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Bajo el mismo sol, Jorge L. Limeres Gregory

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Hoy escribo unas letras no para explicar el estercolero nacional político en los Estados Unidos. Contrario a eso, intentaré expresar lo que siento sobre el grave asunto que nos consterna a todos. Me refiero a los “soñadores”, que se han convertidos en víctimas de otro juego político estadounidense. Estos jóvenes criados aquí que reclaman no ser devueltos a sus lugares de nacimiento al entender que este es su país: tienen toda la razón y la fuerza moral de su reclamo. Estoy seguro que esos jóvenes comprenden la situación de sus padres cuando tomaron esa decisión de traerlos aquí. Tampoco sería justo culparlos por esto.  Ellos como yo tuvimos que tomar la dolorosa decisión de abandonar nuestro terruño para darles una mejor oportunidad a nuestros hijos.

Es vital recordar que nosotros, los “otros americanos”, somos una amalgama de razas, de etnias y que no somos mejor que nadie, pero jamás peor que nadie. Teniendo presente que no toleramos insultos soeces de insolentes e ignorantes personajes, aunque crean ser dueños del mundo.

Tenemos, a mucha honra, una rica historia y unas vivencias similares, un legado que ha formado nuestra personalidad y nuestro carácter.

¿POR QUE EMIGRAMOS?

La economía estadounidense siempre ha dependido del sudor y la sangre de nuevos emigrantes. Las oleadas de extranjeros aún siguen llenando las necesidades de mano de obra barata que exige esta sociedad. Los emigrantes vienen porque las condiciones de vida en sus respectivas naciones son precarias.

Los EEUU es un país construido por inmigrantes que han despreciado y maltratado a sus verdaderos dueños y se les ha olvidado las razones por las cuales sus antepasados llegaron aquí.

Tenemos que señalar que la responsabilidad es y ha sido de los que se han enriquecido con el sudor de los que trabajan y de la explotación de la riqueza de nuestra América para beneficios extranjeros.

Sabemos que hay miles de emigrantes que vienen documentados a los EEUUAA.  Irónicamente los que entran por la puerta principal a esta nación, han sido seducidos por la misma razón que seduce a los que entran por la puerta trasera: la ilusión de una vida mejor. La diferencia es que unos son más deseables que los otros. Los primeros son necesarios en los hospitales, en los programas científicos, en la alta tecnología, en la educación y en otras áreas más.

Los segundos, tan importantes como los primeros, hacen lo que nadie quiere hacer y están sujetos a que su humanidad sea determinada por unos míseros documentos. Los emigrados al igual que nuestros recursos también han sido secuestrados.

Emigrar no es fácil para nadie. La separación causa intenso dolor.

No importa de dónde vengas, no importa lo que hayas tenido. Nos envuelve una profunda angustia cuando tenemos que abandonar nuestra tierra, nuestros amigos, las sonrisas en el vecindario, el río que cruza por el valle, el apretón de manos, el abrazo fraternal, las inmensas montañas, la despedida familiar, reconociendo que el tiempo nos puede engañar impidiendo el regreso a lo nuestro.

Y duele más, cuando nosotros, en el lado sur de la frontera recibimos a los que nos visitan, con la hospitalidad típica de nuestros pueblos, le abrimos las puertas, los tratamos como hermanos. Ese comportamiento es parte de nuestra manera de ser.

Duele cuando tenemos que vivir en el exilio, para ofrecerles algo diferente a nuestros hijos, quizás para arreglar el rancho que dejamos atrás, quizás para asegurar un pedazo de pan a la hora de comer.

Que lo ganamos con el sudor de la frente, por eso toleramos hasta lo intolerable. 

Duele cuando se llevan a nuestros jóvenes a combatir a otras partes del mundo, sin papeles, pero con un arma en la mano y sin cuestionar la seguridad nacional. Duele cuando los vemos regresar cubiertos por la misma bandera que les ha negado las oportunidades.

Duele cuando sabemos que los del sur proveen gran parte del petróleo para que los del norte calienten sus hogares y puedan transportarse.

Duele cuando nuestros hijos no pueden continuar su educación, para prepararse quizás para que algún día puedan salvarles la vida a quien se negó a firmar un papel para que pudieran hacer realidad el sueño de una mente privilegiada.

Duele porque nosotros los del sur podemos cuidar sus hijos, limpiar sus edificios, cultivar la tierra y construir sus casas… aunque no existan documentos … siempre esperando que nos corten el fino hilo que nos ata a la esperanza.

Reconocemos las mismas penurias de todos los demás grupos raciales, étnicos y religiosos que han sido igualmente víctimas en el pasado y el presente, pero parece que nos toca a nosotros llevar la lucha contra la injusticia.

Tenemos que proteger la inmensa riqueza de nuestros pueblos, secuestrada por unos pocos y en continuo éxodo de nuestras tierras. Hay que luchar por una verdadera justicia que siempre ha sido saboteada por el imperio de turno.

Tenemos que deshacernos de la amargura de la desesperanza y librarnos de la cruz de la injusticia. No tenemos que esperar que los dioses decidan lo contrario.

Tenemos que armarnos de valor. Tenemos que mirar a nuestro sur porque nuestras soluciones están allí y tenemos que rescatarlas.

Tenemos que romper con los temores que nos inmovilizan. 

Estar callados, ser dóciles, creer en medias verdades es parte de nuestra antigua y nefasta historia.

No podemos tropezar una vez más con la misma piedra.

Entonces, quizás, de noche, podremos escuchar el lamento de nuestros ancestros cuando los ríos alborotados pasen por nuestras legendarias naciones y cuando cante el gallo escucharemos de esas mismas aguas alborotadas los cánticos de regocijo de un nuevo amanecer.

¿Y por qué no?

Después de todo vivimos bajo el mismo sol.

103.5 FM - La Voz Radio

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