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Soñar no Cuesta Mucho …es gratis


Torcuato Ovidio Villa-Rolón camina por una de las avenidas de la excelsa ciudad de Bridgeport desde cuyo puerto zarpa un ferry hacia Long Island.  Llegando a su destino en Port Jefferson, para los pasajeros se hace obvio que las vías, caminos, carreteras, avenidas, arterias, rotondas y bocacalles de esa región plana y aledaña a Manhattan, son más intrincadas que un guiso de pulpo joven con fideos cabello de angelito. 

Las arrugas del entrecejo de Torcuato se han ido profundizando y refleja la preocupación, ansiedad y turbación que le produce la información que llega vía Online, o las noticias constantemente proyectadas en el plasma: Siria, ISIS, Putin, Mogul, Ucrania, Obama Care, Session, violencia, secuestros…

“La humanidad está llegando a límites extremos de ansiedad, impaciencia y tribulación sin precedentes,” ha dicho Torcuato intuyendo que algo grande se avecina en una época cercana al aniversario número 71 del lanzamiento desde un bombardero apodado Enola Gay, de la primera bomba atómica llamada Fat Boy. 

Hundido en sus pensamientos y “caminando al azar” como dice una canción del Topo; Torcuato ve o talvez alucina un lienzo extendido en el frontis de un edificio a mal traer que reza, “No sufra más y comprenda a cabalidad como se está batiendo el cobre en la WH.”

Atraído por la promesa utópica de no sufrir más, Torcuato decide entrar, encontrándose con una sala algo sombría donde hay unas treinta personas que leen un panfleto que le ha entregado con cortesía un señor flaco pero sonriente que le pide la bendición.  “Cómo identificar a los anticristos pa’rapido,” lee Torcuato alegrándose del lenguaje criollo que utiliza el panfleto.

Mientras esperan la llegada del orador que se llama Zaratrusto Gomes, según dice el folletín; Torcuato va leyendo quedamente, al principio con una sonrisa algo escéptica y porque no decirlo, desdeñosa. ¡Hay tanto charlatán contando fabulas y embaucando a las almas desesperadas! 

Sin embargo, mientras Torcuato digiere mentalmente las letras, silabas, palabras, frases y oraciones, su gesto displicente como el de un vendedor de ropa de hombres en la tienda Lord and Taylor o en la sección de computadoras de Best Buy; se torna menos adusto porque no había jamás en su vida observado la realidad al revés.  He aquí lo que decía el folletín de cuatro escuálidas páginas.

“Los Diez Mandamiento según Satanás. 

En un momento dado en la historia del siglo XXI, yo Zaratrusto Gomes debo instruirles acerca de la forma más eficaz de identificar a los Anti Cristo que en realidad es solamente uno, pero como la venenosa medusa, tiene catorce cabezas que a su vez son la testas de los catorce jinetes del Apocalipsis que ya no avanzan sobre enloquecidos equinos, sino que en motocicletas.  ¡Hermanos! los Anti Cristo tienen Mandamientos que son exactamente los opuestos a los que transmitió a la humanidad aquel innombrable, llamese Dios, Yahveh o Alá.

-Adorarás el oro, el dinero, las monedas, las acciones, las inversiones y el poder que derrama el becerro dorado.

-Adorarás y rendirás pleitesía a mis palacios, Torres y casinos; a las imágenes anti natura del Dios Baco, a las túnicas del KKK, a los signos neo fascistas y las esculturas de tamaño natural de Hitler, Stalin, Himmler, Mussolini, Videla, Francisco Franco, Pinochet y otros.

-Jurarás sin remordimiento y mencionando el nombre de Dios cosas que no se ven, no harás, ni cumplirás para embaucar al pueblo y de este modo lograr tus propios miserables y nefastos beneficios, incluidos billonarios préstamos bancarios que no piensas pagar.

-Trabajarás incansablemente todos los días, incluido los sábados y domingos, pero no construyendo la ciudad perfecta, sino que tus propias torres.

-No te importará un bledo ni un chavo negro la memoria de tu padre que era dueño de inmundos edificios donde no le alquilaban a personas de la traza negra ni latina; ni la memoria de tu abuelo, un chulo que administraba un prostíbulo en Alemania.

-No te importará si tus triunfantes demandas legales en contra de tu prójimo les llevan a la desesperación, la desgracia e incluso al suicidio.

-Engañarás a tus esposas con muchachas que compiten en certámenes de belleza semidesnudas y a las que embaucas en Moscú con luces de colores y trumpetas estridentes, cornos franceses, y arpas de querubines.

-Robarás a subcontratistas través de demandas y no pagarás tus compromisos financieros de modo que otros se vayan a la ruina por tu culpa.

-Conseguirás abogados picapleitos expertos en justificar crímenes y delitos.  Usarás testigos falsos y tú mismo, revestido en forma fatula con los títulos de gobernante, meterás embustes para crear la confusión.

-Envidiarás la propiedad o bienes de tu vecino, le echarás el ojo a la esposa de tus asociados y las tocarás, te enamorarás de tu hija, intentarás acostarte con la niñera y la secretaria, robarás patentes de invención y no respetarás la propiedad de otros.

-No serás leal con nadie ni te importará el sufrimiento de tus hermanos.  Primero tú, segundo tú, y tercero tú.  El resto que se joda.

-Te despojarás de los sentimientos de culpa, remordimiento, desasosiego, pesadumbre o aflicción cuando apliques estos Anti Mandamientos y borrarás de tu vocabulario las palabras compasión, aceptación, lealtad y piedad.”

  El Muy Reverendo Torcuato Ovidio Villa-Rollón salió del salón de actos y no esperó el discurso de Zaratrusto Gomes.  No era necesario.  Allí leyendo esa modesta publicación sintió que sus años de estudio de filosofía, tomismo, y teología quedaban chicos frente a ese manto de sabiduría que enseñaba como reconocer a los Anti Cristo.  Pensó en todos aquellos que mentían ante las cámaras y deseó compartir lo que había recibido.

  Se dirigió directamente a la Imprenta de su congregación y ordenó 10,000 copias de los Anti Mandamientos en inglés y español con el modesto título “Identifique a los Anti Cristo y no les imite.”

II

  Torcuato despierta buscando la versión final de los Anti Mandamientos y al no encontrarlos sintió desaparecer su entusiasmo, pero una vez que tomó un simple desayuno en un DD consistente en un bagel duro y café espeso cerca del muelle mientras observaba las gaviotas sobre una aguas ya toxicas; se dispuso a iniciar un campaña austera de lo que había aprendido en el sueño.  El estruendoso ruido y la batahola de los tubos de escape de cuatro motocicletas le produjo escalofríos y se persignó.

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