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NEW HAVEN: Huyendo de la guerrilla buscó asilo aquí y ahora lo están deportando

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Por pertenecer a un sindicato, Asociación de Institutores del Departamento de Antioquia(ADIDA), el profesor Francisco Antonio Acosta Serna, fue amenazado de muerte por la guerrilla colombiana FARC, por lo cual optó por entrar ilegalmente a los Estados Unidos. Aquí pidió asilo político, el cual le fue negado, por lo cual enfrenta una orden de deportación por estos días. Su caso se suma al de Nury Chavarría, Marco Antonio Reyes, Nelson Pinos, y otros más a nivel estatal (foto NANDO)

AHORA EL TURNO ES PARA UN COLOMBIANO

Un ciudadano colombiano es otro de los inmigrantes en Connecticut que en los últimos meses ha recibido orden de deportación por parte de las autoridades de Inmigración, a pesar de ser un hombre trabajador, no tener record criminal, pagar honestamente sus impuestos , y estar al cuidado de su madre a quien le detectaron un cáncer tres años atrás.Los problemas de Francisco Antonio Acosta Serna, un maestro escolar, comenzaron en 1999, cuando vivía en el municipio de Betulia, Antioquia. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, (FARC) empezaron a amenazarlo de muerte si no se iba del pueblo. Dos años después, en el 2001 -luego de reunir cierta cantidad de dinero-, sale huyendo de su tierra natal, cruzando la frontera de los Estados Unidos, en busca de amparo. Su intento resultó fallido ya que es detectado por los oficiales de “Inmigration and Customs Enforcement(ICE)”, quienes inmediatamente procedieron a arrestarlo.

DEFENDIDO POR SU SINDICATO

El sindicato que ampara a los trabajadores de Wesleyan University, por su nombre en inglés como “Service Employees International Union, CLC(SEIU), ha estado apoyando la lucha de Francisco Antonio Acosta Serna, para no dejarse de deportar. Al momento de realizar esta entrevista, al inmigrante colombiano lo acompañaba el señor Franklin Soults, Representante en Comunicaciones para la Unión 32B de SEIU, quien nos dijo lo siguiente:

“Nosotros somos una unión de limpiadores y de oficiales de seguridad aquí en Connecticut y en toda la costa este desde Boston hasta Miami. Aquí en este estado tenemos como 4.000, miembros, de los cuales Francisco es uno de ellos, porque él trabaja en la limpieza de la Universidad de Wesleyan.

Nosotros oímos de su caso, y  por año tras año hemos estado luchando en la cuestión de Inmigración, porque la mayoría de nuestra membresía es de origen latino o inmigrantes de Sudamérica o del Caribe.

Como miembro que es él de nuestra unión, nosotros estamos haciendo lo que podemos para dejarle al público saber lo que está pasando con mucha gente en este país desde la llegada de Donald Trump a la presidencia. Y en el caso de Antonio propiamente, también estamos luchando para tratar de combatir su deportación  para que se pueda quedar acá. En estos momentos los abogados de la unión están enterados de lo que está pasando con este caso en especial, por lo cual siempre están realizando consultas  con el abogado de él. Y nosotros –por su parte-, estamos hablando acerca de lo que podemos hacer con relación a los periódicos, la radio, o con la televisión para tratar de elevar este caso para que el público sepa qué es lo que está pasando. Ahora empezamos con ustedes, amigos de “La Voz Hispana de Connecticut”, y luego seguimos con “The Hartford Courant”, y con otros medios más. Una de las personas que ha tomado interés en este asunto es el Senador Richard Blumenthal, con quien estaremos reuniéndonos muy pronto…”

“Ahí fue cuando me detuvieron los oficiales de Inmigración ya que me pillaron tratando de entrar ilegalmente a éste país,” contaba Acosta Serna.

Sus familiares, primordialmente su madre, padre, y hermanos –quienes son ciudadanos americanos y residentes de Connecticut-, inmediatamente se movieron a pagar $ 4,500 de fianza para que felizmente Francisco Antonio, pudiera estar junto a ellos, mientras buscaban la manera de encontrar una solución a su problema.

Y luego de fijar su residencia en Hartford, el inmigrante colombiano procedió entonces a presentarse ante las autoridades de Inmigración, en busca de un asilo político por el cual estuvo luchando por varios años, hasta que al fin “La Migra” un día se lo negó de plano.

Hay que tener en cuenta que en medio de este caso – la huida de su país y la esperanza de encontrar refugio en suelo norteamericano-, Francisco Antonio Acosta Serna, pierde lo más amado, como lo era su esposa –quien se alejó de esa relación-, y a sus dos hijos, quienes hoy residen en Europa, precisamente en España. En otras palabras, la familia se disolvió.

Esa es parte de la ingrata historia de nuestro entrevistado de hoy, quien esta semana vino a compartir con los lectores de “La Voz Hispana de Connecticut”, su dolorosa realidad: Ya le dieron orden de deportación y por ese motivo fue citado para éste próximo lunes, 18 de diciembre/2017, por las autoridades de Inmigración para que les presente a ellos un boleto de avión sin retorno, que tiene como destino su patria colombiana, de la cual tuvo que huir a causa de las amenazas de muerte y a la cual regresa sin saber a dónde llegar, y con su alma en vilo, porque no sabe qué lo que le puede pasar, y más ahora con los acuerdos de paz, que han permitido que los antiguos guerrilleros estén por todas partes, y sin nadie que les diga nada.

