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¡VENCEREMOS!, por Jorge L Limeres Gregory

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Puerto Rico está pasando por uno de los peores momentos de su historia. El camino al que nos enfrentamos será uno de penurias y carencias y de retos constantes que tendremos que superar.

¡ Y así lo haremos!

Las naciones caribeñas no somos ajenas a las diferentes manifestaciones de la naturaleza. Estas han existido por milenios y los seres humanos hemos podido hacer los ajustes para sobrevivirlas. No hay duda que tomará tiempo, lágrimas y sudor alcanzar nuestras metas.

Tendremos que conocer el origen de esos fenómenos naturales que tanto nos han afectado y entender sus consecuencias y lo más importante: aprender a minimizar los efectos de cualquier otro desastre natural en el futuro. Tenemos que asumir la responsabilidad de prepararnos mejor, prever (hasta donde sea posible) para luego no tener lamentos mayores.

Hoy los eventos climáticos son predecibles, siempre con cierto margen de error. Los avances científicos nos indican dónde y cuándo estos fenómenos atmosféricos se desarrollan y las rutas que siguen. Puerto Rico, situada en el trópico, está expuesta a eventos meteorológicos con más frecuencia que otras regiones del mundo. Esto no se puede evitar.

La intensidad de huracanes como Harvey, Irma y María en un periodo corto de tiempo y en un área geográfica relativamente pequeña no es una casualidad de la naturaleza. Tampoco se trata de la venganza de una divinidad inmisericorde.

El cambio climático

No soy experto en este tema y podría haber suficientes razones para cuestionar mi pericia, lo que no pueden cuestionar es mi hábito de lectura. Geomorfólogos y expertos en el tema climático como los doctores Aurelio Mercado, Ramón Cruz, José Molinelli, Pedro Saade, Julio Muriente y Carl Soderberg han evidenciado en sus investigaciones que el manejo del medio ambiente por parte de los gobiernos del mundo ha sido negligente. Esta aseveración nos puede dar una idea más clara de la triste realidad a la que nos enfrentamos. Todos estos científicos están de acuerdo en que el factor humano es el principal responsable de estas catástrofes.

El hombre en su desenfrenada y desmedida ambición de multiplicar su riqueza ha destruido bosques, envenenado cuerpos de agua, contaminado el aire que respiramos, en fin, se ha dado a la poco noble tarea de destruir su propio hábitat. En ese afán capitalista se ha abusado por siglos de la naturaleza que nos rodea y ahora estamos recogiendo los frutos sembrados. El hombre necio y soberbio, aun ante una evidencia abrumadora no acepta ni se detiene ante el inminente peligro que acecha la destrucción de la humanidad.

Escuche a muchas personas después del huracán María, que reconocían que Puerto Rico ya no iba a ser igual. Yo respondo que Puerto Rico dejó de ser el mismo muchas décadas atrás. El deterioro de nuestro medio ambiente, de las vías públicas, de los sistemas de energía eléctrica y comunicaciones, de nuestras playas, de nuestro aire, de todo lo que vemos y nos rodea le dio paso a la mediocridad y la chabacanería.

Los macharranes y los corruptos se multiplicaron, unos por lucrativos puestos y contratos gubernamentales y otros en la industria de la explotación de los seres humanos y su medio ambiente. Se vendieron sueños y se explotaron estos para beneficio de un grupo de privilegiados. Se engañó al pueblo con proyectos fraudulentos, incrementándose las deudas, anteponiendo la seguridad y bienestar del país tratando inclusive de destruir nuestra propia etnia. Hoy estamos en quiebra económica, moral, social y educativa.

Nuestra infraestructura estaba, antes del huracán, en delicada crisis, hoy está hecha añicos. La madre naturaleza se les adelantó a los buitres de Wall Street y nos pasó la cuenta. Los últimos están al acecho para terminar de ejecutar a mi nación, en contubernio con los mamarrachos y alcahuetes locales máximos defensores de un vergonzoso servilismo.

El martes se espera la llegada de Trump, presidente de los Estados Unidos de América. Puerto Rico ya lo conoce. A mediados de los años 2000 este “sagaz” empresario le tomó dinero prestado al pueblo de Puerto Rico para construir un emporio hotelero (de $600,000,000) en las cercanías de la ciudad capital. El “habilidoso y exitoso” empresario Trump al poco tiempo se declaró en quiebra sin poder saldar la deuda contraída con Puerto Rico.  Hoy viene de Washington posiblemente con la promesa de ayudar a las víctimas del huracán. Pero Trump no tiene credibilidad ni mucho menos sus chanchulleros locales.

La debacle que vivimos, fue creada y es responsabilidad de hombres corruptos que actuaron negligentemente ante el pueblo puertorriqueño. Tristemente el pueblo humilde es el que sigue pagando los desmadres de los que siguen viviendo de la explotación del pueblo.

En Puerto Rico el problema continúa siendo político. Si se quieren cambios reales tenemos que pensar diferente, no “diferente” como sugieren las mismas sanguijuelas que han asfixiado a nuestro pueblo por siglos, sino cambios que hagan “un Puerto Rico verdaderamente diferente”.

Sin estar detrás del trasero de nadie, sin miedos.  

Mi nación lleva 119 años de degradante colonialismo esperando a que nos resuelvan los problemas. Construyamos un Puerto Rico nuevo, limpiemos el templo de la escoria que nos ha llevado al desastre.

NOTA: El sr. Trump visitó a Puerto Rico. No defraudó a nadie. Se portó con la misma rudeza y prepotencia natural que lo caracteriza. Su humillante retórica y conducta degradante hacia un pueblo sufrido no le dio gracia a nadie. Los humildes no pudieron escucharlo y los políticos que lo rodearon tuvieron que “aceptar” con gracia los rollos de papel toalla que él les lanzó.

Pudo haber sido papel de inodoro y daba igual.

Sr. Trump su presencia ofende.

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