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Gladys N. Hernández (Doña Gladys)

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Por Claudia Hernández y Mar Celina Sierra

HARTFORD.- Gladys N. Hernández fue una mujer extraordinaria que vivió una vida plena, llena de amor, éxitos y retos.  Fue esposa, madre, hija, hermana, tía, abuela, educadora, mujer activista, líder comunitaria, defensora intachable de los derechos de los niños y la mujer y  humanista por excelencia, sin duda una vida bien vivida.  Gladys era dueña de la oratoria en español e inglés.  Su palabra trascendía los límites de la elocuencia con profunda sabiduría deleitando el espíritu del oyente e inspirándole el pensamiento hacia las causas justas.  Su rostro y su sonrisa reflejaban la alegría de vida que nos da el amor, el cual compartía a granel, no sólo con su familia, sino con todos los que tuvimos la dicha de conocerla.  Gladys N. Hernández nació el 4 de marzo de 1923 en Ponce, Puerto Rico y falleció en paz la mañana del 25 de mayo de 2017 a la edad de 94 años en la ciudad de Hartford, Connecticut. 

 En el 1923, a la tierna edad de seis meses, Gladys, sus padres y su abuela llegaron en barco a Nueva York.  Su madre Carmen Pérez y su abuela Carmen López de Victoria, estuvieron a cargo de su crianza. De niña, Gladys fue educada en la Escuela P. S. 170 M, donde aprendió inglés.  Luego en su adolescencia, Gladys asistió a la Escuela Secundaria de  Música y Arte de New York.  Estudió ópera y cantaba arias en francés y alemán.  Su rostro se iluminaba cuando recordaba su presentación en Carnegie Hall: “y las luces se encendieron y todos estaban de pie aplaudiéndome.”   Ella creía  que todos los niños debían sentir y experimentar el aprecio y la celebración de sus logros por familiares y amigos en su comunidad.  A principios de 1940, Gladys trabajó en la Biblioteca Pública de Nueva York como narradora en la sala para niños, y según cuentan, acostumbraba desdoblar su corazón en cada historia que les leía.  

En 1947, Gladys conoció el amor de su vida, George H. Hernández, Jr., y en julio de 1948, se casaron, su romance duró 66 años.  Gladys y George tuvieron cinco hijos/as (George III, Charles, David, Andrea y Claudia), de ese fruto afloraron cinco nietos (Olivia, William, Cecelia, Hunter y Addison.)  Ella consideraba a cada uno de sus hijos/as y su nietos/as, una perla de su gran tesoro.  En su hogar la mesa reflejaba el concepto de las naciones unidas, en ésta se alimentaba el cuerpo y el espíritu de su familia, vecinos y amigos en agradecimiento y celebración de la unidad y la vida.  Gladys y George representaban la realeza de nuestra comunidad por sus virtudes humanísticas y porque eran excelentes bailarines de salsa.  

De 1948 al 1963, Gladys crió sus hijos, continuó sus estudios y trabajó de noche en la compañía de seguros Aetna.  Obtuvo su título de Bachiller en español en Hunter College en Nueva York, seguido por su Maestría en Educación en St. Joseph College en West Hartford, Connecticut y finalmente su Certificado de Sexto Año de la Universidad de Hartford.  En 1969, su sueño de ser maestra se hizo realidad, fue reclutada como Maestra Bilingüe de primer grado en la Escuela Barnard Brown de Hartford.  Años más tarde, se

convirtió en la Coordinadora Auxiliar de la Escuelita Bilingüe Ann Street de Hartford y muchos años más tarde, regreso a su salón de clases como maestra de estudiantes bilingües de primer grado hasta su jubilación en el 1992.  Gladys lucho por los derechos de los niños en la ciudad de Hartford.  Ella dejó en claro la importancia de que cada niño tuviera las mismas oportunidades de recibir una educación de excelencia.  Gladys fue una testigo de gran elocuencia para la Corte Suprema de CT en la demanda de derechos humanos y civiles conocida como “Sheff vs. O’Neill”, que dio lugar a la histórica decisión sobre los derechos de los niños a la educación no segregada.

