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La tradición de los Reyes Magos, por Waldemar Gracia

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¡Ya pasó el día de los Tres Reyes Magos! Ahora entramos en lo que se conoce como las “Octavitas”. ¡Una Gran tradición Boricua! ¡Cómo pasa el tiempo! Recuerdo de niño que las fiestas de Reyes se seguían celebrando en casa hasta febrero. Pero; ¿Quiénes son los Reyes Magos?

Recuerdo una bella historia que me conto mi abuela. Una historia donde se cuestionaba si eran tres o cuatro los Reyes Magos. Bueno, eso ya lo veremos. La historia comienza en una linda noche de luna llena, un niñito llamado Luisito compartía con su abuelito mientras ambos esperaban el regreso de su madre quien había salido de compras desde temprano en la tarde. Era la víspera de Reyes y la noche estaba clara y despejada. Mientras ambos miraban al cielo Luisito le preguntó a su abuelito: “abuelito, ¿porque son sólo tres los reyes magos?” Su abuelito, un hombre de mucha experiencia y de gran sabiduría admitió a Luisito que a sus 78 años nadie jamás le había hecho semejante pregunta.

“Luisito…mi’jo…déjame contarte algo que debes conservar para toda tu vida”. “Originalmente eran cuatro los Reyes Magos…solo que a él le acontecieron algunas cosas durante el camino”. De acuerdo a su narración, este Rey llevaba el más precioso de todos los regalos. Mientras ellos iban siguiendo a la estrella, los ojos de los primeros tres estaban fijos en el firmamento, mientras que el último se percató de un pobre mendigo que a la orilla del camino yacía mal herido. Sabiendo que los demás seguirían su rumbo, él se decidió a detenerse y curar las heridas de este mendigo. No conforme con eso, se desvió del camino y lo dejo en una posada que estaba cerca del lugar y le pago al encargado por el cuido de este hombre a quien no conocía.

Un poco atrasado en su travesía, el cuarto Rey prosiguió su camino. Aun podía observar la resplandeciente estrella en el firmamento. De repente escuchó lo que parecía ser una Oveja que había caído en un hoyo profundo. Por un momento pensó que si se detenía perdería mucho más tiempo. Pero sin pensarlo dos veces se compadeció del pobre animal y luego de unas horas de mucho esfuerzo el animal salto libre y huyo del lugar a toda velocidad. La Oveja ni siquiera hizo un gesto de agradecimiento, pero a este Rey Mago no le importo. El solo sentía la satisfacción del deber cumplido.

Más adelante se detuvo a conversar con unos pastores de Ovejas quienes le informaron acerca de la aparición de un Ángel que les anunció buenas nuevas de gran gozo. Descansó un poco antes de proseguir, pues había trabajado mucho con aquella Oveja. Al momento de salir escuchó a algunos de los pastores que daban voces de alegría porque ya regresaba la Oveja que desde el día anterior se hallaba perdida.

Una vez en camino, el Rey se percató de que su Camello se estaba enfermando. Luego de un corto tramo se detuvo para observar a su animal. Luego de revisarlo descubrió que su Camello había sido mordido por un escorpión muy venenoso mientras él se encontraba ayudando a la Oveja a salir del pozo. Estaba cerca el amanecer, y viendo que su Camello sufría mucho en agonía, decidió sacrificarlo con su espada. Por unos momentos lloró a su fiel animal, quien le había servido por tanto años.

El cuarto Rey Mago continuó su camino a pie, sobre su pecho protegía el más precioso y más valioso de todos los regalos. Ya los rayos del alba alumbraban todo el paisaje y a corta distancia se divisaba un pequeño poblado. Cuentan que este cuarto Rey Mago nunca pudo alcanzar a los primeros tres, ni pudo estar presente en el momento del nacimiento del Niño Rey.

Luisito, muy impresionado con el relato insistía para que su abuelito le contara cual fue el destino del cuarto Rey Mago. Su abuelito, mirándole con mucho cariño le dijo: Luisito, mi’jo…este Rey nunca pudo entregar sus presentes al Niño Dios. Cuentan que se dedicó a repartir entre todos los que se encontraba la riqueza de sus presentes, y entre más los ofrecía más se le multiplicaban y así continúo haciéndolo durante toda su vida. Nunca más se supo del cuarto Rey Mago, pero se dice que sus presentes fueron repartidos entre tantas y tantas personas que hoy día todo hemos recibido una porción de ellos. Y quien lo recibe tiene que darlo para que se le multiplique y así tenga más para dar.

Luisito preguntó a su abuelito ¿Y yo tengo de ese regalo también?” Su abuelito le contestó “Sí, y lo acabas de compartir conmigo” “Ese gran regalo, tan precioso y valioso es el amor”. 

Hoy tú puedes compartir ese regalo también, el amor es el único regalo que entre más se da y más se reparte más nos sobra para dar.

103.5 FM - La Voz Radio

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