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El ha venido escuchando por las noches el sonido monótono de una persistente gota proveniente de algún…

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Soñar no Cuesta Mucho …es gratis

Filomeno Carrasquillo Donas ha venido escuchando por las noches el sonido monótono de una persistente gota proveniente de algún lugar ignoto de la sala de baño.  Lo extraño es que ni él ni su esposa Gertrudis han visto algo inusual en los sistemas de cañerías de esa casa nueva que adquirieron a través de un préstamo a 35 años con el Banco la Uzurha Ilimitada. 

  “Los intereses son muy altos y de aquí a que comencemos a pagar el principal pasarán dos o tres décadas,” dijo su esposa que hubiese querido continuar alquilando, pero ¿para qué?  Al menos pueden reclamar los intereses del IRS y en el futuro lejano algo les legarán a sus bisnietos.

 “Como jode esa gota,” ha comentado Filomeno cuya esposa le llama Filonte en la confianza del seno sagrado del hogar. “A ti te da coraje y pegas a decir malas palabras,” le critica Gertrudis que debe admitir que la gotera les desvela y por las noches Filomeno se va por la casa pegando el oído a las paredes.  “Es un goteo del diache. De repente cambia de ritmo, se apresura o se hace más lento y desaparece por diez segundos como si jugara conmigo…maldita sea la &#%@ que la parió,” comenta Filonte a quien le surge desde las entrañas su ancestro de cubano mal hablado.

  Finalmente su esposa le convence y juntos buscan en el Internet “Compañías de Gasfitería y Plomería.”  “¿Plumer lleva una “b?” pregunta Filonte a lo que su esposa le responde que sí, pero antes de la “er.”  “La misma jodienda,” replica Filomeno malhumorado por las subidas del azúcar en la sangre. ¿Diabetes no detectada?

  Como Gertrudis domina más el inglés, es ella la que dialoga con una amable operadora que le pregunta de donde proviene la gotera, o si la ha visto caer con parsimonia desde algunos de los grifos, en la ducha, la tina del baño, los inodoros…

  “Es que ese es el problema, no la hemos visto pero suena más que pandereta de Aleluya y no nos permite conciliar el sueño…” dice Gertrudis ya medio amoscada con tanta pregunta.

  “Señora Carrasquillo, deberemos enviar a un súper técnico experto en goteras indefinidas a las que denominamos cometas ya que aparecen una vez cada diez meses y después de ellas nunca más se supo,” responde la señorita Clement que aprendió algo de español en la escuela superior de Waterbury, allí donde estudió el pillo de John Rowland.

  “¿Es esta consulta gratis o cómo es que se maneja el naipe?” pregunta la esposa de Filonte que ya tuvo pasadas malas experiencias con abogados y los tipos de una funeraria que cobraban extra por el maquillaje del finado.

  Ms. Clement le respondió con parquedad asertiva, pero aún amable, que la visita de uno de sus súper técnicos costaba solamente $325 dólares, pero que cualesquiera fuese el trabajo tenía una garantía de 4 meses y un descuento del 3% para casos futuros.

  “¿325 billetes? Estos son ladrones con licencia como los asociados con Trump,” exclamó Gertrudis que informó a Filonte de lo que había.

  “¡Qué se vayan al diache!” dijo el hombre pensando cómo en Connecticut alguna gente cobra como si los jubilados fuesen potentados billonarios.

  Esa noche la gotera se hizo más frecuente y finalmente encaramado en una frágil escalerilla, Filonte vio un resplandor sospechoso en uno de los caños de plásticos típicos de las nuevas construcciones.  Siguiendo la huella, vio como la condenada gota estaba cayendo en el socavón de una muralla más floja que chiringa de papel de periódico y alegre exclamó “¡te encontré condenada!”

  Por la mañana Gertrudes llamó a otra compañía informándole acerca de la hazaña de su esposo.

  “Estou no cambiar muchou las cousas aunque felicitamous a Doun Filounte, igual se le coubrara $345 y alegresesen de que éshte es un special de fin de añou,” dijo otra fémina.

  Amargados, Gertrudis y Filonte van a comprar batata al Stop & Shop donde repentinamente se encuentran con su ex vecino Tino.

  “¿Y qué les pasa que tienen caras de atacados por zombis?” les pregunta y Filonte le cuenta la historia.

  “Ah, pero les tengo la solución.  Acaba de llegar un muchacho damnificado de Puerto Rico que es un mago de las cañerías, electricista, mecánico, empañetador y carpintero.  Llámenlo a este teléfono y díganle que yo los referí.

  Llegados al seno sagrado del hogar, Gertrudis llama y en media hora llegó a su puerta un hombre joven con un bolso con herramientas.  Después de las presentaciones, Filonte le acompaña al lugar del problema y Guiso, que era el nombre del experto se metió como un contorsionista entre paredes y tuberías, apretó unas llaves, remacho otras y la gota desapareció.

  “¿Cuánto le debemos amigo?,” pregunta Gertrudis a lo que Guiso responde excusándose porque tiene que cambiarle la transmisión a un amigo y después empañetar la pared de un garaje.

  “Bueno por ser a ustedes y como son amigos de Don Tino son $20 pesos.”  Filonte siente un ligero vértigo y Gertrudes palideció.  ¡Es que era como un sueño!  “Pásale 50 le dice a su esposo que al final le dio a Guiso 60.” Generosidad obliga.

 II

  Filonte despierta con el sonido cadencioso y con el ritmo irregular de una gotera.  Guiso había sido un sueño feliz y de malas ganas le dice a su esposa que llame a los $@#&+$ de la compañía para que reparen la gota hija de la gran %&#$ por solamente $350 billetes.

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