“Yo nací en Armenia, la capital del Departamento del Quindío y era profesor del magisterio de Colombia, en donde trabajé 18 años. Y como pertenecía al sindicato, la guerrilla me amenazó de muerte,” nos decía de sus problemas Acosta Serna. “Para ese tiempo, varios compañeros y políticos fueron asesinados, motivo por el cual, a mí me tocó salir de mi país, porque mi vida corría peligro. Por eso fue que cuando llegué a Hartford, inmediatamente pedí asilo político, el cual posteriormente me fue negado por un juez en el año del 2008.”

Según cuentas, el juez que examinó su caso en esa época, no tuvo en cuenta las amenazas latentes en contra de este profesional del magisterio colombiano, ni mucho menos que la mayoría de los miembros de su familia residan aquí con un status legal completamente definido. “Yo tengo a mi mamá y a mi papá que son ciudadanos americanos y de siete hermanos que tengo, cuatro son ciudadanos americanos y los demás residentes legales,” señalaba. “Fuera de eso, tengo en los alrededores de Hartford, otros 10 familiares que son ciudadanos americanos, y 40 más como residentes. Como puede ver, toda mi familia vive por aquí, y por esa misma razón fue que vine a pedir asilo político acá. Ahora, para que voy a Colombia, si yo no tengo nada allá, y tampoco sé lo que me pueda pasar. Con la firma de la paz, ahora los guerrilleros andan por todas partes, y eso me causa inquietud.”

Acosta Serna dice que él le presentó evidencias a Inmigración de las amenazas de muerte que en su momento le hizo la guerrilla colombiana, pero que éstas no fueron tenidas en cuenta. “Yo les presenté a las autoridades evidencias de dos compañeros que fueron testigos presenciales de la forma como la guerrilla del Frente 34 de la Farc, me amenazó dos veces, estando yo desempeñándome como docente en el municipio de Betulia, Antioquia. Todo ese historial lo tiene Inmigración”, señalaba.

El ex-profesor dice que esas amenazas empezaron en 1999, por lo cual tuvo que renunciar a su cargo en el magisterio. “Luego me fui a otro departamento de Colombia, de nombre Risaralda, y por allá siguieron las mismas cosas, ya que en esos momentos la guerrilla tenía 57 frentes, con más de 15 mil guerrilleros alzados en armas, y quienes tenían inherencia en todo el país,” explicaba Francisco Antonio Acosta Serna. “Viendo todo esto, y el peligro en que corría, decidí entonces mudarme y encerrarme en una casa en la ciudad de Manizales, en el Departamento de Caldas, hasta el día en que pude reunir un buen dinero con el cual logré alzar vuelo hacia los Estados Unidos.

Francisco Antonio Acosta Serna, dijo que además de su petición de asilo, su progenitora también lo había tratado de pedir como ciudadana Americana. “Paralelamente a mi petición de asilo político en el 2001, mi mamá también me había pedido a través de la E130. Desafortunadamente, ni lo uno ni lo otro. Me negaron el asilo, y lo de mi mamá -como yo ya estaba en suelo estadounidense-, lo que hizo fue enredar más las cosas. Tiempo más tarde, entre el 2010 y el 2012, cerraron el caso.”

En ese mismo proceso de lograr un status legal en este país, Acosta Serna, obtuvo permiso de trabajo y se desempeñó en varios empleos, pagando cumplidamente sus impuestos y exhibiendo una buena hoja de vida. Actualmente se desempeña como conserje en Wesleyan University, en donde además ayuda espontáneamente a los estudiantes a resolver problemas de Matemáticas y otras asignaciones, que ellos no pueden entender. El ex-profesor colombiano, les enseña el camino, y por eso se ha ganado el respeto y cariño de los que a él acuden.
A través de los años, el sufrido inmigrante colombiano ha sido blanco de abogados de mala calaña, quienes aprovechando que no es muy fuerte en el inglés, le han quitado grandes sumas de dinero, el cual nunca más ha vuelto a ver.

En medio de todo esto, ya para el 2015, Francisco Antonio Acosta Serna, recibe una citación para que se presente a las oficinas de Immigration and Customs Enforcement, con su representante legal, el abogado José Nieves, en donde le dan de nuevo permiso de trabajo y le piden que se estuviera presentando cada tres o seis meses. Él cumplió con todas esas citas sagradamente, y en la última, realizada el pasado 20 de noviembre de este año, el oficial de Inmigración le da la noticia que él menos esperaba: “¡Señor Acosta Serna, favor presentarse el lunes 18 de este próximo mes de diciembre, con un tiquete de vuelo para su país, sin regreso! y de una sola vía!”

La noticia ha sido devastadora para Acosta Serna y toda su familia, y por eso es que por estos días han estado tratando de buscar apoyo entre las organizaciones de defensa de los inmigrantes y la comunidad en general para buscar salvarlo de su deportación. En esa cruzada se encuentra el Senador Richard Blumenthal, quien ha estado luchando por ayudar a otros inmigrantes en casos similares y con muy buen éxito, obteniendo para ellos una suspensión temporal de su orden de deportación. Ojalá éste sea el caso también de Francisco Antonio Acosta Serna, quien sabe que de volver a Colombia, su vida volverá a estar amenazada. “Es que la guerrilla ya no está en el monte. Ahora se les ve por todo el casco urbano,” como dice este humilde ex-profesor, que ahora lo que espera es un milagro del cielo. Y ojalá le llegue…!

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