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Pablo llega así al imponente y colosal edificio de la compañía fundada en el 1850 como un kiosquito insignificante.

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Pablo Martínez Rolán camina con entusiasmo a su trabajo en la compañía Aetna, después de llegar a la estación terminal de los famosos servicios de transportación CTFastTruck que llegan a Hartford desde la famosa ciudad de New Britain, sede del restaurante Mofongo, numerosas agencias de fiadores y unaBotánica.

Pablo llega así al imponente y colosal edificio de la compañía fundada en el 1850 como un kiosquito insignificante.El chinchorro era tan chiquito que no vendía seguros sino que seguritos e incluso, antes de la guerra civil, aseguraba a clientes dueños de esclavos para el caso que estos se murieran, lo cual era común debido a los malos tratos.

El edificio al que Pablo Martínez ha llegado puntualmente de lunes a viernes por los últimos veintisiete años, es una sólida y enorme estructura estilo colonial que en 1930 se transformó en el edificio más grande en su tipo no solamente de los Estados Unidos, sino que de todo el planeta. A solamente 80 años de su fundación, hubo muchas ganancias y se logró construir el edificio que cuenta ahora con su propio sistema postal, bomberos, servicios de espionaje, fantasmas, funeraria y un cuartel de la policía privada de la empresa.

Al llegar, Pablo se encuentra con un grupo numeroso de empleados que hacen fila frente a unos mesones donde unos tipos con trajes de médicos, les auscultan el pecho, le miran el interior de la boca y les ponen en la frente un sello que reza: “Sold” que en español significa “vendido.”

Una vez que los empleados firman en un inmenso libro, se les permite ingresar al edificio desde donde ha desaparecido el nombre de la compañía que según dicen cuenta con 49,500 empleados de los cuales 4,000 y tantos laboran en el edificio.Para sorpresas de Pablo, en vez del señorial nombre Aetna, ahora le reemplazan las gigantescas letras de CVS y todos admiran el prodigio.

¿Cómo se produjo este cambio en 24 horas?

“Pero si hasta ayer éramos Aetna, yo no quiero trabajar en una farmacia gigantesca,” dice llorando una compañera de trabajo de Pablo que observa como no todos reciben el sello de “Sold” en la frente.Otros con la cara más larga que un día lunes se apretujan cerca de una mesa chiquita en la que hay una empleada sentada debajo de un cartel raquítico que reza “apelaciones y reclamos,” explicando por qué no les estamparon el sello de “vendidos” en la frontispicio de la careta.

Los elegidos con el signo “Sold” grabado en la testa, pasan al auditorio de la compañía donde a empujones los guardias de seguridad les acomodan en las butacas.Los rostros de los asistentes se ven lívidos ya que nadie sabe para dónde va ese sorpresivo cambio.

Repentinamente con música de fanfarria y la voz del tenor Pavarotti de fondo entonando el tema “Time to say goodby, surge en la pantalla la faz del mandamás o más bien ex CEO, ahora part-time Mark Benito Bertolini que con una sonrisa en los labios y la faz llena de alegría, informa a los asistentes lo que traerá el futuro a largo plazo y el año 2018.He aquí las palabras de Benito.

“Empleados y empleadas todas.Primeramente deseo felicitarle por tener la posibilidad de continuar trabajando en el nuevo embeleco financiero apodado CVS Health Corporation.Después de reuniones más secretas que las que coordinó Segarra para construir el parque Dunkin’ Donuts; hemos llegado a un hermoso, formidable y tremendo acuerdo de venta con esta gran empresa CVS cuyos cuarteles generales están situados en Woonsoket, Rhode Island y se fundó en 1963, el otro día.CVS es más conocida como La Farmacia y tiene no 100,000 ni 200,000, empleados sino que 250,000 y en el 2016 se hizo fácil de $177.5 billones de billetes en ganancias.En este nuevo embeleco, ellos compran y nosotros vendemos todo, incluso ustedes.

Empleados y empleadas vosotros, sacrificados trabajadores que habéis derramado honestamente vuestro sudor en las computadoras; pasareis a ser parte de un gran consorcio donde se desempeñarán en tareas aún no precisadas.Os pido paciencia y resignación. Ustedes saben que los quiero mucho y que les echaré de menos desde Nueva York, pero así son las cosas.Sentimos la responsabilidad inmensa de preocuparnos de nuestros 6,000 empleados en Connecticut cuya mayoría están ya “vendidos,” a CVS.Las lágrimas me ruedan por dentro de las mejillas y recuerden que de la paciencia vive el camello y como decía Benito Mussolini, “Viva el Duce y el Duce de Coco que me gusta mucho.Adieu, adieu.”

Los empleados “SOLD” que escucharon a Benito Bartoloni (llamado en el seno de su hogar Batolo) y que ya están “vendidos” de acuerdo a lo que indica el sello en la frente como del que hablan los Testigos;son enviados a ver otro video en uno de los halls más chicos y sin butacas en los que se están presentando“Como comenzar tu carrera a los 60 años,” “profesiones en las farmacias,” “talleres para colocar vacunas,” “no sople potes, hágase supervisor,” y “lidiando con la depresión en las Navidades.”

Los vendidos son posteriormente empujados a unos camerinos gigantescos en los que se les proporcionan blusas azules de ayudantes de farmacéuticos y se les entregan links para que se familiaricen con los productos inventados por la industria de la pastilla, incluidos el Viagra y los nuevos purgantes. A empujones se conduce a los vendidos a sus oficinas donde la mayoría se quedan sentados y pensando y como decía Platón, “comiéndose un cable,” cuestión difícil, pero no imposible.Por los alta voces se escucha una canción que termina con un coro armonizado que repite CiViEs.

II

Pablo Martínez Rolan ha despertado y de carrerita se dirige al CVS del bloque a comprar Tylenol 24 Ultra ya que no sabe porque amaneció con un tremendo dolor de cabeza y tiene que abordar el FazTracher a las seis de la mañana para no llegar atrasado.El pobre no sabe lo que le espera en la avenida Farmington ya que los sueños a veces son pesadillas.

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