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Meditaciones Post San Valentin, por Waldemar Gracia

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¡Ya pasó el día de San Valentín! ¡Gracia a Dios! Desafortunadamente, para muchos, parece que lo romántico y amoroso desaparece con San Valentín y con el matrimonio. Pero el día del amor no es solo un día. El amor trata de una vida. Amor que se cultiva, crece y se fortalece a través de los años. Y es en el matrimonio; donde Dios ha querido darnos esa experiencia. Puede que hayas pasado un bonito día de los enamorados; pero que te parece tener un bonito año lleno de amor y respeto.

¿Por qué escribir sobre tu pareja? Por que nuestra pareja es nuestro ser más próximo. Es, casi, nosotros mismos, ya que comparte nuestra vida diaria, nuestras metas, nuestros sueños, nuestros proyectos… y también nuestros fracasos, nuestras enfermedades, nuestros problemas y nuestras tristezas. Ser cónyuge, pues, no es nada fácil. Las líneas que siguen pueden ayudarte a que te conciencies del verdadero significado de ese estado civil que has elegido.

1.- AMA A TU CÓNYUGE. Entre todos los posibles candidatos, te eligió a ti. Y te eligió por amor. ¿Qué piensas que será lo primero que debes darle a cambio, sino amor? Pero ámalo con amor de verdad, deseando y buscando Su felicidad, no LA TUYA. Lo otro, aunque se le suele llamar amor, es puro egoísmo. y en el matrimonio todo debe ser recíproco.

2.- RESPETA A TU CÓNYUGE. Es un ser humano, como tú. Y, por tanto, sueña, se ilusiona, desea, hace planes y quiere ser feliz. Y tiene a ello el mismo derecho que tú. Y, además, discurre y es tan inteligente como tú o, quizá, más. El hecho, pues, de que haya decidido unir su vida a la tuya no es justificación para perderle el respeto. Al contrario.

3.- APRENDE DE TU CÓNYUGE. El matrimonio es una escuela de convivencia y, en muchos aspectos, tu cónyuge es tu maestro. Además, el punto de vista del otro sexo, necesariamente distinto del tuyo, es un magnífico medio para suavizar tu egocentrismo y hacerte más reflexivo, humilde y tolerante. Aprende tus lecciones, pues, y sé feliz.

4.- COMPARTE CON TU CÓNYUGE. Compártelo todo: Ideas, gustos, aficiones, amistades, bienes… Si lo haces así, cada día os sentiréis más identificados, más próximos, más uno sólo, que es a lo que debéis tender. Y, si tienes hijos, no discutas con tu cónyuge por causa de su alimentación, su crianza o su educación. Los hijos deben unir y nunca separar. Los dos tenéis el mismo interés en que reciban lo mejor y el mismo derecho a opinar. Y siempre es preferible hablar civilizadamente y, si no es posible, ceder y compartir, que discutir y producir, precisamente en los hijos, la sensación de que no estáis unidos o, lo que aún es peor, de que son ellos la causa de esa falta de unión.

5.- ALABA A TU CÓNYUGE. Tiene miles de cualidades maravillosas. Tú no eres tonto, y algo verías que te gustó. Sigue, pues, viéndolo, sigue profundizando y descubriendo cualidades dignas de admiración. Y alábaselas porque, al fin y al cabo, es humano y la alabanza hará que se esmere en ello y que se sienta feliz de que lo percibas.

6.- CONFÍA EN TU CÓNYUGE. Es lo menos que puedes hacer, ya que se te ha entregado de por vida. La confianza mutua es la base de la felicidad conyugal. Por tanto, no tengas secretos para tu cónyuge. Debes serle fiel porque a eso te comprometiste y porque tú también deseas su fidelidad. Pero no le debes, en ningún momento, coartar su libertad. ¿Qué mérito tendrá que te sea fiel si no tiene ocasión de serte infiel? El verdadero temple de las personas se ve cuando vencen las ocasiones, no cuando se les evitan. Destierra, pues, los celos, de tu cabeza. Te harán desgraciado y romperán para siempre tu matrimonio. Porque los celos suponen una falta total de confianza en uno mismo y en el otro, y el matrimonio se basa, precisamente, en la confianza mutua. Y recuerda una vez más que amar no es, ni mucho menos, poseer, sino todo lo contrario.

7.- DIALOGA CON TU CÓNYUGE. Puesto que habéis unido vuestras vidas, hablad, estudiad, proyectad y decididlo todo los dos juntos y de mutuo acuerdo. No es justo, ni tienes derecho a ello, que decidas tú por los dos. Vuestra vida debe ser, en todo momento, tarea de ambos por igual. Y eso sólo se logra dialogando.

8.- CONVIVE CON TU CÓNYUGE. Convivir no es sólo “vivir con”, sino compartir, ilusionarse, sorprender agradablemente, ser felices juntos. Y es estar juntos sin dejar de sentir, sino cultivando permanentemente aquella emoción, aquel cosquilleo interno que presidió vuestros primeros encuentros. Depende de vosotros y, por tanto, depende de ti, que vuestro matrimonio sea un noviazgo permanente o sea un maltrecho y ajado proyecto de vida en común. La convivencia te obliga también a compartir todas las tareas del hogar y de la crianza de los hijos. No te refugies, pues, en egoísmos más o menos acuñados por la costumbre, para dejar de cumplir con tu obligación.

9.- SÉ TÚ CON TU CÓNYUGE. No caigas en la tontería de representar un papel ante tu cónyuge. Te alejaría rápidamente de lo que vuestra vida debería ser. Debes ser tú, como tú eres, sin disimulos ni ficciones ni teatro, sin perjuicio de que cada día te esfuerces por mejorar. Sólo así te liberarás de tensiones y no necesitarás estar en guardia, a cambio de una ficción sin sentido.

10.- RESPETA LA FAMILIA DE TU CÓNYUGE. Su familia debe ser tu familia y como tal debes quererla y frecuentarla y alabarla. También tu familia tiene sus defectos y comete sus errores. Disculpa, pues, los de la suya. No te puedes imaginar cuántos matrimonios se han roto tontamente por no respetar uno de los cónyuges a la familia del otro.

Dado que el matrimonio es un proyecto común hecho con ilusión y con amor, estos diez mandamientos se pueden reducir a uno: AMA A TU CÓNYUGE COMO TÚ DESEARÍAS QUE TU CÓNYUGE TE AMASE A TI. Sólo así ese proyecto común pervivirá, dará sus frutos y os hará felices. ¡Feliz día de los Enamorados!

103.5 FM - La Voz Radio

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