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¿Cómo afrontar la criminalidad? por Waldemar Gracia

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Don Paco Pérez es un residente de unos de nuestros barrios más calientes aquí en esta ciudad. Al igual que muchos de nosotros; él ha tenido que luchar contra el abuso de muchos bandoleros que tal parece que no tienen nada más productivo que hacer sino dañar la propiedad ajena y perturbar la paz de todos.

Tal parece que las leyes están diseñadas para proteger los derechos de los criminales y bandidos, y hacer pagar a los buenos ciudadanos y cumplidores de la ley, por la irresponsabilidad de otros. Supe de un caso en que la víctima al tratar de defenderse, hirió a su asaltante. Luego en la corte el caso de asalto fue eliminado. Poco tiempo después la víctima recibió un citatorio de la corte. El asaltante, criminal y bandido, demandó a su víctima por los gastos médicos de sus heridas y por daño y sufrimiento emocional porque pensó que iba a morir. ¿Sabes qué? El muy desgraciado ganó la demanda. La víctima tuvo que pagar $2,500.00 por gastos médicos, $5,000.00 por pérdida de calidad de vida y sufrimiento emocional y finalmente $1,500.00 por sus gastos legales en su demanda. En total $9,000.00 se robó el bandido con su cómplice; el abogado. ¿Crees que esto es Justicia?

Lamentablemente, en cada uno de nuestros pueblos y barrios vemos como día a día se deterioran las normas de la convivencia comunitaria. Cada cual está solo pendiente de lo suyo propio. Ya nadie se interesa ni se preocupa por el vecino y mucho menos de proteger la propiedad de nuestros conciudadanos. 

Lo que me contó Don Paco Pérez me pareció muy ingenioso y novedoso. Yo no recomiendo que usted lo haga cuando enfrente algún problema, pero si es algo que nos debe poner a pensar. Tenemos que comenzar no solo a pensar sino también a actuar de manera diferente, si es que queremos promover unos cambios en la actitud del pueblo.

Ahora, por favor, prestemos atención al relato de Don Paco Pérez: “Resulta que tengo un sueño muy liviano, y en una de esas noches noté que había alguien andando sigilosamente por el jardín de la casa. Me levanté silenciosamente y me quedé siguiendo los leves ruidos que venían de afuera, hasta ver una silueta pasando por la ventana del baño.

Como mi casa es muy segura, con rejas en las ventanas y trancas internas en las puertas, no me preocupé demasiado, pero estaba claro que no iba a dejar al ladrón ahí, contemplándolo tranquilamente. Llamé bajito a la policía de esta gran ciudad e informé la situación y di mi dirección. Me preguntaron si el ladrón estaba armado, de que calibre era el arma, y si ya estaba dentro de la casa.  Aclaré que de las características del arma no sabía nada, y que no había ingresado a la casa. Me dijeron que no había ningún móvil cerca para ayudar, pero que iban a mandar a alguien ni bien fuese posible. Esta reacción de indiferencia y de falta de acción de la policía me molestó tanto y tanto que tuve que pensar en que forma y manera podía yo lograr llamar su atención. 

Así que decidí llamarles nuevamente con una nueva y diferente versión y dije con voz calma: – “Hola, hace un rato llamé porque había alguien en mi jardín. No hay necesidad de que se apuren. Yo ya maté al ladrón con un tiro de escopeta calibre 12, que tengo guardada para estas situaciones. ¡Oye que suerte la mía! ¡El tiro se lo pegué en la cara, e hizo un desastre sobre el tipo!”

Ni siquiera llegaron a pasar tres minutos, y ya había en mi calle 5 patrulleros de la Policía, un helicóptero, una unidad de rescate, un equipo de TV, varios fotógrafos; el alcalde vino en pijamas, 2 concejales, el sacerdote de la parroquia del otro lado del pueblo, el fiscal de turno, y un grupo de Derechos Humanos, que no se perderían esto por nada del mundo.

La Policía agarró al ladrón infraganti, que estaba mirando todo con cara de asombro. Tal vez él estuviese pensando que era la casa del Jefe de Policía. En medio del tumulto, un Agente del FBI se aproximó y me dijo: – “Creí que habías dicho que habías matado al ladrón.”

Yo contesté: – “Creí que me habían dicho que no había nadie disponible”.

  ¿Qué te parece este verídico relato? Nosotros podemos hacer el cambio. La criminalidad no la va a resolver ningún político y mucho menos las leyes. Somos nosotros los que debemos preocuparnos más los unos por los otros, incluyendo a aquellos que por sentirse marginados son tentados por el crimen.

103.5 FM - La Voz Radio

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