el enfermo y Rogelio hubiera querido cambiar de tema ya que notaba como la voz del anciano se agitaba como la cima de los árboles en esas noches tormentosas descritas por Edgar Allan Poe.

  “¿Pero que más se puede hacer?  Usted determinó que el humano tendría el privilegio de escoger entre el bien y el mal, la mentira y la verdad, la paz y la guerra, la compasión y la impasibilidad, la justicia y la injusticia…” agrego Rogelio acordándose de grandes hombres que predicaron el respeto al prójimo, pero también a los otros que obnubilados por el poder, la ganancia injusta y las riquezas de este mundo, atropellaron o eliminaron a los más débiles.

  “Yo creo que estamos retrocediendo Rogelio y la maldad está suelta corroyendo los mismos cimientos de lo que somos como humanidad,” manifestó el paciente de barba blanca y rostro marcado por profundas arrugas.

  “¿Es posible hacer algo?” preguntó Rogelio mientras mentalmente buscaba soluciones. 

  “No sé qué decirte. Siento frustradas mis esperanzas y tengo esa sensación de derrota e impotencia,” replicó el paciente que miraba el inexpresivo cielo raso de la habitación.

  Rogelio pensaba en tantos conflictos en la historia del mundo, las sangrientas invasiones, las guerras “santas,” la división mortal entre pueblos con distintos dioses, la ambición de los reyes promotores de conflictos bélicos, los campos de concentración, el lanzamiento de bombas de exterminio, el napalm, aquellos que acumulaban riquezas fabricando gases mortales y ahora esto: un consejero de la guerra de exterminio a nombre de Dios creando más exterminio ya que así había sido y seguiría siendo la historia.

  Quiso decirle todo eso al desesperanzado paciente pero no era necesario.  ¿Cómo animarlo? ¿Rezar por él? ¿Hablarle de aquellos que murieron forjando la paz? ¿Pedirle… a Dios?

  Se sentía incómodo en la silla y le acometió un deseo de dormir y olvidar.  Quizás en el sueño podría descansar de todos esos pensamientos que agobiaban al paciente.

  Había llegado la hora del fin de las visitas notando que el anciano dormía con el seño fruncido por los pensamientos. 

  ¿Se sentiría responsable por todo lo que sucedía? ¿Era de El la culpa?

  Se levantó sin hacer ruido aunque el piso parecía amortiguar sus pasos y lanzó una mirada de despedida al enfermo. 

  Caminó por un pasillo interminable y finalmente llegó a la puerta de salida.  Admirando el atardecer, comenzó a descender por la colina que llevaba al Valle.

  Realmente sentía pena por Dios admirando sus colosales e inconmensurables responsabilidades en ese universo donde crecían las estrellas.

  El terrible resplandor semejante al brillo matinal del astro rey surgió inusualmente desde el sur y Rogelio entendió que había llegado la hora.

  ¿Otro sueño, pesadilla?

JDB

103.5 FM - La Voz Radio

Clasificados

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

Siguenos

La Educación No Espera

La Educación de nuestros hijos no puede esperar. Ellos necesitan seguir aprendiendo: en la escuela, desde casa o de ambas formas.

El Departamento de Educación de CT está trabajando con cada distrito, para asegurar la salud y seguridad de estudiantes, maestros y personal de cada escuela.

Un mensaje del Departamento de Educación de Connecticut.

Te puede interesar Noticias Relacionadas

La Voz Hispana TV

Scroll to Top