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¡FELIZ NAVIDAD!, por la Lic. Liliana D. González

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Nuestra sociedad ha reemplazado el verdadero propósito de la Navidad por el materialismo, el consumismo, los mitos y tradiciones. Los cristianos celebramos la Navidad para conmemorar el nacimiento de Cristo y el maravilloso misterio de la Encarnación. Es una gran bendición reunirnos en nuestros hogares con la familia y los amigos para alabar a Dios con acciones de gracia por su inagotable misericordia.

Desde muy temprana edad, Jesús acompañaba a sus padres cada año a Jerusalén para celebrar la fiesta de la Pascua (Lc 2:41). En esa festividad los judíos recordaban cómo Dios los había protegido y liberado de la muerte (Lv 23: 5). El primer milagro que registran las Escrituras fue en una fiesta de bodas, Jesús fue invitado y al saber que el vino se había agotado y que esto sería una afrenta para los recién casados, convirtió el agua en vino. Como puedes notar, Dios no está en contra de las celebraciones, al contrario, se complace cuando lo invitamos a la fiesta y recordamos todas las grandes cosas que Él ha hecho por nosotros.

La noche del 24 de diciembre, en vísperas del día 25, los cristianos conmemoramos el nacimiento del Hijo de Dios. Hace más de cuatro mil años el profeta Isaías anunció: «El pueblo que andaba en oscuridad ha visto gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido (…). Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se les darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Su gobierno y su paz no tendrán fin. Él gobernará con justicia y rectitud por toda la eternidad» (Is 9: 1-7).

Siete siglos después, la profecía se cumplió con el nacimiento de Jesús. Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10). Sin Él estábamos perdidos. No teníamos dirección ni protección; vivíamos tristes y sin esperanzas. La Buena Noticia es que Jesús mora en el corazón de los que creemos en Él, su Espíritu es la luz que nos guía y nos saca de la oscuridad. Él transforma nuestra tristeza en esperanza; con Él tenemos asegurada la eternidad en el cielo. Ésta es la esencia de la Navidad ¡Gocémonos y alegrémonos! 

No confundas la Nochebuena con una simple fiesta de derroche, alcohol y comilonas; es una ocasión para dar gratuitamente, lo que gratuitamente hemos recibido (Mt 10:8). Todos los bienes que poseemos proceden del Padre (Stg 1:17). Él nos bendice para que seamos de bendición, nos provee para que proveamos, nos ayuda para que ayudemos, nos perdona para que perdonemos. Ora, ama y perdona para que la luz de Jesús brille en tu corazón. ¡Feliz Navidad!

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