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Lito Velásquez-Cofresí está contento y más feliz que una lombriz…

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Lito Velásquez-Cofresí está contento y más feliz que una lombriz después de lluvias aceptables que no se asemejen a los brutales diluvios.

Graduado de la escuela superior Gordon Graham Caelucci, especializada en filología y filosofías orientales, fue aceptado pa’ rápido en la Universidad de Connecticut con su nueva y flamante sede de Hartford, la Capital de los Seguros/Inseguros del Mundo y Capital del Estado de Connecticut que probablemente aprobará su presupuesto solamente cuando la trágica muerte de un senador provoque un desempate ya que por ahora están 18 votos republicanos y 18 demócratas.En otras palabras “no vamos pa’ ningún lao,” como dijo Tricoche Valentín.

Pero a Lito no le interesan estos líos de la política, las lluvias interminables en Houston, Texas; el misil que Topo Lillo de Corea del Norte lanzó intempestivamente por sobre los territorios terrestres y aéreos de Japón, sorprendiendo al mundo por lo presentao y atrevido. Tampoco están en su mente los nuevos descubrimientos del brutal rollo y la madeja de enredos judiciales de Donald Trump con su admirado Ras Putin.Lito no piensa ni siquiera tanto en su novia Corina que vive en Fargo y con la que se comunica vía Internet.

Nada de ello le distrae de su afán de ingresar a sus estudios sub graduados en la nueva sede, también llamada “El Olimpo de Bronin” por sus columnas estilo iónico y una maravillosa vista hacia el río Connecticut vedada para el resto de los mortales que vivimos en el sector oeste de la Park.

Sin embargo y como Lito al igual que su papá es por naturaleza desconfiado y previsor, no le han quedado claro el tema de los estacionamientos.

Leyendo el Courant y lo que hablan los ingenieros sabidos que aún no resuelven el nefasto embrollo de los tapones del tráfico por las carreteras temprano por la mañana y después de las tres y media de la tarde, Lito se amarga y mortifica como si estuviese en ayuno.Vive en el pueblo de Bloomfield y tiene que usar el carrito que le presta su prima Loti que se compró un jeep pero que desea guardar el Cadillac 1960 que le dejó su abuelo al que le encantaba impresionar a las nenas con un carro grande y largo.

Refaccionado por el mecánico Tuco Galdámez que le cambió el motor dejándolo como nuevo, Lito ya está teniendo problemas para aparcar.Como no vive en New Britain, no puede gozar del privilegio del CTFastTrack e ir en bicicleta desde Bloomfield a Hartford es más arriesgado que conducir de noche cerca del restaurante Los Imperios en West Hartford o frente a algunos de los establecimientos comerciales de Blue Back Square donde los jóvenes liban y comen hablando a gritos y observando los juegos y programas de boxeo a través de plasmas gigantes.

Esa mañana, Lito despertó con esa incomodidad en el pecho que le produjo una pesadilla.Iba ya atrasado a tomar su primer curso de Filosofía 203 de los Ascetas del Sinaí; y ya preparado con su libreta y tres bolígrafos (Lito es más precavido que Benito Bertolini), además de $100 dólares para alquilar los textos (una nueva forma de embaucar a los estudiantes ya que con lo que pagan podrían adquirir un libro nuevo); subió al Cadillac que ocupaba casi todo el espacio del drive way de su casa.

La ansiedad comenzó a afectarle con una taquicardia de madre cuando ingresó a Hartford por la Albany y se dirigía al “Centro,” nombre que se usa para diferenciarlo de otros sectores de la periferia social, habitacional, cultural y económica emergente de los alrededores de la Meca local.

Como la ansiedad le provocaba también deseos de desaguar la vejiga, debió aparcar en uno de los DD del sector de la Farmington también denominado desde hace algunos años, “donde mueren los valientes.” Con cierta dificultad debido al tamaño del Cadillac, tuvo también que esperar ya que en el lugar había muchos adultos mayores que se dan el café y conversan por cuatro horas hablando de temas tales como el origen del Jazz, los designios misteriosos de la existencia, las amenazas que Trump ha sembrado acerca de los beneficios del Medicare, y otros temas.

Finalmente hizo lo que iba a hacer y llegando al parque Bushnell, vio a éste transformado.

Siguiendo lo que le indicaban unas simpáticas nenas luciendo la camiseta de las Huskies y unos shorts más cortos que el frenillo de la lengua; condujo su adefesio mecánico hacia, ¡oh sorpresa! uno de los gigantescos túneles, ingresando a unos estacionamientos gigantescos situados debajo del Capitolio, pero que seguramente continuaban hasta los comienzos de la avenida Capitol con la avenida Washington.Estacionó su Cadillac montándose pa’ seguida como otros cientos de estudiantes y profesores a una cinta transportadora que siempre bajo tierra, le dejó después de unos seis minutos en la puerta de entrada de la “sede.”

“Esto es increíble,” comentó Lito dirigiéndose su rostro con la mancha de plátano hacia una nena de 18 que le respondió con una voz de muchacha cara pálida con acento de los suburbios de Simsbury. “Y esto no es nada,” respondió la joven fémina. Los que vienen desde el Este, cogen otro túnel que comienza en East Hartford, cruza debajo del rio, dejándoles pa’ rápido en el Centro de Convenciones.

“Pero esto es como un sueño,” le respondió Lito preocupado de que la muchacha no creyera que era un jibaro de Las Piedras en Puerto Rico.

Una escalera mecánica les llevó desde la cinta corredora estilo aeropuerto hasta la biblioteca y por allí continuó Lito feliz con la nueva sede a cuya inauguración asistió el alcalde Bronin, pero donde se robó la película y comió foto fue su jefe y mentor, Dan Malloy.

II

Lito despertó cansado y se frustró cuando pensó que lo de los túneles debajo del Capitolio, las correderas tipo aeropuerto y los estacionamientos subterráneos no existían y después de levantarse y hacer sus abluciones, se montó en el brutal Cadillac y con preocupación se dirigió a la Sede de UCONN, Templo de la sapiencia., erudición, ilustración y conocimiento, summus scientia divus illustratius.

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