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Ataques de Pánico, insomnios, depresión y suicidios en áreas rurales de Puerto Rico

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La Noticia y su Comentario


A medida que llegan al aeropuerto Internacional Bradley más familias provenientes de Puerto Rico, se ha ido reafirmando que el abandono de áreas alejadas de los centros metropolitanos se hace más patente y dramático.

“Usted no se imagina lo que es estar casi dos meses sin luz, sin techo, ni agua.  Nos sentimos como acorralados y dejados de lado,” afirma Rosalía Méndez que acompañada de sus cuatro hijos menores de 12 años y su cuñada Patricia, pudieron viajar desde la Isla en la línea aérea JetBlue. 

“Yo no duermo desde hace semanas,” agregó dándonos a conocer de inmediato uno de los síntomas típicos de la depresión.

El caso de suicidios ha aumentado entre adultos de la tercera edad y personas con condiciones previas de salud mental y no es para menos ya que la ausencia de un techo crea de por si un sentido de inseguridad mientras las incesantes lluvias, temperaturas que superan los 95 grados, la humedad extrema y el ataque constante de mosquitos han hecho pensar a la cuñada de Rosalía que está en marcha un castigo de Dios que anuncia el fin del mundo.

“Las regiones rurales de Puerto Rico contaban con adelantos tecnológicos como el celular, el Internet, la televisión plasma, transporte y una economía de supervivencia asegurada por la agricultura y la crianza de ganado, aves, y porcinos.  Hoy y después del desastre global, los habitantes de Adjuntas, Comercio, Corozal, Las Piedras, Patilla, entre otros barrios adyacentes a centros metropolitanos han regresado a lo que es la realidad de un país subdesarrollado,” afirma el psicólogo Juan Domínguez que tuvo que sumarse a los miles de profesionales que buscan trabajo en los Estados Unidos continentales.

“El problema de Puerto Rico es mucho más grave ya que hablamos de millones de personas que supieron lo que eran de los adelantos técnicos y se sentían cómodos en la realidad virtual.  Regresar al pasado es una experiencia dolorosa, sobre todo cuando no se ve ni siquiera una lamparita que ilumine el final del túnel,” agregó Domínguez que teme que como él, médicos, siquiatras, oftalmólogos, ortopedas, maestros, psicólogos, profesores universitarios y trabajadores sociales, entre otros; continúen abandonando la Isla.

“Deseo ser la voz de los sin voz que no tienen teléfonos ni pueden aun comunicarse con familiares.  Al gobierno de los Estados Unidos y su presidente Donald Trump no les preocupa lo que suceda o pueda suceder a los habitantes de la Isla ahora que lo que fue Puerto Rico ya no existe,” manifestó Armando Amador Berrios, uno de los reverendos que han viajado a Connecticut en busca de ayuda de sus hermanos.

Amador Berrios viene a establecer contacto con hogares dispuestos a alojar a víctimas de la hecatombe.

“Nos preocupan los niños y adultos de la tercera edad que se están dejando morir.  Constantemente debemos repetir que este no es el fin del mundo y que debemos tener confianza en la misericordia del Padre,” afirmó a su llegada al aeropuerto con dos pastores del sector de Las Piedras.

Dialogando con dos trabajadoras sociales que perdieron sus empleos en el sistema escolar de Bayamón, estas afirman que todos los puertorriqueños han experimentado la posibilidad de morir durante el paso del huracán de magnitud excepcionalmente alta que azotó a TODA la isla destruyendo el elemento básico de seguridad que es una casa.

 “No se trató de un mero tornado o una tormenta tropical.  Esto supera otros traumas muy semejantes a los que experimentan las víctimas de tsunamis o terremotos,” dice Joel Vellón describiendo el efecto que produce en niños y adultos que el techo del hogar desaparezca arrastrado por el viento y que seis personas tengan que guarecerse en el interior de un baño por más de cuatro horas para evitar ser arrastrados por el viento y mojados sin piedad por la lluvia.

Los puertorriqueños están aún afectados por recuerdos de la situación traumática que regresan al terreno consciente sin que el afectado o afectada puedan evitarlo.  A esto se deben agregar las continuas pesadillas y la tendencia involuntaria de las víctimas por reacciones emocionales involuntarias en la que el individuo actúa, sin poder evitarlo, como si estuviese aun escuchando el aullido del viento, el ruido de destrozos, gritos de auxilio y agua que se escurre por puertas o murallas.

Una conducta irritable, rabietas, nerviosidad, agresión verbal o aun física hacia otras personas, conducta destructiva, estado permanente de alerta, ausencia de concentración, cambio constante de foco de conversaciones, tartamudez, ataques de llanto descontrolado, dificultad para quedarse dormido o sueños intranquilos, temor a salir al exterior, agorafobia, terror a la lluvia o truenos; son algunos de los síntomas definidos por el Manual de Diagnóstico de enfermedades mentales que de acuerdo a especialistas llegados desde Puerto Rico están afectando a la población tanto del ámbito rural como urbano.

Personas que seguían tratamiento por motivos de depresión crónica, desordenes bipolares, ideas suicidas u homicidas y trastornos de personalidad muestran un agravamiento de estas condiciones sobre todo si no existe el apoyo terapéutico pasado ni la ayuda de medicamentos psicotrópicos.

“Yo me vi afectada por el terror al aislamiento porque visitaba a mi abuelita en Utuado y la destrucción del puente por las aguas desbordadas del río nos mantuvieron aislados por semanas.  Finalmente logramos vadear la corriente de agua y con esfuerzo caminar millas hasta llegar a pueblos donde había alguna ayuda,” dijo Sara que desde San Juan, decidio viajar con un hermanito de siete años a Massachusetts debido a que éste se descontrolaba, se orinaba de noche y despertaba gritando.

Cuando alguien afirme que la situación de Puerto Rico ha mejorado, es bueno recordar que no es lo mismo permanecer por un dia en las comunidades abandonadas, repartir ayuda y regresar a lugares relativamente seguros.  La oscuridad total de noche, los ruidos, el silencio y el ataque de los mosquitos han prolongado y prolongarán las penurias de una población víctima de un desastre apocalíptico.

  Los suicidios es un tema que muchos intentan evitar en las conversaciones que se dan en Connecticut o Massachusetts, pero en los casos de adultos mayores, estos dejan de alimentarse como una forma de alcanzar el descanso final.

103.5 FM - La Voz Radio

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