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El a disfrutado del eclipse total de sol en Carolina del Sur…

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Soñar no Cuesta Mucho …es gratis


Filomeno González-Echevarría ha disfrutado del eclipse total de sol en Carolina del Sur.  Con ciertos ahorritos que tenía guardados debajo del matre, cogió una guagua Peter Pan y con su equipaje consistente en un saco de dormir que le prestó su hermano chico que es Niño Escucha, una muda de ropa interior, el sombrero para disipar los efectos del sol en el cráneo, y unas gafas que le permitía ver películas en tres dimensiones haciendo sentir las patadas en el rostro de los actores de películas tales como “Kung-Fu y la llave inmoral,” o “Una Paliza Supremacista,” se montó en el vehículo para presenciar el gran evento estelar.

Una vez estuvo seguro que en el bus no se habían montado tipos peligrosos como “Rocky Chamuyes,” ni “Johnny Pistolas;” se acomodó pensando la manera inteligente que utilizó para ahorrar 32 dólares en las gafas y observar el sol usando su propio sistema de tratamiento de los lentes plásticos que consiguió gratis y a los que usando un dudoso sistema artesanal que aprendió en su pueblo natal; “ahumó” para ver el espectáculo solar.

Su mamá le vio en el balcón con las gafas tridimensionales a las que con unos fósforos de esos largos para prender la chimenea acercaba su flama a los lentes plásticos exponiéndolos al humito, cuidando de que estos no se derritiesen.  También su primo Pipote le observó cuando en la escalera posterior del edificio leía con atención un número especial de la revista Sun Forever dedicado al astro Rey también denominado en Caguas el care’ gallo.

“Por lo menos está tranquilo y ha ido a todas las sesiones de probatoria,” comentaba titi Lucy con su progenitora que tenía esperanzas de que su hijo primogénito se transformara en científico o funcionario de algo asi como la NASA que manda gente al espacio.  “El dice que desea visitar Marte,” comentaba Doña Flor con esperanzas de que el manganzón pasara el GED y consiguiera al menos un trabajito en de 20 horas a la semana en un DD cercano al proyecto.  “Necesita estar constantemente ocupado,” terminó de acotar su tía.

Ya en Carolina del Sur donde la guagua de Peter Pan llegó como a las once de la mañana del lunes, Filomeno, también llamado por sus amigos cercanos como “Filín,” buscó un grupo de personas con un balance racial adecuado.  Evitó los de gente solamente blanca por las cosas que estaban pasando; y finalmente se acercó a otro con gente de más colorido a los que los antropólogos llaman mestizos.

Finalmente le atrajo lo que parecía ser una familia extendida que saboreaba comidas criollas y Coca-Colas con malicia que en vez del siniestro liquido azucarado, contienen cerveza o vino rojo, sea cual sea la preferencia del que liba.

A la hora prevista, Filomeno que había estudiado el calor brutal del sol cuya temperatura alcanza a los 27 millones de grados Fahrenheit, Filomeno que vio a través de los lentes tridimensionales una imagen increíble del astro capo indiscutido del sistema solar, buscando la corona que es la superficie externa de gases y otras madres difíciles de entender para los que no se especializan en la cosa.

Filin esperaba que la superficie del care’gallo se fuera cubriendo de a poco con la sombra de la luna, pero notó que con sus lentes preparados artesanalmente eso no sucedía y que la masa incandescente e inflamada del astro que da vida al sistema de planetas y satélites que giran hace billones de años a su rededor, seguía más prendida que las discusión de los cubanos en Miami.

Sacándose las gafas 3D ahumadas, Filin notó como la gente lanzaba exclamaciones tales como “wowwww,” “hummmmmmm,” “Koñoooo,” “carayyyy,” sin faltar el clásico “¡Oh Dios mío!” 

A su rededor observó que la luz solar disminuía drásticamente y en un momento dado las estrellas aparecieron en el firmamento regresando la noche.  “Oh My Gochhh,” decía una señora que tenía en sus manos un rosario, mientras que algunos nenes lloraban por ese anochecer intempestivo y aterrorizante.  La llegada de la noche venía acompañada de un silencio sideral extraño y los ladridos de los perros manifestaban instintivamente temores arquetípicos de los tiempos en que los antepasados de Filín caminaban desde Asia buscando el calor de otras tierras y escapando del hielo.

La policía aprovechaba debido a los cacareos de los gallos de pelea, de identificar las galleras clandestinas, y no faltaba el pillo que haciéndose el bobo, robaba dulces en el mini mercado de una gasolinera Shell murmurando, “el que roba a otro ladrón, mil años de perdón.”

Filín se puso nuevamente las gafas y sintió en las pupilas el azote brutal del primer rayo de luz que le obligó a apartar pa’rapido sus ojos del reflector sideral, sintiendo la necesidad de frotarse agua en los macos.  Así lo hizo, mientras la gente aplaudía el regreso de la luz como si hubiese aparecido en la esquina la JLo del brazo del feo de Marc Anthony. 

“¡Viva el sol, coño!” gritaba un tipo mientras que otra dama cantaba acompañada de una pandereta un estribillo que decía “Manda fuego, Señor manda fuego.”

Sin embargo, ¡Oh fenómeno extraño! Filín continuaba viendo como si aún fuera de noche y a pesar del pánico que le invadía ante la perspectiva de estar en una ciudad extraña y regresar medio a ciegas a Btidgeport, se le vino a la memoria la canción “Sombra nada más, entre tu vida y la mía,” en la sentida versión de Javier Solís.

Así, angustiado, acalorado y acongojado, unas almas caritativas que no faltan en este mundo a veces tapizado por la indiferencia, Filín llegó a la parada del Peter Pan.  Se había puesto las gafas ahumadas y otra alma compasiva le consiguió un bastón.  Así arribó a su ciudad transformado en un hombre condenado a vivir en la noche rodeado y por las penumbras.  Desesperado, su madre le acompañó a un oftalmólogo que le diagnosticó con la rara enfermedad de la retina llamada Noctis Temporalis Stultus que se curaba colocando al paciente por dos semanas con los ojos vendados con un paño negro y en la oscuridad más absoluta, sinónimo de ignorancia y estulticia.

“¡No más, No más, quiero ver la luz!” gritaba el pobre salmón de Felin…

II

Restregándose los macos y dando brazadas en la cama, lo despertó su madre que de un modo directo le gritó “¡Deja de joder Filin que el vecino del segundo piso está golpeando el cielo raso con un martillo!  ¿No sabes que trabaja de noche en Wal-Mart?

Para Filin los reproches de su progenitora fueron como un himno angelical y emocionado le dio un abrazo y le besaba gritando, “¡Veo, Veo, Gracias Señor!”

Convencida de que Filin se había probablemente convertido a la religión de los Aleluyas, la mamá de Filin regresó a la cocina lamentando lo vago que era el salmón y le preparó el desayuno.

DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

103.5 FM - La Voz Radio

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