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El toca y toca la campanita del Ejército de Salvación…

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Virgilio Tirokio Mandel toca y toca la campanita del Ejército de Salvación a la salida de un supermercado.Una alcancía roja invita a la clientela a depositar algunos chavos después de adquirir en la iluminada súper tienda WallyMarte de abarrotes, vituallas y provisiones; las carnes, el arroz Uncle Tracy, los productos Joya, la buena malanga, los plátanos, las deliciosas papas dulces, las verduras, botellas de KK Kola Ultra, los jugos de dieta con 500 gramos de azúcar, mucho pan con manteca, el exclusivo aceite de oliva y del otro, cebollas, ajo y papas.

Con tanta compra la gente sale de malhumor medios sudados por el calor artificial de la gran bodega en la que usted encuentra desde una aguja hasta el último modelo de plasma para ver entre otras cosas El Show Número 3,591 de Don Francisco, la telenovela titulada “El hijo carnal del Cartero simpático,” y la serie denominada “El nacimiento y ocaso de un degenerado llamado Matthews que se lo mostraba a las secretarias y quería que lo aplaudieran,” además de la telenovela porno protagonizada por la JLo, “Eso no es ná, yo me protejo.”

Virgilio toca y toca la campanita llamando infructuosamente a la conciencia de los que compran, invitándoles a pensar también por un momento en aquellos que no pueden comprar el último mouse inalámbrico Rata Plus, o la tableta milagrosa androide, satelital, simbiótica PUTINesko 183 con películas rusas de esas que le gustan a trump.

Una brisa intensa de invierno atrasado obliga a Virgilio a moverse constantemente para mantener su cuerpo caliente, y la verdad es que la gente entra y sale sin hacerle caso ni escuchar en sonido de la campana que ayuda a recordarles que estamos en la época de Navidades, sinónimo de amor, caridad y acciones generosas.

“Hummm, habrán caído a todo dar cinco dólares,” piensa Virgilio a quien se le han helado los pies y algunos estornudos con tos le hacen prever el comienzo de un catarro malo.

Desde un SuperLexus N-Tremendus Gama, alguien observa la escena de los que van y vienen cargados con mercancías y un Virgilio semi congelado que toca la campana.También ha notado que pocos son los que tiran algún billete en la cajita roja de la colecta.

“Es que la naturaleza humana es una dualidad de los generoso y lo mezquino; lo prodigo y lo tacaño; lo bondadoso y aquello tristemente cicatero y avaro,” reflexiona el observador.

“¿Porque mi gente será así?” se pregunta Milton quien de vez en cuando lee libros de filosofía de Spinoza y Hobbes, epístolas de San Pablo, los pensamientos de San Francisco, y el tema de la plusvalía y los excesos del súper capitalismo.

“Tan-Tan” continua sonando la campana recordándoles a los compradores el tema típico de una canción de la época navideña. ¿Jingle Bell?

Milton ha descendido de su automóvil y se acerca al área donde está Virgilio para observar más de cerca las peculiaridades del ser humano.Un nene ha depositado una peseta que le ha dado su mamá embutida en un abrigo de piel, para que el muchachito aprenda lo que es generosidad.Repentinamente el abrigado manager ha salido y habla con Virgilio.Milton escucha disimuladamente la conversation.

“Some of my clients are upset because you play the bell too loud,” le dice y Virgilio mira la campana y cogiéndola del boj, la agita y con su boca imita el tan-tan de un modo melodioso para no incomodar a la clientela.Es que la gente reclama por todo, especialmente en ciertos pueblos donde conocen a los latinos en los numerosos DD que brotan como callampas y donde les pagan a los empleados y empleadas 8 dólares por hora obligándoles a escuchar una condenada y repetitiva música sobre la que no tienen control.

Milton no cree lo que escucha e ingresa al supermercado de mal genio y de inmediato llama al manager a su elegante oficina localizada en el segundo piso de la tienda.“Mr. Milton…” alcanza a decir el manager a quien las órdenes del administrador general de la región, Milton Thomas, suenan como estallidos de una fusta de los tiempos con la que los esclavos de los antepasados de Milton recibían castigos en las fincas y granjas de Simsbury.

“Mire Perkins, vaya ahora mismo y en dos carros de la tienda le provee al hombre del Ejército de Salvación que está afuera provisiones para dos meses.Para el traslado las mercancías, Stuart le llevará a su hogar.Cítelo para mañana y me lo contrata para algún trabajo que pague más de 14 dólares…” dice Milton.

“Pero…” alcanza a expresar Perkins que no alcanza a terminar la frase porque Mr. Milton Thomas ha salido de la oficina, le ha dicho a Virgilio que toque la campana del Ejército de Salvación todo lo que quiera y que espere allí para una sorpresa que le tiene preparada la tienda..

De inmediato en su automóvil y cómodamente instalado en el asiento trasero le da órdenes a su chofer de visitar todas las sucursales deWallyMarte de la región donde haya personas del Ejército de Salvación para repetir lo que hizo con Virgilio.Desde el Súper Satelital se comunica con cada uno de los administradores de sucursales de WallyMarte ordenándoles que preparen un bono de $200 para cada empleado de las tiendas.

“No todo será plusvalía ni crasa explotación,” dice Milton mirando las mansiones del pueblo de Simsbury y de sus alrededores.

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LA CARICATURA DE REINALDO

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