En vivo LIVE

Publicidad

Columnistas

Cuando Dios guarda silencio, por Liliana D. González

Share on print
Print
Share on email
Email
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Así tituló un pastor el sermón del domingo por la mañana: “cuando Dios guarda silencio”. ¿Has sentido el mutismo insondable del Padre en la prueba? ¿Qué espera el Señor? ¿Por qué tarda en responder a las súplicas de sus hijos? Si algo he aprendido en estos años caminando con Cristo es a reconocer su silencio. Él no le habla ni se manifiesta a corazones exaltados y dubitativos. Dios no tiene inconveniente en bendecirnos, conoce nuestra necesidad antes de que la padezcamos, de hecho tiene un plan perfecto para glorificarse. El problema somos nosotros, es nuestra falta de fe la que nos aleja de sus propósitos, milagros y prodigios. “Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos” (Mateo 13:58).

El poder de Dios se activa por la fe. “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es remunerador de los que le buscan” (Hebreos 11:6 LBLA). Jesucristo declaró: «Si tuvieres fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible» (Mateo 17:20). También afirmó: «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo». Estas son poderosas promesa de nuestro Señor, lo único que necesitamos para recibirlas es ¡Creer! «Si puedes creer, al que cree todo le es posible», aseguró Cristo (Marcos 9:23).

En la Biblia hay un hermoso pasaje que ilustra cómo la fe de una mujer trajo sanidad a su cuerpo. Llevaba doce años padeciendo de flujo de sangre y gastó todo su dinero en médicos sin hallar la cura para su enfermedad. Cuando oyó hablar de la fama curativa de Jesús, creyó que Él podría sanarla, se abrió paso entre la muchedumbre que lo rodeaba, y por detrás tocó con fe su túnica, pues decía: “«Si tocare tan solamente su manto, seré salva». Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote” (Marcos 5:28-29).

Jesús, al darse cuenta de que había salido poder sanador de Él, volteó, y mirando a todos lados preguntó en voz alta: «¿Quién ha tocado mis vestidos?». A los discípulos les causó rareza la pregunta, porque la muchedumbre lo apretujaba, entonces “la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: «Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote»” (Marcos 5: 33-34).

No hay nada imposible para Dios. Antes de recibir un milagro primero debes creer. En el mundo espiritual las cosas suceden por fe. “La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver” (Hebreos 11:1 NTV). Antes de hacer una petición al Señor considera que esté de acuerdo con su voluntad, si es así, cree con todo tu corazón que recibirás el milagro que necesitas. Y si el Señor se tarda en responder, ten paciencia, toma en cuenta que las cosas suceden en el Kairos de Dios, en el tiempo oportuno. “Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman” (Santiago 1:12 NTV).

Todos tenemos momentos de duda, inclusive Jesús llegó a pensar que Dios lo había abandonado, no por incredulidad, sino al sentirse solo cuando su Padre guardó un profundo y sepulcral silencio. Es preciso que te convenzas de que si Dios está callado y parece sordo ante tu angustia es porque está probando tu fe. A pesar de que los discípulos convivieron con Jesús y vieron sus milagros, le dijeron: «Auméntanos la fe» (Lucas 17:5). Ora para que Dios aumente tu fe. No permitas que la incredulidad te robe las bendiciones que Dios ha prometido a quienes lo aman.

Te puede interesar Noticias Relacionadas

La Voz Hispana TV

Scroll to Top