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El costo de oportunidad, por la Lic. Liliana D. González

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La vida está llena de elecciones. Desde que nos levantamos estamos decidiendo qué vamos a vestir, qué vamos a almorzar, qué acciones vamos a realizar. Inclusive, elegimos hasta la cara que vamos a poner el lunes por la mañana. Hay decisiones que tomamos a la ligera, sin prestarles demasiada atención, pero hay otras que son realmente trascendentales. Por ejemplo: ¿a qué me voy a dedicar el resto de mi vida?, ¿con quién me voy a casar?, ¿dónde pasaré la eternidad? Todas estas decisiones son tan importantes que necesitamos meditar profundamente en los pros y los contras de cada caso para elegir la opción más conveniente y, a su vez, renunciar con paz a las otras alternativas. La opción a la que se renuncia es denominada por los economistas «costo de oportunidad»; los cristianos la llamamos: «pagar el precio».

Si quieres alcanzar algo significativo, tienes que pagar el precio, aunque implique desprenderte de personas, lugares, costumbres o cosas que amas. En el sistema económico como en la vida no podemos tenerlo todo, siempre habrá algo a lo que debemos renunciar para obtener un beneficio. Toda decisión trae consigo consecuencias que pueden ser positivas o negativas, y dependerá de nuestro buen juicio elegir sabiamente. Lo que escogemos hoy determinará nuestro porvenir, por eso debemos evaluar nuestras opciones a la luz de los principios establecidos por Dios en las Sagradas Escrituras. Siempre que vayas a tomar una decisión date un tiempo prudencial para estudiar diferentes alternativas, evita hacer elecciones cuando estés preocupado, enojado o muy contento; los estados emocionales no son buenos consejeros a la hora de tomar decisiones.

Cuando Jesús predicaba en Galilea se hospedó en la casa de Marta y María. Marta se dedicó a preparar la cena; María, en cambio, se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su enseñanza. Marta, viendo esto, dijo: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:38-42).

María tuvo dos opciones, ayudar a su hermana con los quehaceres o sentarse a los pies de Cristo. Ella demostró con su elección interés por las cosas celestiales, mientras Marta tenía la preocupación por las cosas temporales.

Si te encuentras en una bifurcación y no sabes qué camino elegir, busca la guía divina. Dios te dará paz en ciertos asuntos y te la quitará en los que no te convienen. El balance lo hallarás al rechazar todo aquello que pone en riesgo tu comunión con Dios. Si quieres alcanzar sus promesas, debes renunciar incluso a ti mismo, a tu voluntad, a tus deseos, a tus malos hábitos, a tu apetito por las cosas de este mundo. Al escoger al Señor por sobre todo lo demás, estarás dando el primer paso hacia una vida de elecciones correctas. ¡Ese es el costo de oportunidad que debes pagar!       

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DEJAME ARTE, La Caricatura de Reinaldo

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