Cada vida maravillosa viene acompañada de un puñado de tristeza.  En abril de 1988, Gladys se entera que su hijo mayor George, fue diagnosticado con SIDA.  Ella y su esposo George volaron inmediatamente a California para estar con su hijo.  George III murió en diciembre de 1989.   Se necesita ser una persona muy fuerte para sobrevivir la pérdida de un hijo.  En 1992, Charles, otro de sus hijos, fue diagnosticado con el VIH y murió en marzo de 1993, el día antes de ella cumplir sus 70 años.  Gladys a menudo decía que era su fe en Dios, el apoyo de su amoroso esposo, su familia y amigos quienes le daban la fuerza para sobrevivir a ese tremendo dolor.  Como miembro de la iglesia Center Church of Hartford por más de 50 años, Gladys contaba con una familia en la fe para su fortaleza y sanación.  Fue una mujer comprometida con su iglesia, participaba en varias juntas y comités de ésta, y abogó fuertemente por más de 20 años para que la Center Church of Hartford se afirmara oficialmente.  Cuando la votación fue acertada con un “Si” rotundo, lloró de alegría!  

Durante toda su vida y luego de su jubilación, Gladys se mantuvo muy ocupada como voluntaria en varias organizaciones.  Ella fue miembro de la Junta de Directores de la YWCA de la Región de Hartford y de Las Niñas Escuchas del CT Valley, de La Casa de Puerto Rico, el Instituto de la Familia Hispana, la Asociación de Educación de CT, la Conferencia Nacional de Mujeres Puertorriqueñas, la Fundación Larrabee, el Club de Leonas y el Wadsworth Atheneum.  Gladys fue Presidenta de la Junta de Directores de Guakía y única Miembro Honoraria Vitalicia de Guakía (centro de arte, música y cultural para niños y jóvenes Hispanos en Hartford.)  Uno de sus grandes disfrutes era sentarse en primera fila durante el recital anual de los estudiantes de Guakía.  A Gladys le encantaba aplaudir apasionadamente a los niños en sus presentaciones de baile, música y teatro.  Su dedicación, compromiso y contribución para con la misión de tantas organizaciones comunitarias, no paso desapercibida.

Gladys fue merecedora de numerosos premios y reconocimientos.  La Junta de Directores de Las Niñas Escuchas del CT Valley le otorgó a Gladys el premio “Mujer De Mérito” en 1998.  En 1999, recibió un reconocimiento del CT Women’s Education and Legal Fund por su trabajo en pro del avance de los derechos de la mujer.  En 1992, luego de su jubilación, Gladys recibió “dos Cartas de Felicitaciones, una del Congreso y una del Senado de los Estados Unidos” en reconocimiento de su labor magisterial.  Ese mismo

año,  la Ciudad de Hartford le otorgó el premio “Educadora del Año”.   En 1997, Gladys recibió del periódico, The Courant el premio “Ciudadana del Año” por su aportación a la comunidad y a la estabilidad de la ciudad y su progreso.  En el 1996, recibió el premio “Walter J. “Doc” Hurley Sr.”, por su aportación a la comunidad.  En el 2012, Gladys recibió en el Latinas and Power Symposium, el premio “The Latina Lifetime Achievement Award”, acompañado de una citación oficial del la Asamblea General del Estado de CT, felicitándola por ser una voz constante en pro de los derechos de los niños, la mujer, los desamparados, y por su servicio a la comunidad.  Sin embargo, para Gladys el reconocimiento que más atesoraba y le llenaba el alma de regocijo, fue el premio “Living Waters”, que le otorgara The United Church of Christ, CT Chapter, por sus muchos años de fiel servicio a Dios y su comunidad.

Pocas veces tenemos la bendición de encontrar seres de luz dotados de paciencia, humildad, amor y sabiduría, que educan sin quejas, sin reproches, ni prejuicios, solo con su ejemplo de vida transforman la conciencia de los pueblos.  Agradecemos a Dios nos haya permitido tener a Gladys N. Hernández entre nosotros por 94 años.  ¡Descanse en paz nuestra querida Doña Gladys! 

A Gladys N. Hernández le sobreviven su hijo David Hernández y su esposa Sandie, su hija Andrea Hernández y su esposa Lisa Maturo, su hija Claudia Hernández, sus nietos Olivia Hernández, William Jackson, Cecelia Jackson, Hunter Hernández-Maturo y Addison Hernández-Maturo, su hermana Alice Laurita y el amigo e hijo adoptivo, Rev. Dr. James B. Herring.

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