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Enfrenta el temor, por Lic. Liliana D. González

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¿Has sentido miedo en algún momento de tu vida? Es normal, el temor es una emoción igual que la alegría. Si sabes exactamente a lo que le temes podrás enfrentarlo y vencerlo. No todo temor es malo, así como un dolor físico nos avisa sobre una enfermedad, el miedo nos alerta a mantenernos protegidos ante un posible peligro o daño real. El temor bien manejado hará que no subas a un automóvil con un desconocido, impedirá que participes en negocios ilícitos, te hará rehuir de un perro bravo y considerarás las consecuencias de desobedecer a Dios.

Sentir temor en situaciones peligrosas reales es normal, pero estar atado al miedo que controla, domina y paraliza, roba la libertad. Conozco a algunas personas que temen envejecer o enfermar, sufren cuando piensan en la muerte de un ser querido o en la posibilidad de quedarse solas. Mantienen una lucha interna contra fantasmas que habitan en sus mentes. Cuando el miedo procede de la imaginación sobre asuntos que no han sucedido provoca angustia, palpitaciones cardiacas y un sinnúmero de enfermedades físicas y psicológicas.

La mente atrae como un imán aquello que construye en sus pensamientos. Job lo describe así: “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25). Job meditó con gran temor en la posibilidad de enfermar y empobrecer, en la muerte de sus hijos y en todo el horror que le sobrevino.

El temor negativo debes enfrentarlo, de lo contrario, corres el riesgo de que te inmovilice y desgaste física y emocionalmente. Lo primero que necesitas hacer es identificarlo y llevarlo en oración al Señor. Empuña la fe como arma de guerra. Escucha, lee, medita y aplica las Escrituras a tu vida. Los temores desaparecen a medida que crece tu confianza en Dios.

A partir de hoy toma la firme decisión de no confesar tus temores. Confiesa la Palabra de Dios para que experimentes la continua manifestación de su bendición.

En la escasez, declara: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que [me] falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19 NVI).

Cuando sientas temor al fracaso: “El Señor, mi Dios, me sostiene de la mano derecha; Él me ha dicho: «No tengas miedo, aquí estoy para ayudarte»” (Isaías 41:13 NTV).

Cuando tengas miedo a la enfermedad y a la muerte, declara: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque [Dios] [está] conmigo; [su] vara y [su] cayado me [infunden] aliento” (Salmos 23:4).

Cuando sientas temor al futuro, declara: “[Echo] toda [mi] ansiedad sobre [Dios], porque él tiene cuidado de [mí]” (1 Pedro 5:7).

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