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Las ocurrencias de un buen hijo, por Waldemar Gracia

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Estamos en los días en que celebramos el día de los padres. Día en que reconocemos lo que vale, lo que significa, pero sobre todo lo importante que es tener un buen padre en nuestras vidas. Hay muchos que, sin ser padres biológicos, hacen mucho más por sus hijos de crianza que si los hubieran engendrado. La relación padre e hijo ha probado ser una de las relaciones más importantes para el ser humano. El amor de un padre es incondicional. Un padre siempre está dispuesto a ayudar a sus hijos sin importar en la condición en que éstos se encuentren. 

Esto se ha demostrado en la forma y manera en que muchos hijos tratan a sus padres. A veces la actitud de un buen hijo puede hacer mucho por la felicidad de un padre. Muchos hijos reconocen los sacrificios que muchos padres hacen para poder echar hacia delante a sus hijos. Ser buen padre no es fácil, pero da buenos resultados educar y disciplinar (no maltratar) a los hijos. La disciplina a tiempo de seguro que les va a evitar muchos dolores de cabeza.  

La historia de Don Gonzalo y su hijo Gerardo trata de una relación entre padre e hijo muy especial. Aunque su hijo Gerardo no era perfecto, su padre lo amaba y él a su vez amaba a su padre.

Don Gonzalo era ya de edad muy avanzada y cada vez se le hacía más y más difícil hacer sus rutinas de trabajo en el campo. Cada año sembraba una gran hortaliza con la cual generaba los ingresos necesarios para su sostenimiento. Su esposa había muerto hacia algunos años. Gerardo, su hijo era el único que siempre le ayudaba. Desafortunadamente para esta época de siembra Gerardo estaba preso debido a problemas armas de fuego y dinero robado.

Don Gonzalo desesperado, sintiéndose muy solo decidió escribirle una carta a su hijo en prisión. En su carta quiso describirle la situación. La carta decía más o menos de la siguiente manera: 

“Querido hijo:  Me siento muy mal, triste y solo por no poder tenerte a mi lado. Parece que este año no podré sembrar la hortaliza. No me gusta que una tierra tan buena y tan fértil se eche a perder. Tu madre siempre disfrutaba este tiempo, pues siempre me acompañaba en los trabajos de la tierra. Ya me siento muy viejo para ponerme a arar el terreno y hacer tantos hoyos para sembrar tantas semillas. Yo sé que si tu estuvieras conmigo la cosa sería diferente, pues siempre te gustó trabajar la tierra y ayudarme en todo. Pero, aunque quisieras yo sé que no puedes hasta que salgas de la prisión.

Te quiere; tu padre.”

A los pocos días Don Gonzalo recibe una corta pero muy expresiva carta de su hijo en prisión. La carta de Gerardo decía más o menos así:

“¡Oh, padre mío por el amor de Dios, no se le ocurra cavar en el terreno! Sucede que siguiendo las líneas de todos los surcos yo cavé y escondí todo el dinero y las armas de fuego por las que me acusaron y por las cuáles yo estoy preso.”

Al día siguiente un contingente de 25 agentes del FBI y otro tanto de la policía estatal se presentaron en la finca de Don Gonzalo. Esto agentes trajeron una gran cantidad de equipo pesado y rastrearon todo el terreno e hicieron hoyos por todos lados. Tras un día completo de trabajo el contingente del FBI se dio por vencido pues no encontraron ni las armas de fuego ni el dinero. Luego de mucho esfuerzo y trabajo se fueron del lugar.

Don Gonzalo quedó muy confuso con todo lo que presenció ese día y decidió volverle a escribir a su hijo y contarle lo que pasó. Con lujo de detalles Don Gonzalo le relata todo a su hijo Gerardo todo lo ocurrido. Casi de inmediato su hijo le contesta su carta y le dice:

“Querido padre: Ya puedes sembrar las semillas para tu hortaliza sin problemas. Cómo pudiste ver hice todo lo que pude y a pesar de no poder estar presente logré que otros hicieran los hoyos en el terreno por ti y por mí. Ya para septiembre de este año estaré contigo y juntos recogeremos la cosecha.”

Esta historia nos enseña varias cosas. Que un padre ama a su hijo no importa donde éste se encuentra. A pesar de lo que hagan, siguen siendo nuestros hijos. Segundo, no importa cuán lejos o impedido se encuentre un hijo, con su buena actitud siempre podrá hacer algo por ayudar a su padre. 

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