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¿Cómo mejorar la calidad del liderazgo?, por Caroline Soto, MBA

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Para una buena administración el liderazgo es clave, pero a veces es difícil saber con precisión en qué consiste. Aquí encontrarás consejos para saber diferenciar entre un buen administrador y un buen líder, y cómo es posible ser ambas cosas.

  1. Analiza tus puntos débiles y fuertes.

A nivel empresa esto se hace con un análisis FODA (de Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas). Puedes replicarlo escribiendo tus propias cualidades favorables y negativas en una hoja, y pidiendo a otros que aporten para complementarlas.

  1. Considera la forma en la que el liderazgo influye en tu proyecto.

Un líder debería inspirar al grupo, moverlo hacia adelante y mantenerlo unido, pero si además de hacer esto no sabe apegarse a los horarios de trabajo, fechas de entrega, división de tareas y demás factores necesarios para el éxito del proyecto, entonces la calidad de su liderazgo es pobre.

  1. Actúa de manera humana y auténtica.

Tener en cuenta a tu propia empatía hacia los demás, tus reflexiones y tu capacidad de comprensión, puede ser mucho más útil que sólo valorar a otras personas por ideas externas a ti o por su aporte material al proyecto.

  1. Aprende unas cuantas reglas implícitas que definen a un buen líder:

Si eres el líder a cargo de un proyecto, tienes la autoridad para tomar decisiones, pero también la responsabilidad por sus consecuencias. Debes aceptar ambas para asumir un liderazgo efectivo, o tu proyecto estará destinado al fracaso.

Nunca hagas amenazas que no puedas cumplir. Si un miembro de tu equipo es ineficiente, grosero y de una calidad humana terrible, puedes estar tentado a amenazarlo con el despido; pero si en realidad no está en tu poder hacerlo, tu autoridad se verá minada y tus amenazas no volverán a ser tomadas en serio.

Marca límites desde un inicio. Aunque quieras creer que en tu equipo todos serán dedicados y cooperarán entre sí por su propia ética de trabajo, o que tus administradores llevarán la batuta para el cumplimiento diario y tú sólo debes liderar en el plano general, lo cierto es que no funciona así. Tienes que decir firmemente a tus subordinados lo que se espera de ellos y asegurarte de que lo cumplan. Promueve la discusión en grupo, pero no toleres las conductas negativas que se salgan de los límites marcados.

Delega. Desde el punto de vista administrativo es esencial para completar el trabajo, pero un líder delega colocando su fe en las habilidades de un trabajador y motivándolo con esto.

Aprende a leer el lenguaje corporal de tu equipo, no sólo para saber cuándo no te están dando información real sobre una parte del proyecto, sino para saber cuándo fingen cordialidad con respecto a un compañero pero buscan perjudicarlo ocultamente.

Promueve el aprendizaje y la experiencia. Esto significa recompensar a los que toman preparación extra, pero también que aprendan sobre el trabajo de los demás para poder cubrirlos cuando se ausentan por enfermedad, y fomentar una visión general de liderazgo en todos los niveles para complementar tu propia acción.

Reflexiona antes de actuar, y toma si es necesario aún más tiempo para analizar los riesgos, las implicaciones, y las mejoras formas de implementar estrategias. Recuerda que la integridad, la consistencia en los ideales aún al innovar las prácticas, y la confianza que transmites, son factores decisivos para constituirte como un líder.

Asegúrate de estar al tanto de lo que ocurre a tu alrededor. No sólo al interior de tu equipo, sino de tu empresa, tus clientes, tus proveedores, tu sector de mercado y el mundo en general.

Sé proactivo. No esperes a que los problemas o las oportunidades se presenten; intenta anticiparte a los riesgos para resolver cualquier inconveniente menor antes de que crezca, y generar las oportunidades por tu cuenta antes que los demás noten el espacio que hay para desarrollarlas.

Diviértete. No se trata de ser un dictador o tratar a tus subordinados como esclavos: asegúrate de que se lleven bien entre ellos, que haya tiempo para la convivencia y que tú mismo disfrutes interactuar con el equipo: ellos lo notarán y te considerarán un mejor líder.

Siempre habla con los miembros de tu equipo, administradores de tu empresa o de cualquier negocio, sobre ideas para aplicar en todas las áreas. Pregunta, y averiguarás que otros ya han probado que el plan de mejora que tenías en mente no funciona, o que alguien ya encontró la solución para el problema aparentemente irresoluble que te atormentaba.

  1. Considera tus propios sentimientos o impresiones.

Si ha habido fracturas en tu equipo, si no hay confianza, si no tienes respeto por tu misma posición o la de tus subordinados, debes resolver los problemas cuanto antes.

Aunque algunas personas intentan separar lo personal de lo “profesional”, el factor humano en realidad es el más importante para poder hacer un buen trabajo. Siempre toma en cuenta tu situación personal y la de tu equipo cuando quieras hacer mejoras en la forma en que trabajan.

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