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El mito sobre las universidades privadas

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Por Humberto Caspa, Ph.D. 

Esta semana, la agencia U.S. News and World Report publicó los rankings de las universidades del país.  Para sorpresa de muchos, la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) fue catalogada, junto con su hermana Berkeley, como la más importante del país entre las universidades públicas.

Es la primera vez que UCLA sube a este peldaño, mientras que la Universidad de California Berkeley nos tiene acostumbrados a ubicarse como la mejor institución educativa pública del país.

La sorpresa del reporte de U.S. News and World Report no es tanto en el ámbito académico, sino en la forma cómo estas agencias y revistas especializadas de rankings de consumidores continúan tratando a organizaciones académicas sin ánimo de lucro como si fueran entidades privadas.

Es decir, universidades como Harvard, Princeton, Standford, MIT, entre otros, no son necesariamente entidades privadas; por el contrario, en el fondo son organizaciones sin ánimo de lucro de tipo educativo o fundaciones que operan con un permiso especial del Estado para funcionar como centros de educación superior.

Asimismo, a este gran cúmulo de organizaciones sin ánimo de lucro, los países del mundo los dividen y categorizan de acuerdo a sus propias conveniencias, necesidades e intereses.  Por eso existen organizaciones sin ánimo de lucro de caridad, religiosas, de juntas vecinales, en forma de sindicatos, asociaciones deportivas, etc.

La Federación Internacional de Futbol Asociado y sus diversas organizaciones federativas a nivel nacional y local son organizaciones sin ánimo de lucro de tipo deportivo. Sus acciones son reguladas o sancionadas por las leyes del Estado donde proveen servicios.  Lo propio sucede con las organizaciones religiosas.

Una gran diferencia de una organización sin ánimo de lucro y una corporación privada es precisamente el concepto de “lucro”.   El primero puede reportar “rentabilidad”, mientras que el segundo reporta “ganancias”.

Los rendimientos o utilidades obtenidas por las organizaciones sin ánimo de lucro no son objeto de distribución o reparto entre los socios o integrantes de la organización.  Mientras que en una entidad de lucro, esas ganancias van a llenar directamente el cofín de los gerentes de la organización privada.

Así, la mesa directiva de la Universidad de Harvard, por ejemplo, no hace repartición de la rentabilidad adquirida entre sus miembros sino que tiene que utilizarlas en el bien de la comunidad que, en este caso, son los estudiantes y las personas que trabajan dentro su entorno.

Resulta paradójico que revistas especializadas como U.S. News and World Report, Forbes, entre otros, continúan confundiendo a algunas entidades de educación superior como universidades privadas cuando su naturaleza es más pública que privada.  Yo creo que deben dejar de llamarlas “universidades privadas”

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Humberto Caspa, Ph.D.

Es profesor e investigador de Economics On The Move.
E-mail: hcletters@yahoo.com

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