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Soñar no Cuesta Mucho …es gratis

 Filomena Comesmier-Velez ha estado pendiente de las informaciones que están transmitiendo los medios de comunicación social, acerca de los nuevos fenómenos atmosféricos que afectan la región Atlántica castigando y arrasando sin misericordia a Islas, islitas e islotes situadas en el Caribe.

  Por su mente desfilan los nombres de Antigua y Barbuda; Barbados, Cuba, Dominica, Granada, Haití, República Dominicana, Puerto Rico, San Cristóbal y Nieves; San Vicente y las Granadinas, Jamaica, Santa Lucia, y Trinidad Tobago, Islas Vírgenes de los Estados Unidos, Guadalupe, Martinica, San Bartolo, Anguila, Islas Vírgenes Británicas, Isla Caimán, Monserrat, Aruba, Bonaire, Curazao, San Eustaqui Saba y San Martin, y Santa Croix.

  Son los nombres derivados de los implacables imperios españoles, portugueses, franceses, ingleses, los países bajos y las actuales colonias de los Estados Unidos. Detrás de ellos quedan los idiomas, y una nomenclatura de culturas complejas que hablan de legendarias herencias de Indoamericana, África, Europa, y Asia.  

  Aunque la información de las cadenas televisivas en idioma español, tanto mexicanas como puertorriqueñas se esforzaron comunicando las horrendas imágenes de las regiones y países afectados, irradiando en las tele audiencias pena y compasión por los damnificados y víctimas; las radioemisoras locales continuaban con sus rutinas de música porno en español gritao en la que proliferan los abrazos al revés, las ventajas indiscutibles del matre, y “hacer” el amor que ahora se ha degradado como sinónimo de “tener sexo” pero no sesos. 

  Furibunda y apasionada nacionalista, Filo se irrita en una forma intensa por el uso de tres nombres de origen cristiano con los cuales se bautizaron a los destructores disturbios atmosféricos que comenzaron en el Atlántico recalentado como simples tormentas de vientos fuertes; pero que luego de una forma impetuosa y violenta adquirieron el ímpetu de ciclones tropicales transformándose finalmente en los terribles huracanes “Irma,” “José” y “María” grado 5 y con vientos de más de 175 millas por hora.

  “¡No puede ser, no puede ser!” le gritó a su esposo Beto que examinaba un mapa del Caribe y como aplicado profesor de matemáticas de un colegio de la comunidad; con un compás y la fórmula, espacio, velocidad y magnitud V-S-M, calculaba el itinerario de los vientos satánicos para revisarlos de un modo detallado con sus estudiantes, algunos de los cuales eran más flojos que una puerta.

  “José se llamaba el esposo de la virgen María que aunque una contradicción, se dio así porque María fue la madre de Jesús que le dio a luz aunque era virgen; e Irma fue una santa cuyo nombre real era Irmina, hija de un Rey de Francia, quien prefirió hacerse monjita benedictina y cuyo nombre se celebra los 18 de diciembre, según lo dictó el Papa,” dijo una inquisitiva Filomena. “Es brutalmente injusto llamar de este modo y con estos nombres sacros a calamidades que hacen daño,” agregó la fémina.

  “Mija, esto de los nombres es un acuerdo del Centro Nacional de Huracanes que se puso en práctica a mediado de los años 50,’ cuando nacieron nuestros padres.  Allí surge una lista anual que va alternando nombre de mujeres y de hombres, incluyendo apelativos gringos como Jefferson o hispanos como Francisco, ¡híjole!” dijo con paciencia Beto a Filo.

  El matemático suspiró mirando los cuantiosos daños de la Huracana María y dijo con presteza, “pero no te preocupes mi amor, he propuesto al Centro Nacional de Huracanes y de Huracanas que a partir del 2020 y después de la elección presidencial en los Estados Unidos; se utilicen nombres ensombrecidos y opacados por las malas obras de quienes los usaron en vida ya que para un huracán, algo tan destructivo; no merece nombres cristianos,” dijo Beto rascándose con prolijidad intensa e inusitada el área de la nuca en un tic nervioso que le había hecho acreedor en su trabajo al sobrenombre de Ladillo Mental.

  “¿Y cuál es tu idea si se puede saber?” inquirió su esposa preocupada también por el terremoto en México grado 7.1 de magnitud que afortunadamente no tienen nombre porque lo que causan no tiene nombre.

  “Bueno, en mi lista a la que denomino ‘la siniestra,’ aparecen por orden alfabético “Adolfo,” nombre de pila del psicópata Hitler que precipitó la segunda guerra mundial y envió por motivos raciales a los hornos crematorios a 6 millones de judíos y opositores a su dictadura; “Atila,” Rey de los Hunos que invadió a sangre y fuego a Europa violando a mujeres y rapiñando los países.  Tengo también el nombre de “Calígula,” emperador romano más malo que un biscocho de jengibre que estaba apasionadamente enamorado de su hermana y la mai; “César” un genocida romano amigo íntimo de Cleopatra que exterminó a gran parte de la incipiente población que los romanos denominaban “barbaros;” “Donald,” un tipo que odiaba a los que no fueran blancos y honrados; “Mussolini,” sangriento dictador italiano que se hizo aleado con el loco Hitler para enviar a judíos a los crematorios durante la segunda guerra; “Mary la Sangrienta,” reina de Inglaterra que envió a cientos que no pensaban como ella a la Torre donde los descabezaban; “Kissinger” promotor de actos genocidas en contra del pueblo vietnamita quien con Richard Nixon, enviaron a miles de muchachos estadounidenses a una guerra suicida; y así sucesivamente, dijo Beto ya cansado de leer nombres desagradables y del picor en el hipotálamo.

  “Tu idea me parece excelente ya que tipos malos en la historia hay suficientes y a nombre de ellos se les debiera adjudicar los nombres de catástrofes y calamidades,” expresó entusiasmada Filomena recordándole a Beto que no olvidara nombres de dictadores tales como Pinochet, Somoza, Videla, Trujillo, además de otros facinerosos que se apoderaron de los gobiernos y se convirtieron a la fuerza en los dueños de las almas y cuerpos de sus coterráneos. 

  “Los agregaré, los agregaré, dijo Beto Quiñónez que rascándose la nuca pensaba en un nuevo teorema para calcular la capacidad destructiva de los pillos asociados con la CIA.

II

  “¡Sessions, Manofort!” gritaba Filomena despertando a su esposo.  “Se me olvidaban estos nauseabundos nombres para la listita,” dijo.

  “¿Listita de que mi amor si solamente ayer fuimos a Stop & Shop?” preguntó Beto dándose cuenta de que su esposa soñaba, aunque Sessions era también un pillo racista y Manofort un mentiroso con licencia a quienes Trump seguramente perdonaría, al igual que lo hizo con el carajo de Joseph Arpaio, el sheriff del diablo.          

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