En vivo LIVE

Publicidad

Columnistas

La verdadera navidad, por la Lic. Liliana D. González

Share on print
Print
Share on email
Email
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Navidad es la época del calendario donde las compras, los regalos y los festines se extienden sin control. Diciembre siempre irrumpe con su aroma a pino, con el encendido de luces y villancicos, esparciendo esperanzas en cada corazón. Aunque las Escrituras no otorgan datos específicos, en estas fechas los cristianos celebramos el nacimiento de Jesús.

La Biblia dice que estando María en cinta, fue con su esposo José a Belén de Galilea para censarse, y mientras se encontraban allí se cumplieron los días para el alumbramiento. «Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en  el mesón» (Lucas  2:7).

En esa época se llamaba mesón a la posada donde los viajeros se alojaban para pasar la noche. Algunos mesones disponían de establos donde se ubicaban a los animales de los huéspedes para su descanso y alimentación. Y fue precisamente allí, en un establo oscuro, húmedo, sucio, hediondo a excremento de ganado, donde María halló lugar para dar a luz al Salvador del mundo. A pesar de ser el Hijo de Dios el que estaba por nacer, llama poderosamente la atención las calamidades que desde un principio enfrentó la obediente y fiel María. Parir con dolor en aquellas condiciones no debió ser nada fácil, virgen, primeriza y sin una partera que la asistiera, la puedo imaginar asustada, pero valiente; adolorida, mas confiada en el Señor. Ante los persistentes dolores de parto, José tocó las puertas de muchas casas y mesones, desesperado explicó la situación, sin embargo, no halló vacante para el Mesías.

Eso es precisamente lo que sucede hoy, dos mil años después, Jesús está tocando la puerta de numerosos corazones, pero se hospedan allí la vanidad, la envidia, el orgullo, la codicia e incluso el rencor y el desánimo tienen su habitación, es por eso que no hay un lugar para el Señor.

Dios pudo crear las condiciones perfectas para el nacimiento de su único Hijo. Los judíos pensaban que el Mesías prometido nacería en un ambiente real, sin embargo, Cristo nos reveló la verdadera intención de su Padre: «El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10). A salvar las almas cautivas, a sanar a los enfermos y a limpiar con su sangre el pecado. Él nace en nosotros cuando lo dejamos entrar, no obliga ni manipula a nadie: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz, y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo» (Apocalipsis 3:20).

La verdadera navidad consiste en dejar nacer a Jesús en el pesebre de tu corazón, invítalo a entrar y a morar en ti. Recuerda que Él es la luz del mundo, y su mayor deseo es resplandecer en medio de la oscuridad de tu pesebre.

Jesús llegó como un peregrino pidiendo posada, nació en la pobreza de un inmundo establo, su cuna fue el pasto de los animales, murió en una cruz de madera y resucitó de entre los muertos para enseñarnos que estamos de paso en el mundo, que los verdaderos tesoros son invisibles y que la llave de la vida eterna la guarda el Señor.

Si quieres conocer más sobre la Palabra de Dios, sígueme en mis redes: https://lilivivelapalabra.wordpress.com/ https://www.facebook.com/reflexionesvivelapalabra/ https://twitter.com/lili15daymar.

Te puede interesar Noticias Relacionadas

La Voz Hispana TV

Scroll to Top