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El oro manchado de sangre de la selva peruana

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POR BEATRIZ JIMÉNEZ Puerto Maldonado (Perú)

Irene Leguía espera desde hace seis meses los resultados de una prueba de ADN que podría demostrar que su hija fue asesinada y reducida a cenizas en La Pampa, la zona de minería ilegal de oro más grande de la selva peruana. La boxeadora Aymee Pillaca -la hija de Irene- desapareció junto a su pareja, el también boxeador Jimmi Chávez, en febrero de 2016. La joven deportista limeña engañó a su familia y les dijo que viajaba a un campeonato de boxeo en Brasil. Pero, según los testigos, sus pasos se perdieron en “La Rica Miel”, una de las centenares de cantinas ilegales dedicadas a la trata y explotación sexual de niñas y mujeres en estos campamentos mineros.

La madre de Aymee fue a buscar a su hija hasta La Pampa, donde 50.000 hectáreas de selva virgen que pertenecen a la zona de amortiguamiento de una reserva nacional han sido arrasadas por la minería ilegal de oro. “Cuando intenté entrar, un supuesto minero me apuntó con un arma y me dijo que no volviera más, que a mi hija la habían matado y quemado”, cuenta a EL MUNDO.

Irene, junto a otras madres de desaparecidos, lleva más de un año luchando por conocer la verdad. Al frente de la investigación, un solo fiscal de crimen organizado. Y ante él, un caso que confirma la existencia de un escuadrón de la muerte financiado por los capos de la minería ilegal de oro. Un grupo armado que habría matado e incinerado en hogueras repartidas por los caminos de barro que llevan a los campamentos mineros a decenas de jóvenes.

Los contrataron para eliminar y desaparecer a los ladrones que asaltaban sus dorados cargamentos. Hoy se han adueñado de esta tierra de nadie, un epicentro de la minería ilegal en el continente que produce el 9% del oro que exporta Perú. Las cenizas de sus víctimas opacan ahora el brillo del oro ilegal peruano, ya no sólo manchado por la depredación de la selva y la contaminación por mercurio.

Cenizas en la morgue

Lo que era un secreto a voces en Madre de Dios, la región donde se encuentra La Pampa, se confirmó en febrero de este año. Durante un operativo de la policía para liberar a una menor de edad de las redes de trata de personas, la comitiva se topó con cuatro integrantes de este grupo armado, que dispararon a la policía. El puñado de agentes logró capturarlos. En la zona los fiscales descubrieron hogueras con restos humanos.

En una rueda de prensa, el coronel Amador Chávez, jefe de la región policial de Madre de Dios, admitió que al menos 20 personas estarían entre las víctimas de una banda integrada por ex licenciados del ejército.

EL MUNDO pudo comprobar que en la morgue de Madre de Dios se acumulan sobres fechados desde diciembre con cenizas y restos de huesos y dientes humanos. La directora del área de medicina legal, Patricia Ríos, reconoció que hasta el momento han individualizado restos de al menos 12 personas. Pero al haber sido quemados en piras de leña con queroseno, los restos están muy deteriorados y su reconocimiento es más que difícil.

Cuando la policía hizo público el hallazgo, una familia hasta entonces aterrorizada aportó a la investigación un vídeo que muestra el horror descarnado que vive La Pampa. En el vídeo, se observa claramente cómo dos cuerpos humanos calcinados son sacados entre sollozos de una pira de leña. El autor del vídeo es el hermano de los asesinados, a quien previamente los integrantes de este grupo armado habían obligado a arrojar gasolina a sus cuerpos y prenderles fuego.

Desde Puerto Maldonado, capital del departamento de Madre de Dios, el hermano narró a EL MUNDO el horror que vivió. Los tres chicos eran de la región andina de Cuzco, pero los meses de verano viajaban 400 kilómetros hasta la selva para trabajar como peones en una explotación de oro ilegal. Con el agua literalmente al cuello, manejaban en turnos de 24 horas una motobomba que extrae barro para buscar partículas de oro que se amalgaman manualmente con mercurio. Por este trabajo, cobraban un pequeño porcentaje del oro extraído. Con eso, ahorraban para estudiar en la universidad.

Por precaución, nunca ingresaban los tres al mismo tiempo a la mina. Sabían que en las estrechas sendas que llevan a este El Dorado de los pobres actúa un grupo de “seguridad” que asesina y quema personas por encargo. Por eso, cuando sus dos hermanos no regresaron ese día, lo primero que hizo este joven fue buscarlos en una de las zonas de La Pampa conocidas como “quemaderos”. Los encontró ya ardiendo, pero todavía reconocibles. Como pudo, sacó sus cuerpos de la inmensa pira de leña. Quería llevárselos a su madre y enterrarlos en su tierra.

Amenazas de muerte

De entre la espesura, salió un grupo de encapuchados vestidos de militar disparando fusiles de guerra. “¿Los has sacado, huevón?”, le dijo el que parecía el líder. “Pues ahora los vas a volver a meter”. Miró a su esposa, que lo acompañó hasta allí. Pensó en su hijo de 5 años, que había dejado en la carretera al cuidado de unos conocidos. Echó gasolina y los redujo a cenizas. Pensando que era inofensivo, lo dejaron con vida para alimentar su reputación de terror. Pero se olvidaron de quitarle el móvil. Y él lo había grabado todo.

Los testimonios de los familiares de desaparecidos en La Pampa se multiplican. Pero el miedo no les deja vivir. Tras denunciar las desapariciones, han sido amenazados de muerte y no cuentan con resguardo policial. Ahora se enfrentan a un largo proceso para lograr no sólo el reconocimiento de los restos ya recuperados, sino también que se realicen más operativos forenses en las hogueras de la zona.

Roxana Condori ha confirmado que su esposo está entre las víctimas de este grupo armado. Su suegro, un veterano peón de la minería ilegal, fue avisado por ex compañeros de la ubicación de la hoguera en la que lo habían quemado. Ingresó inmediatamente y pudo reconocer restos de su ropa. Por eso, su viuda pudo velar y enterrar sus restos en una pequeña cajita.

“Si se hacen llamar seguridad, ¿por qué no entregan a las personas que detienen a la policía?”, se pregunta Roxana, ahora madre soltera de un niño de tres años. “¿Por qué las matan y las queman como animales?”.

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