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Despréndete de la insensatez, por Lic. Liliana D. González

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¿Has pensado cuántas veces al día actúas como un insensato? Si las contaras, te sorprenderías de la forma necia e irresponsable en la que te conduces diariamente. Hay una frase popular que reza: «como vaya viniendo, vamos viendo»; es una actitud mental negligente, porque nos dedicamos a despilfarrar, improvisar, holgazanear y dejamos de prever las necesidades inmediatas o futuras, asumiendo que se irán resolviendo de forma “milagrosa”, a la buena de Dios o del destino. Pensar así nos lleva a ser malos administradores de los recursos y de las bendiciones que recibimos del Señor.

El libro de la sabiduría enseña que la persona insensata “morirá por falta de instrucción, y por su mucha necedad perecerá” (Pr 5:23 LBLA). ¿Cómo reconocer a un insensato? La persona insensata carece de sabiduría, no gobierna sus emociones y muestra imprudencia en todos sus actos. Hay quienes se jactan de poseer inteligencia, siempre están aprendiendo, pero simplemente se contentan con escuchar buenos consejos, no los ponen en práctica y sus conductas desordenadas los delatan.

El insensato sigue el camino del menor esfuerzo, hace exclusivamente lo que tiene ganas de hacer. Es impaciente, siempre tiene mucha prisa, no lee instrucciones, se salta las reglas, ignora las leyes, no planifica, nunca se detiene a respetar límites ni a pensar en las consecuencias de sus acciones, lo más importante para él o ella es satisfacer sus deseos de forma inmediata. “El alma sin ciencia no es buena, y aquel que se apresura con los pies, peca. La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón” (Pr 19:2-3).

Cuando no desarrollas el dominio propio, corres el riesgo de dejarte arrastrar por la insensatez. Te daré varios ejemplos: si consumes comidas chatarra, bebes gaseosas, alcohol, fumas, te drogas, duermes poco, trabajas en exceso, no te ejercitas ni te haces chequeos médicos regulares, acabarás debilitado y enfermo; como dice el salmista: “Por causa de mi insensatez mis llagas hieden y supuran” (Sal 38:5 NVI).

Los bolsos de algunas señoras parecen farmacias ambulantes, almacenan antibióticos, analgésicos, antiinflamatorios, antialérgicos, lo que conduce a la farmacodependencia, a diagnósticos incorrectos, sobredosis e intoxicación. Es imprudente el que se auto-medica, porque juega a la ruleta rusa con su salud.

Los insensatos realizan compras caprichosas y se consumen todos sus recursos. Las tarjetas de crédito son un arma de doble filo. Por un lado son ventajosas porque con ellas se pueden pagar servicios, comprar vía Internet y adquirir insumos sin efectivo; pero por otro lado, se corre el riesgo de gastar en vanidad y quedar atrapado entre los tentáculos de las deudas y la pobreza absoluta. La codicia es el insensato deseo de poseer lo que no necesitamos. Proverbios 21:20 NVI dice: “En casa del sabio abundan las riquezas y el perfume, pero el necio todo lo despilfarra”.

Otra insensatez es dejarse arrastrar por la tentación. Todos nacimos con una naturaleza pecaminosa, cada uno es atraído y seducido por sus propias pasiones y deseos (Stg 1:14). Sin embargo, nunca debemos olvidar que la tentación es un delicioso manjar lleno de veneno mortal. Ni siquiera nosotros mismos podemos suponer lo que seríamos capaces de hacer hasta que somos tentados. Hay circunstancias en las que podemos ser vulnerables al pecado, quizás alardees de tu honestidad, pero basta con que estés en una posición de poder, donde tu firma maneje contratos y grandes sumas de dinero, para que Dios te revele lo que hay en tu corazón.

Si tienes un cónyuge, respétalo, ámalo y nutre tu relación día a día. Evita coquetear o enredarte con alguien más. “Al que comete adulterio le faltan sesos; el que así actúa se destruye a sí mismo” (Pr 6:32 NVI). La infidelidad y la promiscuidad son autodestructivas. El rey David, Salomón y Sansón comprobaron que las pasiones sensuales descontroladas acaban con vidas, reinos, relaciones, alejan la unción de Dios y conducen su casa a la muerte (Pr 2:18).

El falto de juicio no usa el cinturón de seguridad, utiliza el celular mientras conduce, sale de fiador por otro, malbarata el dinero en juegos de azar, es embustero, perezoso, calumniador, mal pagador y escurridizo.

Estas son algunas de las insensateces que vamos cometiendo de forma natural, las asumimos como un estilo de vida sin percatarnos de que caemos una y otra vez en las trampas del diablo. Con mantenernos distraídos del plan de Dios, tiene bastante terreno ganado y, poco a poco, sin prisa y sin que nos demos cuenta, habremos perdido salud, trabajo, prosperidad, matrimonio, hijos, respeto, reputación y todo lo bueno que poseemos.

“Adquiere la verdad y la sabiduría, la disciplina y el discernimiento, ¡y no los vendas!” (Pr 23:23 NVI). El temor de Dios es el principio de la sabiduría. No te ufanes de tu astucia, más bien teme al Señor y despréndete de la insensatez. Ejercita el buen juicio para que tengas una vida larga, placentera, y repleta de bendiciones.

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